jueves, 9 de octubre de 2014

CAPÍTULO 4
DE "PODER PARA LA VIDA ABUNDANTE"
Por Victor Paul Wierwille
CREER: FE Y MIEDO


Hay dos tipos de creencia: (1) positiva y (2) negativa. Nosotros o tenemos fe o tenemos miedo. Debemos reconocer que la creencia tiene dos lados: uno positivo y uno negativo.


Nosotros somos lo que somos hoy día por causa de nuestra creencia. Estaremos mañana donde nuestra creencia nos haya llevado. Nadie llega más allá de lo que cree y nadie puede creer más de lo que entiende. Nosotros creemos lo que creemos por lo que se nos ha enseñado. Pensamos de la forma en que pensamos por la forma en que se nos ha guiado.


Creer es una ley. Según uno cree recibe. En el lado negativo, temer es creer; temer es creer en reversa; produce malos resultados.


Básicamente hay una  sola  cosa que vence al creyente, y eso es miedo. El miedo es el único enemigo del creyente. El miedo es arena en la maquinaria de la vida. Cuando nosotros tenemos miedo, no podemos creerle a Dios y tener fe. El miedo ha arruinado más vidas cristianas que cualquier otra cosa en el mundo.


Si una  persona tiene miedo de no poder mantener su empleo, ¿sabe lo que pasará? Lo perderá. Si uno tiene miedo de una enfermedad, manifestará esa enfermedad porque la ley es lo que uno cree (en este caso lo que uno cree negativamente), eso va a recibir. La gente tiene miedo del futuro; ellos tienen miedo de la muerte. El miedo siempre encierra; el miedo siempre esclaviza; el miedo siempre ata. Esta ley de creer positivamente y negativamente da resultado para el cristiano y el no-cristiano. Cuando creemos, recibimos el resultado de nuestra creencia sin importar quiénes somos o qué somos.


La Palabra de Dios ilustra la creencia negativa en el Evangelio de Juan. Isaías había profetizado, siglos atrás, que al venir el verdadero Mesías habría un milagro que él haría que nunca había sido hecho anteriormente. Este milagro, el abrir los ojos de un hombre ciego de nacimiento, probaría que él era el Mesías de Dios. Este es el pasaje del milagro en Juan 9.
                                                                                                          
Juan 9: 1-8
Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?


Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para  que las  obras de Dios  se manifiesten en él.


Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.


Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.


Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los  ojos del ciego,
Y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó y regresó viendo.


Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?


Ni siquiera los vecinos estaban seguros de lo que sucedía.                                                                                                                                       
Juan 9: 13,18:


Llevaron ante los fariseos (los principales del templo y de las sinagogas entraron en el asunto) al que había sido ciego.


Pero los judíos (los fariseos) no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.


Primeramente los vecinos tomaron parte, luego los líderes religiosos, y luego fueron llamados los padres.


Juan 9: 19-23:
Y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues ve ahora?


Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
Pero cómo vea ahora, no lo sabemos;  o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él;  él hablará por sí mismo.


Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.
Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.


Póngase usted en esta situación. Si usted tuviera un hijo ciego de nacimiento y él fuera sanado de su ceguera, lo menos que usted podría hacer como padre agradecido es admitir: “Sí, Jesucristo lo sanó”. Pero estos padres no dijeron eso. ¿Por qué no pudieron ser ellos la clase de padres que uno hubiera esperado? Ellos fueron inhibidos de testificar como hubiera sido apropiado porque estaban llenos de miedo: “porque tenían miedo de los judíos”. El miedo los esclavizó, el miedo les impidió a estos padres ser la clase de padres que verdaderamente debían haber sido. Por esto dijeron los padres: “Edad tiene, preguntadle a él”. Estos judíos ya habían acordado que si cualquiera dijese que Jesús era el Cristo, esa persona sería expulsada de la sinagoga.


Este hecho no significa mucho para nosotros hoy en día porque si una persona es expulsada de una iglesia, la iglesia en la otra esquina estará contenta de recibirle. Pero no era así en el tiempo de Jesús. Cuando  un hombre era desterrado de la sinagoga, la gente no le hablaba; él no podía asistir a la sinagoga; él no podía comprar o vender mercancías. ¿Ven por qué los padres estaban esclavizados por el miedo de lo que les pasaría?


Estos padres no fueron los únicos en la Biblia que manifestaron miedo. En Juan 20:19 hay un pasaje de los discípulos.


Cuando llegó la noche de aquel mismo día (éste es el día de la aparición de Jesús resucitado), el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.


Los discípulos estaban reunidos a puertas cerradas por miedo de los judíos. El miedo siempre nos  pone detrás de puertas cerradas; siempre nos ata; siempre nos esclaviza.


Años atrás, yo conocí a un ministro cuya esposa había muerto dejándole a siete niños. Alrededor de un año más tarde, él se casó con otra mujer que tenía cinco hijos y ellos vivían juntos y felices. Como a una cuadra y media de ellos vivía una mujer que tenía sólo un hijo. La mujer con el hijo único estaba siempre frustrada, siempre nerviosa, siempre con miedo, mientras que este ministro y su mujer quienes tenían doce niños nunca parecían estar preocupados, o trastornados, o tener la menor ansiedad acerca de sus niños. Cuando el hijo de la señora empezó a asistir al jardín de infantes, la madre cruzaba la calle con él y caminaba hasta la siguiente cuadra donde estaba el jardín de infantes por miedo de que le atropellase un automóvil. Cuando el niño estaba en el primer grado ella hizo lo mismo, y en el segundo grado, y en el tercero. Una vez la madre del niño llamó al ministro y le dijo: “Yo no entiendo por qué estoy nerviosa y trastornada todo el tiempo. Yo sólo tengo un hijo de quien preocuparme; y usted tiene todos estos niños y parece que nunca le pasa nada. Ustedes viven sin preocuparse”. El ministro respondió: “Nosotros vivimos de esta manera. Mi esposa y yo reunimos a los niños alrededor de la mesa del desayuno; ése es el único momento en que tenemos a toda nuestra familia reunida. Cuando todos ellos están sentados, yo digo la oración. Yo oro así: Señor, aquí estamos todos juntos en el desayuno; ellos salen a la escuela y a otros lugares hoy día, de modo que los dejo a todos bajo tu protección y cuidado. Gracias. Amén”. El creía que Dios iba a responder a sus oraciones y los dejaba bajo la protección del Señor. Sus hijos florecían.


Cerca de un año más tarde, el hijo único de la señora venía a casa de la escuela más temprano de lo acostumbrado. La mamá no se había encontrado con él en la esquina. Cuando el niño empezó a cruzar la calle fue atropellado por un automóvil y murió. Yo fui a los funerales de ese niño, ¿y saben lo que predicó el ministro? “Dios tiene ahora otro pétalo de rosa en el cielo”. ¡Imagínese eso! Que Dios, quien creó los cielos y la tierra, quisiera matar a un pequeño porque Él necesitaba otro pétalo de rosa en el cielo. ¿Saben que mató a ese pequeño? El miedo en el corazón y en la vida de esa madre. Ella estaba tan desesperadamente temerosa de que algo le iba a pasar a ese hijito que al fin ella cosechó los resultados de su creencia.


Lo que uno teme, seguramente le sucederá. Es una ley. ¿Han oído ustedes alguna vez de aquella gente que fija el momento de su muerte? Cuando alguien dice: “Bueno, en el próximo año para esta época ya no estaré aquí”, si usted es un apostador, apueste su dinero; usted va a ganar. Si una persona se resuelve a que el próximo año para esta época va a estar muerta, Dios tendría que cambiar las leyes del universo para no complacer a esa persona.


Algunos años atrás un hombre vino a hablarme sobre su temor. Me dijo que de acuerdo a las estadísticas de las compañías de seguros de los Estados Unidos se supone que un agente viajero sufra un accidente automovilístico cada tantos miles de millas. Este hombre ya había viajado más de diez mil millas por encima del promedio de lo que viaja el vendedor normal, y su miedo de un accidente se estaba convirtiendo en una obsesión. Él perdía negocios día tras día y semana tras semana a causa de su miedo. Él vino a mí y yo le expliqué la ley de la creencia. El hombre cambió su creencia y no ha tenido un accidente hasta este día.
El mundo alrededor de nosotros instiga miedo en la gente. La psicología que prevalece en nuestra sociedad hoy en día es el miedo. Si usted no usa esta marca de pasta dentífrica, va a tener mayor número de caries dentales así que compra esta clase de pasta dentífrica. Si usted no hace esto, le sucederá aquello. Todo está basado en el miedo.


¿Ha recogido usted un  periódico alguna vez y notado cuán positivos son los artículos? El noventa por ciento de lo que uno lee en el periódico es negativo. Accidentes automovilísticos, asesinatos, suicidios-todo es negativo. ¿Por qué? Porque esto es lo que la gente ha estado viviendo. Nosotros hemos estado viviendo en cosas negativas por tanto tiempo que cuando alguien viene con una dieta positiva, pensamos que él tiene que estar loco.


Proverbios 29:25 dice: “El temor del hombre pondrá lazo…” Cada vez que un hombre teme él es enlazado, él es atado.                                                                                                                                                           
Isaías 8:12 No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.


Esta gente estaba esclavizada como nación porque tenían miedo de otra gente. Sin embargo la Palabra decía: “Ni temáis lo que ellos temen ni tengáis miedo”.


Hay muchos ejemplos como éste en la Palabra. Yo sólo estoy seleccionando unos pocos.


Jeremías 49:24:                                                                                                                     
Se desmayó Damasco, se volvió para huir, y le tomó temblor y angustia…


La razón por la que se desmayó y se volvió para huir es que tenía miedo.
Job 3:25:                                                                                                                                                   Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía.


Job recibió aquello que temía.


Salmos 34:4:
Busqué a Jehová y él me oyó, Y me libró de todos mis temores.


Mientras tuvo miedo estuvo encarcelado.


2 Timoteo 1:7                                                                                           
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio  propio.


Dios no nos dio espíritu de cobardía, luego la cobardía y el miedo tienen que venir de otra fuente. Si el miedo vino de otra fuente que no es Dios, entonces tiene que ser negativo. El miedo siempre es incorrecto.
Recuerden que en Juan 20 los discípulos, también conocidos como los doce apóstoles, estaban tras puertas cerradas en el día de la resurrección por miedo de los judíos. Pero observen a los mismos hombres cincuenta días más tarde.


Tengan en mente que, bajo circunstancias ordinarias, ningún adulto cambia drásticamente en cuarenta o cincuenta días. Pero Hechos 2 nos habla de seres humanos comunes y corrientes que en cincuenta días cambiaron de hombres llenos de miedo a hombres de gran denuedo y de gran convicción.     
                                                                                                   
Quiero enfocar: (1) la ley de la creencia en ambos lados negativo y positivo  y (2) la causa de su cambio.
Hechos 2:4 dice que todos estos hombres fueron llenos del espíritu santo y luego leemos el versículo 14.


Hechos 2:14:                                                                                                                      
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.


¿Dónde estaba Pedro cincuenta días antes? Según el Evangelio de Juan, él estaba tras puertas cerradas por miedo de los judíos. Pero ahora Pedro se puso en pie con los once y alzó su voz serena hacía ellos: “Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras”. ¿De dónde sacó Pedro ese denuedo? ¿Qué lo cambió de un hombre lleno de miedo a un hombre lleno de confianza?


Hechos 2:22,23:                                                                                                                          
Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios  hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis.


a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.


Cincuenta días antes Pedro seguramente no hubiera dicho esto. ¿Por qué no tiene miedo ahora?
Cuando yo asistía a seminarios y se me instruía en oratoria sagrada y otras artes del ministerio, se me dijo que cuando una persona predica un sermón nunca debe decir ustedes o vosotros, sino que siempre debe decir nosotros. Pedro debe haber ido al seminario equivocado porque cuando él predicaba en este pasaje dijo: “Vosotros lo habéis crucificado y vosotros lo habéis matado”.


Hechos 3 contiene la narración de los eventos sucedidos después del día de Pentecostés.


Hechos 3:12,14:                                                                                                                 
Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o  por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?


Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que os se os diese un homicida.


Eso es denuedo. Pedro ya no estaba lleno de miedo. Algo que tiene que haber cambiado a este hombre.
Pedro y Juan fueron llevados a la cárcel porque eran demasiado audaces.


Hechos  4:23-29:                                                                                                                                          
Y puestos en libertad, vinieron (regresaron) a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;
que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes,                                   
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno                                    
Contra el Señor, y contra su Cristo.
Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilatos, con los gentiles y el pueblo de Israel,
para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.
Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos…


¿”Concede a tus siervos” un día feriado, una vacación? No. Nosotros pensamos que debería decir esto porque, después de todo, si hemos estado allá afuera trabajando para el Señor, llevando a cabo el ministerio, siendo encarcelados, azotados y perseguidos, ciertamente que deberíamos tener unas vacaciones con paga. Cuando Pedro y Juan regresaron y se unieron a este grupo de oración, ellos dijeron:


…Señor, mira sus amenazas,  y concede a tus siervos que con todo denuedo (no con indecisión, no con desgano, no con miedo) hablen (¿lo que la gente quiere que hablemos? No.) tu palabra.


Ellos oraron por más denuedo. Mientras estuvieron llenos de miedo y detrás de puertas cerradas, no tenían nada que temer sino el miedo mismo, mas una vez que obtuvieron denuedo y  predicaron la Palabra de Dios, lograron hacer algo para el Señor. Hombres fueron sanados, liberados y salvos. Pedro y Juan, sin embargo, fueron arrojados a la cárcel; pero cuando salieron regresaron a su pequeño grupo de oración y creyeron por más denuedo, “Danos más denuedo, Señor, para que hablemos Tu Palabra”.


Hechos 4:30,31:                                                                                                                        
mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.


Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con (¿indecisión? No. Ellos hablaron con) denuedo la palabra de Dios.


¿Qué los hizo hablar con denuedo la Palabra de Dios? El versículo 31 dice que ellos “fueron llenos del Espíritu Santo”. En Hechos 2 en el día de Pentecostés los doce apóstoles recibieron la plenitud del espíritu Santo. El versículo 31 de Hechos 4 dice que todos ellos fueron llenos del espíritu santo “y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. ¿Qué cambió a esos hombres? Entre el pasaje de la resurrección y Hechos 2 no hay nada que pueda haberlos cambiado, excepto el nuevo nacimiento el cual es el poder del espíritu santo el cual vino en Pentecostés. Yo nunca he visto a una persona que se libere de su miedo sino hasta que llegue a nacer de nuevo del Espíritu de Dios, llena del poder del espíritu santo. Si usted quiere liberarse de su miedo, sus frustraciones, sus ansiedades, usted tiene que volver a nacer por el Espíritu de Dios, lleno de Su poder. Eso es lo que cambió a Pedro y al resto de los apóstoles y ése es el poder que cambiará su vida.


Pedro y Juan oraron. Y cuando  oraron, el lugar en que estaban congregados tembló. Todos fueron llenos del espíritu santo, y hablaron con denuedo la Palabra de Dios. Siempre me hace gracia cuando leo eso, pensando que si el poder de Dios se moviera así hoy en día en la mayoría de nuestras iglesias, tendríamos muchos funerales. La gente se moriría del susto si el lugar en que oran temblara. En Hechos 4 aquello por lo que oraron fue por denuedo para hablar la Palabra. Nada quita el miedo de un individuo sino el poder del espíritu santo en la Palabra Viviente dentro de él.


Eso es lo que quitó el miedo en mi vida. Yo solía tener miedo de mi propia sombra; tenía miedo de encontrarme con gente, especialmente con la gente en círculos académicos, en altos círculos políticos, en círculos religiosos de élite. Hoy en día no tengo miedo dentro de mí. ¿Por qué?  Yo creo que el poder proveniente del Espíritu Santo está dentro del mí dándome el denuedo, el entusiasmo, el dinamismo para pararme firme por la integridad y la grandeza de la Palabra de Dios.


El miedo infunde incredulidad. Por esto es que el miedo siempre derrota las promesas de Dios. Jesucristo hizo muchas señales,  milagros y maravillas en lugares como Galilea y Capernaum de Galilea;  pero en Nazaret, su propio pueblo, él no pudo hacer mucho.


Mateo13:58                                                                                                                                                 
Y no hizo (Jesús) allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.


¿No pudo  él hacer muchos milagros allí porque él había cambiado? No. Jesús  no había cambiado;  la gente había cambiado.


La incredulidad es creencia; es creencia negativa. En el lado negativo está la duda y en el lado positivo está la confianza. Confianza versus duda; seguridad versus temor; fe versus miedo. Duda, temor y miedo son creencia negativa. Confianza, seguridad y fe son creencia positiva. Estas leyes funcionan con precisión no solamente en la Palabra de Dios sino en nuestras propias vidas.


Noten cuidadosamente que en la Biblia se habla de dos clases específicas de creencia negativa en cuanto a poder espiritual: apistia y apeitheia.  Apistia se refiere a aquella gente que nunca ha oído, u oído suficientemente como para creer. Apeitheia se refiere a aquellos que han oído pero se rehúsan a creer lo que ellos han oído.


Apistia es la incredulidad de aquellos que nunca han oído o que no han oído con suficiente detalle como para creer. Por ejemplo, si yo no he oído suficiente Palabra de Dios para ser salvo, yo tengo incredulidad apistia. Observen Romanos 10.


Romanos 10:13-15:                                                                                                               
porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?


¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Cómo está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!


“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quién no han oído?” Esta gente era incrédula en el sentido de que nunca habían oído la Palabra de Dios para poder creer.


Mateo 13: 53-58:                                                                                                                           Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.
Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?
¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?
Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.


Él no pudo hacer mucho en Nazaret a causa de la incredulidad, apistia, de la gente.  A pesar de que Jesús trató de enseñar, la comunidad no quiso oír lo suficiente como para creer porque ellos pensaban que Jesús no podía saber nada puesto que él era un hijo ilegítimo, y por esto ellos no podían creer. ¿Saben ustedes lo que la gente de la comunidad de Jesús le dijo? “¿No es éste el hijo del carpintero? Él es ilegítimo porque todos saben que María estaba en cinta antes de que ella y José se juntasen en matrimonio”. Al contrario delo que ellos pensaron, sin embargo, Jesús no era el hijo del carpintero; él era el hijo de Dios por concepción divina, nacido de María pero concebido por el Espíritu Santo, según lo que dice la Palabra de Dios.


“¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?  ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?” El texto original da el énfasis como sigue: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María (Ustedes se acuerdan de ella), y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas (¡Sí que era indómito ese Judas!)?¿No están todas sus  hermanas con nosotros (Sí que eran  algo esas muchachas.)? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?” La comunidad decía que Jesús no podía tener tal poder porque ellos miraban a la familia y decían: “Nada bueno puede venir de este hombre. Nosotros conocemos su familia”. Por lo tanto, ellos no querían oír lo suficiente para creer. Ellos tenían incredulidad (apistia).


“Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad (apistia) de ellos”.


Lucas 2 contiene un versículo de Escritura que yo no pude entender por años.


Lucas 2:42:                                                                                                                                           
y cuando  tuvo doce años (Jesús), subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.


Yo sabía que de acuerdo a la ley judía, un niño se convertía en hombre, pasando por el Bar Mitzvah, a la edad de trece años. Pero Jesús fue llevado al templo a los doce años. Yo no podía entenderlo así que consideré que podía haber un error en el texto. Busqué en todo texto crítico griego que pude encontrar y revisé toda fuente de la que pude pensar; pero nunca encontré que Jesús tuviera trece años cuando fue a la sinagoga. Todos los textos concurrían en la edad de doce años. Finalmente me encontré con una antigua pieza de literatura la cual explicaba que de acuerdo con la antigua ley judía cuando un niño era concebido ilegítimamente, este niño era traído al templo a la edad de doce años en lugar de trece.


Esto explica por qué  Jesús no se podía comunicar  con la gente de su propio pueblo. Ellos pensaban que un niño concebido ilegítimamente ciertamente no podía tener gran conocimiento o hacer maravillas. Ellos eran ofendidos por él, no querían oír lo suficiente como para creer cuando él hablaba, y por lo tanto sufrían de incredulidad apistia.


En los textos críticos griegos la palabra usada para el segundo de los dos tipos de incredulidad es apeitheia. Apeitheia se refiere a aquellos que han oído pero aún se rehúsan a creer lo que han oído. Para ilustrar, si yo he oído suficiente de la Palabra de Dios de modo que puedo ser salvo pero rehúso creer esa Palabra de Dios entonces yo tengo apeitheia.


Notando Romanos 11:30, encontramos esta clase de incredulidad, no en un individuo, sino en referencia a Israel y a los gentiles como naciones.


Romanos 11:30:                                                                                                                          
Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes (apeitheia) a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia (apeitheia) de  ellos.


Los gentiles habían oído pero se rehusaron a creer, como dice en Romanos 1:21:                                 “Pues habiendo (los gentiles) conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios”.


Hebreos 4 vuelve a clarificar esta clase apeitheia de incredulidad.


Hebreos 4:6:                                                                                                                                             Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren  en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia (apeitheia).


Primero se les anunció a ellos. Ellos oyeron suficiente como para creer pero se rehusaron a creer.
El miedo, que culmina en incredulidad, se debe ya sea a enseñanza incorrecta o a ignorancia. La enseñanza incorrecta se puede corregir o superar con enseñanza correcta; mientras que la ignorancia se puede corregir o superar con instrucción.


Si una persona está llena de miedo porque es ignorante con respecto a un tema particular, puede superar esta ignorancia que causa miedo con enseñanza correcta o instrucción  correcta. Por ejemplo, un niño que tiene miedo de dormir en la oscuridad está lleno de temores y se despierta gritando en medio de la noche. ¿Por qué tiene miedo ese niño? Tal vez el niño fue atemorizado porque alguien le dijo que si no se portaba bien, lo pondría en el armario y el coco lo  agarraría. Ese niño está lleno de miedo porque se le enseñó mal.


Por otro lado, suponga que un adulto tiene miedo del coco en el armario. Eso es ignorancia. El ignora los hechos. Para un niño es una enseñanza equivocada; pero para un adulto, es ignorancia. Los temores, ya sea por ignorancia o por enseñanza incorrecta, siempre encierran y siempre esclavizan y siempre nos vencen porque cuando tenemos miedo en nuestras vidas, no podemos actuar positivamente sobre las promesas de la maravillosa e incomparable Palabra de Dios.


Mateo 10:16: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.


Dios quiere que seamos “prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.


Romanos nos dice que seamos sabios para el bien.  La Epístola de Santiago declara que Dios nos da sabiduría: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios”, el cual da sabiduría. Dios nunca quiso que Su iglesia ni Sus hijos fueran ignorantes; Él quería que Su Iglesia fuera sabia; Él quería que nosotros estuviésemos al tanto de lo que sucede.


¿Saben ustedes de dónde viene esta sabiduría? Viene de la Palabra de Dios. Salmos 119:105 dice que la Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino, y por lo tanto imparte sabiduría. Isaías nos dice que la Palabra de Dios imparte sabiduría en cuanto a la salvación de manera que ni siquiera el torpe tiene que extraviarse. El camino es tan sencillo y tan claro. 1 Juan 3:2 dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios…” Es la Palabra de Dios la que imparte sabiduría en cuanto a nuestra relación de hijos con Él. 2 Corintios 2 nos habla de las maquinaciones de Satanás las cuales no ignoramos. Nosotros no somos estúpidos y no deberíamos actuar neciamente.


El Evangelio de Juan dice que la Palabra de Dios imparte sabiduría en cuanto a la vida futura, el regreso de Cristo y el cielo. La Palabra de Dios nos da sabiduría en cuanto a toda materia necesaria para que el hombre tenga conocimiento completo de su redención y de su salvación. Esto nos da confianza para manifestar resultados positivos. Nosotros nunca necesitamos temer pues no somos ignorantes; nosotros tenemos conocimiento de la Palabra de Dios.


lunes, 29 de septiembre de 2014

65 - ACERCARSE A LA GENTE Y BRILLAR
Cuando el rey de Babilonia sitió a Jerusalén, pidió "muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey" Daniel 1.4 (Reina-Valera)

Así que Daniel tenía todas estas características, y junto con Ananías, Misael y Azarías, de la tribu de Judá, fueron elegidos para ser enseñados sobre la cultura de los caldeos.
El problema se presentó cuando les demandaron a los jóvenes hebreos comer y beber de acuerdo con las costumbres paganas. Pero hay algo que me llama la atención, en el versículo 8 leemos: "Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse".

Fíjate que en esta ocasión Daniel no oró para saber la voluntad de Dios ni para saber qué hacer. Él ya sabía lo que tenía que hacer, así que decidió.

Muchas veces simplemente tienes que decidir hacer o emprender algo que sabes que está de acuerdo con la Palabra de Dios, y Él apoyará esa decisión.

Y luego leemos:
"Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos". Daniel 1.9 (R-V)

El lugar en el que estamos, lo que los cristianos llamamos "el mundo", es decir, el trabajo, la universidad, nuestro hogar, amigos, etc, desafían nuestra fe. ¿Dónde seremos desafiados sino en nuestra vida cotidiana? Necesitamos la iglesia, que edifica nuestra fe, pero también necesitamos el mundo, que desafía nuestra fe.

El mundo nos desafía a ser diferentes, a tener otro estilo de vida, que sea luz en medio de la oscuridad.
Daniel y sus amigos no le pidieron a Dios que los separe de los demás y que los lleve lejos del palacio del rey para no contaminarse. Ellos decidieron ser diferentes y luego Dios acompañó esa decisión.

El desafío era servir a un rey que los tenía como esclavos.
Aun así decidieron brillar y demostrar que Su Dios era fiel.

Algunas preguntas para reflexionar: ¿Qué corrientes o ideas falsas tratan de apartarte de la fe en Dios actualmente? ¿De qué manera puedes estar más firme en tu vida cristiana?

¿Cuál es tu actitud cuando estás con gente que no conoce a Dios? En reuniones donde participa "gente del mundo",  ¿te sientas lejos o te acercas para brillar la luz que tienes dentro de ti?

¿Estás viviendo de tal manera que tu testimonio impacte a los inconversos?
Jesús te conoce. Y te conoce tan bien que sabía que ibas a preocuparte. Por eso Él habló de la preocupación que sentimos a diario. Hoy quiero recordarte lo que Jesús habló acerca de esto:
"No vivan preocupados pensando qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. ¿Acaso la vida consiste sólo en comer? ¿Acaso el cuerpo sólo sirve para que lo vistan?
Miren los pajaritos que vuelan por el aire. Ellos no siembran ni cosechan, ni guardan semillas en graneros. Sin embargo, Dios, el Padre que está en el cielo, les da todo lo que necesitan. ¿Acaso no son ustedes más importantes que ellos? ¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más?
Aprendan de las flores que están en el campo. Ellas no trabajan para hacerse sus vestidos. Sin embargo, les aseguro que ni el rey Salomón se vistió tan bien como ellas, aunque tuvo muchas riquezas.
Si Dios hace tan hermosas a las flores, que viven tan poco tiempo, ¿acaso no hará más por ustedes? ¡Veo que todavía no han aprendido a confiar en Dios! Ya no se preocupen preguntando qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner.
Sólo los que no conocen a Dios se preocupan por eso. Ustedes no se desesperen por esas cosas. Su Padre que está en el cielo sabe que las necesitan.
Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Todo lo demás, él se los dará a su tiempo. Así que no se preocupen por lo que pasará mañana. Ya tendrán tiempo para eso. Recuerden que ya tenemos bastante con los problemas de cada día. Mateo 6:25-34  (Biblia Traducción Actual)

Así que, pon tus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ti.    1 Pedro 5:7 (TLA)
No te preocupes por nada. Más bien, ora y pídele a Dios todo lo que necesitas, y se agradecido. Así Dios te dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo.   Filipenses 4:6,7 (TLA)
Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.    Filipenses 1:6 (NVI)
No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.     Gálatas 6:9 (NVI)

Todos ustedes, los que confían en Dios, ¡anímense y sean valientes! Salmos 31:24 (TLA)
LA VERDADERA VICTORIA VIENE DE PERDER TEMPORALMENTE
La mayoría de nosotros querríamos que como hijos del Dios Altísimo, todo aquel que nos ofenda, critique, etc., inmediatamente Dios haga algo en defensa de nosotros, es decir, que lo humille o castigue de acuerdo a lo que nos hayan hecho, para así sentirnos que Dios está con nosotros, pero, resulta que Jesucristo ya ganó la victoria, pero antes de ganar la victoria de salvación por la humanidad, tuvo que “perder” temporalmente, es decir, tuvo que confiar y estar dispuesto a realizar la voluntad de Dios, entregándose a la muerte.

En la Biblia encontramos por todas partes que para ganar debemos “perder” primero, por ejemplo,
Ro. 12:29 “No os venguéis por vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza , yo pagaré dice el Señor”,
Dice que la venganza le corresponde al Señor, cuando nos ofenden se nos manda a perdonar y si hay venganza será de parte del Señor.

Entonces de acuerdo a esto una persona que nos haga algún daño como no podemos vengarnos aparentemente nuestro adversario ganó o está ganando la batalla, cuando nos difaman como no nos vengamos aparentemente también vamos perdiendo, esto a muchos nos parece demasiado duro, porque queremos ver el castigo de nuestros enemigos, de los que nos fallaron, estafaron, abandonaron, difamaron, etc.
Por causa de esto muchos hoy están angustiados, amargados o simplemente se rindieron con Dios porque piensan que su causa está perdida, es posible que quieran obedecer y perdonar y no vengarse pero se preguntan, ¿Qué hacer mientras Dios me hace justicia, como aguantar este dolor, como encontrarme a esa persona y no hacerle nada?

Juan 14:16 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”, la respuesta para tu dolor, amargura, deseos de venganza, impaciencia, etc., es la llenura del Espíritu Santo, el cual es llamado el Consolador.
En todo dolor y debilidad que estés pasando hay un Consolador muchísimo mayor a cualquier ser humano, porque Él si conoce a la perfección como te sientes, entonces, podrías continuar preguntándote ¿por qué no siento esa consolación, sino sólo dolor?.

Una de las cosas por la cual cada vez que “perdemos” no se nos hace justicia y no somos consolados, es porque nosotros hacemos nuestra justicia inmediata, cambiamos la justicia de Dios por la nuestra, y devolvemos el insulto, el golpe, la injuria, o incluso le hacemos a la persona algo peor de lo que nos hicieron, y luego vamos ante Dios pidiendo justicia orando y acusando a la persona por hacernos daño, y esto hace que Dios no pueda enviar al Espíritu Santo a consolarnos y darnos paz y victoria, sino que ahora el Espíritu Santo trabajará en ti para convencerte de pecado para que puedas arrepentirte y restaurarte.
Stg.1:20 “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”, tu ira que lleva a pecado, venganza, etc., no obra la justicia de Dios y eso te guiará a una victoria pasajera, la amargura y el dolor jamás se irán, el problema se arraigará más.     Nuestra única opción es la justicia de Dios.
2 Corintios 1:3-6”….Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abundan también por el mismo Cristo nuestra Consolación…”.                   En la palabra dice que nunca las aflicciones por causa de Cristo (por obediencia a la palabra) quedarán sin consolación, a partir de hoy sea lo que sea nunca quedarás sin consolación.

Dios te quiere consolar, estás probablemente en este momento atado a tu debilidad de falta de perdón, ira, justicia propia, etc., pero hay consolación para ti, si el abrazo de una madre, esposo, amigos, no te han podido consolar, ríndete al Espíritu Santo, Él si te sanará, incluso a los que han padecido pérdida de seres queridos, Él es el consuelo a los enlutados.

Las victorias momentáneas son para el diablo y los que no conocen a Jesucristo el Vencedor, satanás aparentemente venció a Jesucristo por unas horas, pero después de un breve tiempo su “victoria” se cambió en derrota eterna.
Las victorias verdaderas y trascendentales vendrán producto de hacer las cosas a la manera de Dios, “tu reacción determina el triunfo o fracaso de tus enemigos”, nadie que confíe en cualquier situación en Dios será avergonzado.
Marcos 15:29-30 “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo y desciende de la cruz”.
El diablo a través de la gente le gritaba a Jesucristo que se bajara de la cruz y que se salvara, si lo hubiera hecho su victoria hubiera sido temporal.

 Cuando estés en situaciones difíciles quédate en la cruz, aunque la lógica del mundo diga que te defiendas y respondas el ataque con más fuerza, quédate en la cruz, obedece la Palabra, porque tu resurrección será con poder, el mundo necesita ver como Dios nos hace justicia, pero en la mayoría de los casos el mundo a visto nuestra derrota “constante”, porque no estamos dispuestos a permanecer en la cruz, es decir, a “perder temporalmente” para luego ganar con poder.
El mundo debe observar ejemplos como el del profeta Daniel y sus amigos, que perdieron la batalla por un momento, ya que fueron echados a un horno de fuego y a un foso de leones, pero que salieron victoriosos, porque confiaron en Dios, y todo un imperio se enteró que había un Dios justiciero y poderoso.
Ríndete ahora mismo a Dios, pídele perdón a Dios por hacer tu justicia, por bajarte de la cruz y vengarte, y proclama que tu justicia vendrá de Dios, que tu resurrección se aproxima, que tu lamento será cambiado en baile, y que de ahora en adelante la justicia de Dios se reflejará en ti, lo más terrible para nuestros enemigos es que cuando nos ataquen respondamos de acuerdo a la palabra de verdad.
Filipenses 3:7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
Fil 4:13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. PARA BRILLAR HACER ESTO:
He 12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
2Co 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Mirando…como en un espejo. Esto es, el espejo Oriental – el reflejo del metal pulido. Los demás verán en ellos el reflejo en la faz de la persona. Llegan a ser transformados, y Cristo –el espejo – a quien contemplan, se refleja sobre y en ellos, y así, sin esfuerzo alguno, se van volviendo más y más, conforme a Su imagen.  Jca.

martes, 9 de septiembre de 2014

QUE ESTÁ DISPONIBLE, CÓMO RECIBIRLO,    Por Victor Paul Wierwille
QUÉ HACER CON LO QUE SE RECIBE
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Para poder hacer conexión con los recursos del poder de Dios, uno debe conocer antes que nada qué está y qué no está disponible de parte de Dios. Hay algunas cosas que no están disponibles hoy en día; y si estas cosas no están disponibles, podemos orar hasta agotarnos y aún así no recibiremos respuestas a nuestras oraciones. Si queremos hacer conexión efectivamente con los recursos para la vida abundante tenemos que averiguar lo que está disponible para nosotros, lo que Dios nos ha prometido. Nosotros aplicamos constantemente este principio en el mundo secular. Tomemos por ejemplo este libro que usted lee. ¿Lo hubiera podido obtener usted si no hubiera estado disponible? Ciertamente que no. Espiritualmente ocurre lo  mismo. Tenemos que averiguar en la Palabra de Dios lo que está disponible.


Cómo un ejemplo de lo que está disponible, 3 Juan 2 nos dice lo que Dios desea para nosotros.


Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma.
La voluntad de Dios es que nosotros seamos prosperados. El nunca quiso que el cristiano fuese abatido por la pobreza y pisoteado en ningún aspecto de su vida. Él  quiso que el creyente cristiano prosperase. Más aun, la voluntad de Dios para todo creyente es que “tengas (buena) salud, así como prospera tu alma”. Dios nunca quiso que el creyente cristiano estuviese enfermo; la enfermedad nunca glorifica a Dios. El nunca quiso que el cristiano estuviese lleno de frustraciones y temores y ansiedades. Dios quiso que nosotros seamos prosperados y que tengamos salud. Puesto que la Palabra de Dios es la Voluntad de Dios, el ser prosperados y tener buena salud tiene que estar disponible.


Revisemos otros ejemplos de lo que está disponible.


Filipenses 4:19:   Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.


La Voluntad de Dios es suplir todo lo que nos falta, nuestras necesidades. No dice: “lo que es objeto de vuestra avaricia”. Si Dios va a suplir todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria, tiene que haber una provisión disponible para satisfacer nuestras necesidades. Si la provisión no está disponible, entonces Él no puede satisfacerlas.


Observe en 2 Corintios 9:8


Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.


¿Cómo vamos a tener todo lo suficiente en todas las cosas si esto no es accesible para nosotros?
Revise Romanos 8:37, otro pasaje maravilloso en la Palabra de Dios que nos muestra algunas de las cosas que deben de estar disponibles.


…en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.


Si nosotros vamos a ser más que vencedores en toda situación, esto tiene que ser posible. ¿Cómo podría ser yo más que vencedor si el poder no estuviese disponible?


Lea Efesios 3, comenzando con el versículo 16.


Para que (Dios) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior, por su Espíritu.


¿Cómo voy a ser fortalecido con poder en el hombre interior por Su Espíritu si no es posible?


Efesios 3:17-19:


Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,


y de conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.


“Para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. ¿Cómo voy a ser lleno de toda la plenitud de Dios si no está disponible?


¿Cómo voy a poder aplicar los principios de la Palabra de Dios y encontrar lo que Dios quiere que yo haga si no conozco  las promesas en Su Palabra?


Lo primero que tenemos que encontrar, en nuestra búsqueda para hacer conexión con los recursos para la vida abundante, es qué está disponible. Hay cientos de promesas distintas en la Palabra de Dios que nos capacitaran para prosperar y para estar en buena salud. Uno no puede utilizar, uno no puede operar, nada más que aquellas promesas que conoce. ¿Cuántas conoce usted?


Sólo hay un lugar posible donde podemos ir para averiguar lo que Dios tiene disponible para nosotros: tenemos que acudir a la Palabra de Dios.


Muchas veces las cosas que la gente ha dicho que Dios hace, Su Palabra dice justamente lo contrario; cosas que ellos dicen que Él no hace, Él declara en Su Palabra que Él sí las hace. En este libro, Poder para la vida abundante, asegurémonos en nuestra búsqueda bíblica de la vida abundante, de que primeramente averigüemos lo que está disponible de modo que nosotros, como el pueblo de Dios no seamos destruidos por falta de conocimiento. Cuando sabemos qué está disponible, entonces podemos aprender los otros principios que están involucrados en hacer nuestra vida más abundante de modo que podamos manifestar la grandeza del poder de Dios.
2
Cuando yo era un muchacho, mi madre me decía los sábados por la noche antes de que yo fuera al pueblo: “Pórtate bien”. Esta advertencia en realidad nunca me ayudó porque uno no puede hacer que un muchacho se porte bien diciéndole que se porte bien. Muy pocas veces la gente lee la Palabra de Dios porque se les dice que la tienen que leer. La gente nunca hace conexión con los recursos de la oración porque se les dice que deben orar. Yo no le digo a usted que usted debe leer la Biblia; yo le enseño a usted cómo leerla. Yo no le digo que usted debe orar; yo le digo cómo orar. Yo no le digo que usted tiene que creer; yo le enseño cómo creer.


Es importante que sepamos cómo. Desde pequeños se nos ha enseñado cómo recibir cosas materiales. Si no se nos hubiese enseñado cómo recibir un objeto material, este libro podría estar disponible, pero no sabríamos cómo hacer para tomarlo recibirlo. De igual modo es la Palabra de Dios. Las cosas espirituales pueden ser recibidas según los mismos principios mediante los cuales recibimos este libro en el plano natural o material. En este libro no sólo buscamos lo que está disponible de parte de Dios sino que también descubrimos cómo recibir aquello que está disponible.


Por muchos años yo me moví entre grupos en los que oía constantemente a gente que predicaba pecado, condenación, fuego infernal y otros temas negativos. Estos ministros, bien intencionados, no le decían a la gente cómo librarse del pecado, ellos sólo decían que el pecado era malo. Decirle a alguien que algo es malo no le ayuda a superarlo. Yo aprendí esa lección en una forma dura.


En el pueblo de mi segunda congregación vivía un hombre que era alcohólico. Por cerca de dos años muchos  de nosotros habíamos orado para que este hombre viniera a la iglesia de modo que pudiese oír el sermón que yo había preparado sobre los abusos del alcohol. Por fin, un domingo por la  mañana, cuando yo menos lo esperaba, él vino y se sentó en el último banco. Mientras yo caminaba hacia el púlpito, habiendo apenas notado su presencia, yo me decía: “Bueno, bueno…aquí está él esta mañana”.


Yo puse a un lado el sermón de esa mañana y fui a los archivos de mi mente y saqué el sermón que había preparado sobre el abuso y el pecado de beber en exceso. Prediqué con toda la fuerza que tenía. Al terminar me di palmadas en la espalda por haber predicado contra la bebida con tanto celo que pensé que Dios tendría que mover a alguien en el plano espiritual y darme a mí un lugar especial en el cielo.


Caminé desde el púlpito al vestíbulo de la iglesia donde el ministro le da la mano a la gente a medida que ellos salen del santuario. Cuando este pobre alcohólico pasó por la línea de dar la mano, él tenía lágrimas en sus ojos. Me dio débilmente la mano y dijo: “Yo vine a la iglesia esta mañana para averiguar cómo salir de aquello en que estoy, pero todo lo que usted hizo fue hundirme más profundo”. Él exclamo: “Si quiere saber sobre alcoholismo, le puedo decir más de lo que usted jamás podrá saber”. Aquella respuesta me partió el alma. Yo pensaba que había predicado un sermón tremendo. Pero este hombre salió diciendo que había venido confiando en que tal vez yo le diría cómo salir del dilema en que estaba; en vez de esto, simplemente le había dicho menos de lo que él ya conocía.


Dejé de dar la mano y regresé a mi oficina donde me arrodillé a orar junto a mi silla en la oficina. Yo casi nunca me arrodillo cuando oro, pero de alguna forma esa mañana caí de rodillas junto a mi silla y le pedí a Dios que me perdonase. Yo le prometí al Padre que si Él me perdonaba, nunca predicaría un sermón negativo mientras viviera, nunca condenaría a nadie.  ¿Por qué?  Yo le quiero enseñar a la gente cómo hacer conexión con los recursos para una vida abundante, no con una vida menos abundante.


No puedo remediar lo que la gente ha sido en el pasado; todo lo que puedo hacer es enseñar que lo que ellos fueron en el pasado puede ser perdonado y olvidado y que pueden seguir adelante con la grandeza del poder de Dios. Por esto es que nosotros no sólo debemos conocer lo que está disponible si es que vamos a vivir la vida abundante, sino que también debemos saber cómo recibir las cosas espirituales de Dios. Después de haber recibido de Dios, en tercer lugar, debemos saber qué hacer con estas cosas espirituales.
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Primero: qué está disponible, segundo: cómo recibir; y tercero: qué hacer con ello después de haber recibido. Por ejemplo, aquí está este libro. Está disponible y yo sé cómo recibirlo; pero a menos que sepa que hacer con él después de haberlo recibido, no lo puedo utilizar para el propósito para el que fue diseñado. Yo sabía que el libro estaba disponible; sabía cómo recibirlo; pero si luego lo usara cómo una azada de jardín, no me serviría muy bien ¿verdad? El libro no está diseñado para eso. Este libro fue diseñado para lectura. En el plano espiritual nosotros debemos saber qué hacer después de haber recibido lo que está disponible. Hay gente que sabe qué está disponible, y que sabe cómo recibir algo; pero cuando llega el momento de saber qué hacer con ello después de tenerlo, están totalmente desorientados, y especialmente en el  tema del  Espíritu Santo. Para encontrar el uso debido debemos, otra vez, ir a la Palabra de Dios.


Yo creo que la Palabra de Dios es la Voluntad de Dios, y que si vamos a conocer la voluntad de Dios, tenemos que volver a la Palabra de Dios. Uno no puede escuchar al hombre en la calle, él dice: “bueno, esta es la Voluntad de Dios” pero él puede estar en lo cierto o puede estar equivocado. Usted y yo podemos tener precisión y estar seguros solamente si acudimos a la Palabra de Dios. Nadie puede conocer la voluntad de Dios sin conocer la Palabra de Dios. La Biblia es la palabra revelada de Dios. Esta Palabra de Dios quiere decir lo que dice y dice lo que quiere decir, y Dios tiene un propósito para todo lo que Él dice, dónde lo dice, por qué lo dice, cómo lo dice, cuándo lo dice, y a quién lo dice.


Si vamos a hacer conexión con los recursos para la vida más abundante, no solamente debemos saber qué está disponible, cómo recibirlo y qué hacer con ello, sino que también debemos poner nuestras necesidades  y nuestros deseos paralelos. Si nuestras necesidades son livianas y nuestros deseos pesados, no estamos balanceados. Si nuestros deseos son livianos y nuestras necesidades pesadas, nunca obtendremos una respuesta. Cuando creemos, nosotros obtenemos resultados en oración si nuestras necesidades y deseos son iguales.


Miren en Mateo 18:19


…si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está  en los cielos.


En el texto griego las palabras “se pusieren de acuerdo” es “sinfonizar”. Si las dos personas se ponen de acuerdo, ellas están en armonía, ellos tienen sus necesidades y deseos paralelos porque “les será hecho”.
Juan 14:13 es otra tremenda verdad:


Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Todo lo que pedimos en nombre de Jesús, teniendo nuestras necesidades y deseos paralelos, él lo va a hacer.


En Juan 15:16 hay otra promesa maravillosa.


No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.


Si nosotros sabemos qué está disponible, cómo recibirlo, qué hacer con ello, y tenemos nuestras necesidades y deseos paralelos, entonces todo lo que pidiéremos será hecho para nosotros.


Hay otra promesa en  I de Juan 5:14:


Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
Si nosotros tenemos nuestras necesidades y deseos paralelos, podemos pedir cualquier cosa conforme a Su Voluntad. ¿Cómo podemos conocer Su voluntad sin conocer Su Palabra? Su Palabra es Su Voluntad.


Otra gran verdad es que la capacidad de Dios siempre es igual a Su buena voluntad. Mucha gente dice que Dios está dispuesto a hacer algo, pero no puede; otros dicen que Él puede, pero no lo quiere hacer. Esto puede ser verdad en el hombre, pero no en Dios. Un hombre puede tener la capacidad y no tener la buena voluntad, o tener la buena voluntad pero no la capacidad. Por ejemplo, digamos que estoy parado a un lado de la carretera con una llanta baja y necesito un gato mecánico; usted viene por la carretera, se detiene y dice: “Hola, ¿en qué puedo ayudarle?” Y yo digo: “Bueno, necesito un gato”. Pero usted tampoco tiene un gato. Usted está dispuesto a ayudarme, pero no tiene la capacidad. Por otro lado, digamos que usted viene por la carretera y sí tiene un gato pero no quiere permitirme que lo use; entonces usted tiene la capacidad, pero no tiene la buena voluntad. Esto nunca es cierto con Dios. La capacidad de Dios siempre es igual a su buena voluntad; ellas siempre están en armonía. Los que Dios puede hacer, Él está deseoso de hacer y lo que Él desea hacer, Él lo puede hacer.


Miremos en Romanos 4:20,21:


Tampoco dudó, por incredulidad de la promesa de Dios…


Plenamente convencido de que era (Dios) también poderoso para hacer todo lo que había prometido.
La capacidad de Dios siempre es igual a Su buena voluntad.


Números 23:19 contiene una frase que yo quiero señalar. “Dios no es hombre para que mienta…” Las promesas de Dios siempre son verdaderas y dignas de confianza.


En Romanos 11:29 nosotros leemos de lo permanente que son los dones de Dios.


Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.


Cuando Dios da algo, estos dones y  llamamientos siempre son irrevocables. Dios no los retira ni los quita. Lo que sea que Dios haya prometido, eso Él lo cumplirá, eso será respetado por Dios cuando hombres y mujeres crean en la maravillosa e incomparable Palabra de Dios.


Yo quiero dar un ejemplo más para ilustrar que la capacidad de Dios es igual a Su buena voluntad.


Hebreos 11:11:
Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.


Sara dio a luz a este hijo debido a las promesas que Dios había hecho muchos años antes “porque creyó que era fiel quién lo había prometido”. ¿Quién lo había prometido? Dios. Lo que Dios prometió Él lo cumplió cuando Sara creyó. Así también, lo que Dios promete en Su Palabra, Él lo honrará cuando nosotros creamos.


Si vamos a hacer conexión con los recursos para la vida abundante, tenemos que ir a la Palabra para averiguar que está disponible, cómo recibirlo y qué hacer con ello después de que lo tenemos. Vamos a mantener nuestras necesidades y nuestros deseos en balance, reconociendo que Dios no es sólo capaz sino que también es deseoso de cumplir cada promesa presentada en Su Palabra.