lunes, 13 de octubre de 2014

NO SOLO DE PAN VIVIRÁ EL HOMBRE
Por Victor Paul Wierwille
Capítulo 7 de
"Poder para la vida abundante"

El problema espiritual básico del hombre es no creer en la integridad de la Palabra de Dios, simplemente no creer lo que Dios dice. Muy poca gente cree que la Palabra de Dios es exacta, que quiere decir lo que dice y que dice lo que quiere decir. De este modo el hombre está en un constante dilema en su búsqueda de la verdad; él no tiene ninguna piedra de toque, ningún criterio para la verdad porque no quiere ir a la Palabra y estudiar su integridad y su precisión.

En Mateo 4:4, la Palabra de Dios declara:

…Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Noten las palabras “de la boca de Dios”. A Dios se le ha atribuido una característica humana, pero Dios no tiene boca. De nuevo, es la figura literaria condescensio, la marca de énfasis del Espíritu Santo.

El hombre no se puede sustentar solamente bajo una dieta de alimento físico; necesita que su alimento sea complementado con toda palabra que viene de Dios. El hombre no puede vivir de palabras que vienen de hombres, de distintos escritores, de distintos teólogos o de distintos grupos eclesiásticos, sino de palabras que vienen de Dios.

El hombre sí necesita alimentos físicos para el mantenimiento de su cuerpo físico. Pero un hombre tiene algo más que cuidar además de su cuerpo físico. El alma de un hombre también necesita nutrimento. El alma del hombre no puede ser sustentada con puré de papas, salsa y filete de carne. Mateo 4:4 declara que no sólo de pan vivirá el hombre “sino de toda palabra”…No sólo necesita una palabra aquí y una palabra allá; no un versículo aquí y otro versículo allá; “sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. La Palabra de Dios es ese alimento que requiere el hombre de modo que pueda renovar su mente y así manifestar la vida más abundante.

La debilidad espiritual y la incapacidad espiritual sólo se pueden deber a una dieta impropia, eso es: el abandono de la Palabra de Dios. En su mayor parte, la anemia espiritual causada por el abandono de la Palabra de Dios puede ser atribuida hoy en día al hecho de que no se entiende la Biblia cuando es leída. La Biblia no se entiende porque nunca se nos ha enseñado cómo entenderla. ¿Quién nos ha enseñado las figuras literarias? ¿Quién nos ha enseñado lo que es revelación? ¿Quién nos ha mostrado la precisión de la Palabra? Por eso es que tenemos anécdotas sobre la Biblia cubierta de polvo. En realidad uno no puede culpar a la gente por esto. La culpa debería recaer sobre aquellos de nosotros que hemos sido predicadores y maestros porque no hemos comunicado la Palabra al hombre de hoy.

¿Pero qué me dice de las personas cuyas Biblias no están cubiertas de polvo y abandonadas, y sin embargo son aún débiles espiritualmente? Su dolencia espiritual tiene que ser causada por el uso equivocado de la Palabra de Dios. El uso impropio significa que no se está dividiendo correctamente la Palabra de Dios. A algunos de nosotros se nos ha instruido que leamos la Biblia por lo menos una vez al día; pero cuando hemos terminado de leer nuestra Escritura diaria, ¿qué es lo que sabemos? No hemos aprendido nada porque no la hemos entendido. ¿Qué pasa cuando la gente deja de entender la Palabra? Sucumben ante todas las doctrinas y teorías del hombre. Esta gente, espiritualmente hambrienta, es llevada de un lado a otro con cada filósofo nuevo o idea nueva. Las sombras fugaces de unos cuantos grandes nombres, antes que la Palabra de Dios, mantienen a la gente embelesada. Demasiada gente cree lo que ha recibido del hombre y entonces tratan de corroborar sus creencias yendo a la Biblia y seleccionando Escrituras que justifiquen sus ideas.

Una mujer me escribió una vez con respecto a una de nuestras radiodifusiones. Puesto que mi prédica estaba de acuerdo con lo que ella pensaba, le había gustado. Supongamos que la enseñanza hubiese sido la Palabra y que no hubiera estado de acuerdo con lo que ella pensaba. ¿Hubieran sus creencias cambiado la Palabra de Dios? Ya sea que creamos o no, de todas maneras sigue siendo la Palabra de Dios.

Hace algunos años yo estaba enseñando una clase en un estado del sur. Después de la segunda sesión vino a mí un hombre y dijo: “Yo pienso que ésta es la enseñanza bíblica más lógica que yo haya oído, pero”, él dijo, “es desconcertante para mí porque yo siempre he mantenido otras opiniones y no quiero cambiar mi modo de pensar. Usted me está confundiendo”. Este caballero no terminó la clase porque ya tenía cerrada su mente. Eses era su privilegio, pero la Palabra de Dios aún es Verdad ya sea que la creamos o no.

Cuando se combina dos partes de hidrógeno y una parte de oxígeno se obtiene agua. A mí no me importa si usted ora o no ora, si usted es cristiano o no es cristiano, si usted cree o no cree; no hace diferencia alguna porque la ley es que dos partes de hidrógeno y una parte de oxígeno es agua. La Palabra de Dios es tan infalible como eso. Por esto es que nosotros deberíamos honestamente llegar al punto en que permitamos que la Palabra de Dios tome preeminencia en nuestras vidas sin importar qué ideas, sin importar qué teorías, sin importar qué opiniones podamos haber sostenido. Tenemos que venir a la Palabra, dejar que la Palabra hable, y entonces ajustar nuestro pensamiento de acuerdo a la integridad y a la exactitud de la Palabra. Después de haber dejado que la Palabra hable, debemos armonizar consecuentemente nuestras creencias, nuestras acciones y nuestro vivir.

2 Pedro 1:3 dice de la Palabra:

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder (el de Dios), mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.

Dios por Su divino poder, nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Si queremos las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, tenemos que ir a la Palabra de Dios. Si uno juega fútbol, tiene que seguir las reglas del juego de fútbol. Luego, lógicamente, si nosotros queremos conocer la voluntad de Dios, ¿adónde vamos? ¿Al comentario, a los teólogos, a la enciclopedia o al sermón del domingo pasado? No. Nosotros vamos a la Palabra de Dios.

I Tesalonicenses 2:13:
Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

Ellos recibieron la Palabra de Dios, la cual oyeron de Pablo. La gente podría haber dicho: “Ese es sólo Pablo hablando”, pero no lo hicieron. Pablo dice a los Tesalonicenses: “recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros…no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la Palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

La Palabra declara de sí misma en Salmos 12:6:

Las palabras de Jehová son palabras limpias,
Como plata refinada en horno de tierra,
Purificada siete veces.

Si la Biblia tiene las palabras de Jehová entonces estas palabras tienen que ser impolutas y absolutamente puras. Ellas son “…Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces”.

Salmos 119:162:
Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.

¿Se regocija usted en la Palabra como el que halla muchos despojos? ¿Se regocijaría usted tanto en la Palabra como lo haría si se encontrase mil dólares?

I Corintios contiene otro testimonio de la Palabra de Dios con respecto a la integridad de la Palabra de Dios.

I Corintios 2:13:
Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las (palabras) que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo  espiritual.

Si éstas son palabras que el Espíritu enseña, entonces deberíamos lavar nuestros oídos, quitar las telarañas de nuestra mente, y comenzar a estudiar la Palabra para conocer su exactitud inherente.

Jeremías 15:16:
Fueron halladas tus palabras, y yo  las comí; y tu palabra (la Palabra, no lo que la gente decía sobre ella, no lo que algún teólogo escribió sobre ella) me fue por gozo y por alegría de mi corazón…

Esto no quiere decir que encontraron la Biblia o la Palabra y la masticaron o la comieron físicamente. Cuando la Palabra fue hallada, la digirieron; vivieron de ella; ella era su vida, el latido de su corazón.

La Palabra es casi increíble porque es tan verdadera. A demasiados ministros les gusta hablar alrededor de la Palabra, tomando un versículo, leyendo ese versículo como texto para el día, dando ilustraciones de Cervantes y de Selecciones, regresando a leer el versículo, dando la bendición y yéndose a casa. ¿Cuánto de la Palabra ha aprendido entonces la congregación? ¡Nada! Cuando la gente comió la Palabra según se encuentra en Jeremías, comieron la Palabra pura. Nosotros tenemos que predicar la Palabra pura.

Toda la Creación de Dios es maravillosa; pero de todas las obras de Dios, la más grande de Sus obras es Su Palabra.

Salmos 138:2:
…Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.


Dios ha engrandecido Su Palabra como Su Nombre sobre todas las cosas. No dice eso de las estrellas o de los planetas. Engrandeció Su Palabra sobre todas las cosas. La magnificó. La exaltó. La Palabra de Dios es tanto Dios como Dios es Dios. Lo que Dios dijo que fuese, fue; lo que Dios dijo que es, es; lo que Dios diga que sea, será. ¿Ve usted por qué tenemos que volver a la integridad y precisión de la maravillosa Palabra de Dios? No podemos confiar en la palabra del hombre porque el hombre es llevado por doquiera, estando aquí hoy y muy lejos mañana; pero la Palabra de Dios “vive y permanece para siempre”. Esa Palabra perdura.
QUE EL HOMBRE DE DIOS SEA PERFECTO
CAPÍTULO 6
DE "PODER PARA LA VIDA ABUNDANTE"
Por Víctor Paul Wierwille

Después de establecer cómo llegó a existir la Palabra de Dios, el siguiente paso en nuestro proceso de construcción es encontrar cuál es la función de Su Palabra. Observemos otra vez  2 Timoteo 3:16:


Toda la Escritura es inspirada por Dios (respirada de Dios), y útil para enseñar, para redargüir (reprender demostrando el error), para corregir, para (lo cual es) instruir en justicia.


Toda la Escritura desde Génesis hasta Apocalipsis es útil. ¿Para qué es útil? Es “…útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Toda la Escritura es útil en tres áreas: (1) enseñar, lo cual es cómo creer correctamente; (2) redargüir, lo cual es reprender en los lugares donde no estamos creyendo correctamente, demostrando el error; y (3) corregir, lo cual es ponernos de vuelta en la creencia correcta. Toda la Palabra de Dios hará precisamente eso. Nos enseñará cómo creer correctamente, nos redargüirá en los lugares donde estemos creyendo equivocadamente, y nos corregirá de modo que podamos de nuevo creer correctamente. Estos tres son todos “instruir en justicia”.
Muchas veces viene un crítico de la Biblia y dice: “Bueno, la Biblia no es verdad. Yo pienso que hay demasiadas contradicciones; la Biblia realmente es sólo otro libro entre tantos”. Este no es el testimonio de la Palabra de Dios. El testimonio de la Palabra de Dios es que toda la Escritura es respirada de Dios y es útil para enseñar, lo cual es cómo creer correctamente, cómo creer positivamente. Si nosotros vamos a hacer conexión con los recursos para la vida en abundancia, tenemos que saber cómo creer correctamente. A aquella gente que dice que la Biblia tiene muchos errores en ella, me gustaría decirles que la verdadera Palabra de Dios es precisa desde Génesis hasta Apocalipsis. Los errores se han introducido porque el hombre ha propagado esos errores. Los hombres han introducido sus opiniones y deseos en la Palabra. Cuando los hombres vienen y dicen que ellos no creen en la Biblia, debemos recordar que la Biblia nunca fue escrita para el incrédulo, para el agnóstico o para el infiel; la Biblia no fue escrita para los rechazadores de Dios y los negadores de Dios. La Biblia fue escrita para hombres y mujeres que quieren encontrar respuestas. La Palabra de Dios es dada a los hombres y mujeres que quieren hacer conexión para la vida más abundante. Por esto es que el crítico que viene de afuera de la Palabra de Dios no tiene tierra firme en que pararse para juzgar a la Palabra porque la Palabra ya lo ha juzgado a él.


La Biblia fue escrita de modo que usted como creyente no tenga que ser llevado por doquiera de todo viento de doctrina, o teoría, o ideología. Esta Palabra de Dios no cambia. Los hombres cambian; las ideologías cambian, las opiniones cambian; pero esta Palabra de Dios vive y permanece para siempre. Ella permanece, ella se mantiene firme. Veamos esto en Juan 5:39: “Escudriñad las Escrituras…” No dice: escudriñad Shakespeare, o Kant, o Platón, o Aristóteles, o los escritos de V. P. Wierwille, o los escritos de una denominación. No, lo que dice es: “Escudriñad las Escrituras…”porque toda la Escritura es respirada de Dios. No todo lo que Wierwille escriba será necesariamente respirado de Dios; no lo que Calvino dijo, ni Lutero, ni Wesley, ni Graham, ni Roberts; sino las Escrituras -ellas son respiradas de Dios.


Juan 5:39:
Escudriñad las Escrituras, porque…en ellas tenéis la vida eterna; y ellas (la Escrituras) son las que dan testimonio de mí.

Las Escrituras nos dicen la verdad sobre el Señor Jesucristo, y sobre Dios; esto es doctrina -es creencia correcta.

Juan 17:8:
Porque la Palabra que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Jesús les dio las palabras que Dios le había dado a él, las Escrituras, la Palabra de Dios. Juan 17:14 dice: “Yo les he dado tu palabra…” Sin la Palabra de Dios, la cual es creencia correcta, usted y yo nunca podríamos caminar en la grandeza del poder de Dios.

Juan 17:17:
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

La Palabra es verdad. Este es el testimonio que la Palabra da de sí misma. Tarde o temprano tenemos que venir al testimonio de la Palabra misma y dejarla que hable. Nunca bajamos la Palabra de Dios a nuestro nivel; siempre nos levantamos al nivel de la Palabra de Dios. Nunca venga a la Palabra de Dios con su escepticismo, su duda, su opinión. Usted viene a la Palabra de Dios y deja que hable por sí misma y entonces usted re-evalúa y readapta su vida a la integridad y la precisión dela Palabra de Dios.

¿Qué más hace la Escritura además de enseñar? También es útil para redargüir. La Escritura nos redarguye cuando no estamos creyendo correctamente. La Palabra nos dice donde estamos errados; nos amonesta nuestra creencia equivocada. Ningún hombre tiene derecho a redargüir a cualquier otro hombre. La Palabra de Dios es la que tiene que redargüir, porque lo que yo  pueda permitir en mi vida, puede que algún otro no lo permita en su vida.

Romanos 14:22:
¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el hombre que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.

Yo he experimentado la censura de la gente cuando a ellos no les gustaban las corbatas que yo usaba, para citar un ejemplo. Me movía entonces entre círculos que enseñaban que si usted ofendía a alguien con sus acciones, tenía que dejar de hacerlas. De modo que me deshice de la corbata vieja sólo para darme cuenta que la nueva corbata ofendía a alguien más. Traté toda forma posible de agradar a la gente porque la gente me reprobaba por usar esto o por usar aquello. He llegado al punto en mi vida en que sólo me interesa lo que Dios piensa y no lo que piensa la gente. Tomo mi reprensión no de lo que dice la gente, sino de lo que dice la Palabra. Estas Escrituras son respiradas de Dios y estas Escrituras son útiles para creer correctamente. Donde nosotros estamos creyendo y actuando equivocadamente, la Palabra nos redarguye.

Después de enseñar y redargüir, ¿cuál es la tercera cosa que hace la Escritura? No sólo nos enseña creencia correcta y nos redarguye cuando no estamos creyendo correctamente, sino que nos corrige. La Palabra de Dios es útil para corregirnos, para traernos de vuelta a creer correctamente una vez más. Los padres de familia deberían de utilizar esta técnica para educar a sus hijos. La mayoría de nosotros como padres decimos: “no hagas eso”. Muy pocas veces añadimos la corrección y les decimos lo que deben de hacer. Pero eso es exactamente lo que hace la Palabra. Nos dice dónde estamos creyendo equivocadamente; pero entonces da la corrección y nos dice cómo podemos volver a creer correctamente.

Hay muchos ejemplos de corrección en la Biblia. Tomemos a David, por ejemplo. David estaba fuera de orden. Él encontró a la hermosa Betsabé  y luego hizo matar a su esposo en el frente de batalla de modo que él, David, pudiera tener a Betsabé por esposa. Pocas personas sabían de la secuencia de eventos que llevaron al matrimonio de David, pero nadie tenía derecho a decir cosas alguna porque David era rey y toda mujer en el reino era técnicamente la propiedad del rey o pertenecía al rey. Sin embargo, sucedió que había un pequeño profeta cuyo nombre era Natán con quien Dios tuvo una conversación. Una vez Dios le dijo a Natán: “Natán, anda y dile a David que ha pecado”. Y Natán dijo: “Oh, Señor, que no sea yo. Yo no quiero ir donde David porque el viejo David es diestro en cortar cabezas”. Pero el Señor insistió: “Anda y dile de un hombre que tenía muchas ovejas y su vecino sólo tenía una ovejita y esa ovejita era tan preciosa para él que la llevaba a la mesa con él y la llevaba a la cama con él; la criaba en su seno. Cuéntale esa historia. Cuéntale cómo el hombre rico tuvo una vez una visita. Y en vez de tomar una de sus propias ovejas para alimentar a su visitante, el hombre rico fue donde su vecino y tomó a su única oveja y la mató”.

Entonces Natán fue a ver a David y dijo: “Rey David, algo terrible ha pasado en este reino. Un hombre rico tenía una visita y, ¿sabe lo que hizo este hombre? Fue donde su vecino y tomó es única ovejita que era tan preciosa, lo único que tenía el pobre vecino, y la trajo a su casa y la mató”. Natán le contó a David la historia completa. David se puso muy furioso y le dijo a Natán: “Dime quién es el hombre. Dame su nombre y le haré cortar la cabeza”. Natán miró a David a los ojos y le dijo: “Tú eres el hombre”.

¿Cómo le hubiera gustado a usted ser Natán? Si Natán hubiera ido allá con cualquier otra historia, ¿sabe lo que le hubiera sucedido? David lo hubiera hecho decapitar. Pero Dios le dijo a Natán qué decir de modo que David se atrapara a sí mismo. En el momento en que David dijo: “Dime quién es”, Natán dijo: “Tú eres el hombre”. En ese momento David reconoció la verdad de que lo que Natán le traía de parte de Dios y David dijo: “Bueno, lo siento”. Él se volvió a Dios y le pidió que lo perdonase. Entonces dice en la Palabra de Dios que David fue un hombre según el corazón de Dios. Él no era un hombre según el corazón de Dios mientras estaba haciendo payasadas con Betsabé y haciendo matar a Urías; no, pero cuando volvió a estar en alineamiento, David fue un hombre según el corazón de Dios. Cuando usamos correctamente la Palabra y caminamos en su poder, entonces somos hombres y mujeres según el corazón de Dios.

Así que toda la Escritura es respirada de Dios, y útil para enseñar-creencia correcta, para redargüir-reprobarnos cuando estamos creyendo equivocadamente, y para corregirnos-volvernos a poner en línea con Dios. Esto es instrucción en justicia. ¿No es ése un versículo tremendo cuando lo examinamos de cerca para ver la grandeza de la Palabra de Dios?

Después de exponer en un versículo conciso la función dela Escritura respirada de Dios-enseñar, redargüir y corregir lo cual es instruir en justicia -Dios sigue con la próxima línea en 2 Timoteo 3 dando el propósito de la Palabra respirada de Dios.

2 Timoteo 3:17:
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

El propósito, como lo dice, es “que el hombre de Dios…” Veamos quién es un hombre de Dios. La palabra “hombre” en este uso significa “uno que es portavoz por Dios, uno que habla por Dios”.

Deuteronomio 33:1:
Esta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriese.

Moisés era este hombre de Dios. Él era un profeta, uno que habla por Dios. La grandeza de esto es que cada vez que un creyente habla la precisión de la Palabra de Dios, él es como un hombre de Dios. Cuando usted habla la precisión de la Palabra de Dios, usted es como un hombre de Dios. Cuando nosotros hablamos Su Palabra, hablamos como si Dios mismo hablase.

El propósito de Dios es “que el hombre de Dios (el que habla por Dios) sea perfecto…”Alguien puede venir y decir: “Bueno, usted no puede ser perfecto”. La Palabra de Dios dice que nosotros debemos serlo.

La palabra griega para “perfecto” sólo se usa esta vez en la Biblia lo cual la hace especialmente interesante en investigación y precisión bíblicas. La palabra “perfecto” es la palabra griega artios usada como adjetivo. Artios es definida y se usa en dos formas. Uno de sus usos es para describir a un barco cuando está equipado para su viaje, teniendo a bordo todo lo que se necesita para hacer un viaje exitoso. Siempre que el barco esté tan perfectamente equipado que no le falte nada, entonces la palabra que se usa en griego es artios. El otro uso de artios concierne a las articulaciones móviles. La forma en que la cabeza del fémur calza en la cavidad del hueso ilíaco, en la cadera, por ejemplo, se conoce como artios. Si uno tuviera la más mínima partícula extraña en esa articulación de la cadera, el dolor sería agudísimo.

La Palabra de Dios declara que el propósito de la Palabra de Dios es que el hombre de Dios sea perfecto, sin ningún cuerpo extraño que cause una mancha.

El propósito es que el hombre de Dios sea tan perfecto que él tenga todo lo que se pueda necesitar en cualquier situación, sin que le falte nada. Él está completamente preparado para un viaje exitoso.

El propósito de la Palabra de Dios es que el hombre de Dios sea perfecto, no por afuera, sino por adentro. Uno no puede tener perfección por afuera a menos que primero tenga perfección por adentro. El propósito de la Palabra de Dios es que el hombre de Dios sea perfecto por adentro como punto de partida.

“A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado…”En este punto, la traducción ha fallado en comunicar el impacto de este versículo. La palabra “preparado” viene de la misma raíz griega que la palabra “perfecto”. La palabra griega para “perfecto” es artios;  la palabra griega para “preparado” en 2 Timoteo 3:17 es exartizo. “Exartizo” es un verbo, mientras que “artios” es un adjetivo. Literalmente dice: “A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente perfeccionado…” No solamente debe de ser el hombre de Dios perfecto, sino entera y entera y enteramente perfeccionado.

En dos cortos versículos de la Escritura, la Palabra nos dice su propia función y propósito.

2 Timoteo 3.16, 17:
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

¡Qué revelación fundamental para nuestro estudio y entendimiento de la Palabra de Dios!


jueves, 9 de octubre de 2014

LA PALABRA RESPIRADA DE DIOS
Capítulo 5
 "Poder para la vida abundante"
Por Victor Paul Wierwille

2 Timoteo 3:16 tiene un gran significado en nuestro estudio del poder para la vida abundante. Este versículo dice que la Palabra es respirada de Dios.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

La primera palabra en 2 Timoteo 3:16 es “toda”. Cada vez que “todo” aparece, uno se debe preguntar qué significa la palabra “todo”, porque en la Biblia la palabra “todo” se usa en una de dos formas: ya sea todo sin excepción o todo con distinción. Todos con distinción quiere decir todos en una cierta clase o grupo designado. Si uno considera equívocamente la palabra “todo” nunca entenderá correctamente la Palabra de Dios ni experimentará todo su impacto.

Juan 12:32
Y yo (Jesús), si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

¿Es todos sin excepción o todos con distinción? La respuesta es obvia. Nosotros sabemos que no todas las personas en nuestra comunidad son cristianas; por lo tanto, no todas sin excepción han sido atraídas a él. Todos los que han creído, todos con distinción, son quienes han sido atraídos.

Hebreos 2:9:
Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos (por todos los hombres).

¿Es la palabra “todos” con distinción o sin excepción? ¿Gustó Cristo la muerte por todos los hombres sin excepción o por todos los hombres con distinción? Él murió por todos sin excepción de tal manera que quién quiera ser salvo puede ser salvo. Cristo murió por todos los hombres sin excepción y por esto cualquiera puede nacer de nuevo por el Espíritu de Dios.

En 2 Timoteo 3, donde dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”, “toda la Escritura” quiere decir sin ninguna excepción desde Génesis 1:1 hasta Apocalipsis 22:21.

Las palabras “toda la Escritura” son seguidas por la palabra “es”. Esta palabra ha sido añadida al texto griego de Esteban del cual fue traducida la Versión Reina-Valera.

Antes de seguir adelante, entendamos una cosa. Si una persona omite una palabra que ha sido añadida, la Palabra de Dios no ha sido tocada. Esto se vuelve muy importante a medida que avanzamos en la precisión de la Palabra.

Para avanzar un paso más, no había verbo “ser” o “estar” en los idiomas hebreo o arameo originales. Había un verbo “llegar a ser” o “volverse”.

Esto se vuelve muy interesante en el primer capítulo de Génesis. Génesis 1:2 dice: “Y la tierra estaba…” Esta palabra “estaba” no fue añadida. Génesis 1:2 continúa: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo…” El segundo uso de la palabra “estar” no aparece en el texto. Esto nos dice que la primera palabra traducida “estaba” no es la palabra “estaba” sino “llegó a ser”, “se volvió”. Pero el segundo uso, “estaban” fue añadido. Por lo tanto el versículo 2 dice literalmente: “Y la tierra se volvió desordenada y vacía, y las tinieblas sobre la faz del abismo”. Se volvió desordenada y vacía. Dios no la creó así. Si se deja la palabra “estaba” en el texto: “Y la tierra estaba desordenada y vacía”, parece que dijera que Dios creó la tierra de esta forma. Al contrario, la Tierra se volvió de esta forma cómo lo comprueba Isaías 45: 18.

Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la  compuso; no la creó en vano…

“Desordenada” (tohu) en Génesis 1:2 es la misma palabra que se usa en el “no en vano” de Isaías (tohu). Dios no la creó desordenada y vacía (tohu bohu). La tierra se volvió así.

Regresemos a 2 Timoteo 3:16. Observe cuidadosamente: “Toda la Escritura es inspirada por Dios…” Estas tres palabras “inspirada por Dios” son una sola palabra en los textos críticos griegos. La palabra es theopneustos. Esta palabra se compone de dos palabras raíces: theo y pneustos. Tomada por partes, theo es “Dios” y pneustos es “respirado”. Theopneustos quiere decir literalmente “respirada de Dios”. “Toda la Escritura es inspirada por Dios” es igual a “toda la Escritura es theopneustos” o “toda la Escritura es respirada de Dios”.

Ahora nosotros preguntamos: ¿respira Dios? Usted y yo respiramos, pero, ¿lo hace Dios? Juan 4:24 dice que “Dios es Espíritu…” Más aun, la Palabra de Dios dice que un espíritu no tiene carne o huesos. Nosotros no podemos ver un espíritu con nuestros propios ojos. Sin embargo 2 Timoteo 3:16 dice que Dios respiró. Tenemos que averiguar exactamente qué se quiere decir cuando se le atribuyen a Dios características humanas. ¿Qué quiere decir “respirada de Dios”?

¿Alguna vez se ha preguntado usted qué debe ser enfatizado en la Palabra de Dios? Si la Biblia es respirada de Dios, theopneustos, y si la  Biblia es la Palabra de Dios, ¿puede usted imaginarse por un segundo que Dios le permitiría a cualquier mortal el privilegio de decidir qué  debe ser enfatizado en la Palabra de Dios? En esta palabra, “respirada de Dios”, theopneustos, hay una gran verdad que ha tomado años para ser indagada y estudiada.

Dios es espíritu así que Dios no respira, pero nosotros sí. Siempre que la Biblia atribuye características humanas a Dios, como lo hace esta escritura en particular en 2 Timoteo, esto se llama una figura literaria. Las figuras literarias en la Biblia desde Génesis 1:1 hasta Apocalipsis 22:21 son las marcas de Dios en la Palabra en cuanto a qué quiere Él que sea enfatizado.

Una figura literaria no es algo sobre lo que hay que adivinar. Las figuras literarias son usos gramaticales legítimos que departen del lenguaje literal para llamar atención a sí mismas. Por ejemplo, si no hemos tenido lluvia por un largo tiempo, yo podría decir: “el suelo está seco”. Esto sería una simple enunciación de un hecho. El polvo vuela y las grietas se abren. Pero si yo digo: “el suelo está sediento”, eso es una figura literaria. La figura siempre es más vívida que la misma enunciación literal. Cuando yo digo: “el suelo está seco”, pongo una idea vaga en su mente; pero en el momento en que digo “el suelo está sediento”, entonces usted tiene una imagen clara. Una figura literaria siempre aumenta, siempre vitaliza la declaración.

La Palabra de Dios debe ser aceptada literalmente cuandoquiera y dondequiera que sea posible. Pero cuando una palabra o palabras dejan de ser fieles a los hechos, ellas constituyen figuras literarias. Las figuras literarias tienen un énfasis diseñado por Dios que tiene que ser asido y entendido para obtener completamente el impacto de la Palabra. Los hombres tienden mucho a usar las figuras literarias al azar, pero en la Palabra de Dios las figuras literarias son usadas con un diseño divino. Todas y cada una de ellas pueden ser exactamente catalogadas y analizadas con precisión. No hay adivinanzas en lo absoluto. A excepción de las figuras literarias y de las costumbres y manerismos orientales, la Palabra es literal.

Hay 212 figuras literarias distintas que se usan en la Biblia. Hasta donde yo puedo calcular, a lo largo de la historia tiene que haber habido aproximadamente 220 figuras distintas. Doscientas doce de éstas son usadas en la Biblia; algunas veces hay hasta cuarenta variaciones de una figura. Es fácil la monumental oportunidad para la investigación que ofrece el campo de las figuras literarias.

Esta figura, “respirada de Dios”, es tan maravillosa que voy a tomar este tiempo para desarrollar su grandeza. Una vez que usted entienda esto, cientos de Escrituras se le harán claras.

Dios es Espíritu, y sin embargo 2 Timoteo dice que “toda la Escritura es respirada de Dios”. Esta figura se llama en el hebreo derech benai adam, lo cual traducido quiere decir “los hábitos de los hijos del hombre”, bajar a Dios al nivel del hombre. Ahora, los griegos tomaron derech benai adam y lo tradujeron anthropopatheia que quiere decir “rasgo conmovedor del hombre”. Los romanos usaron esta figura y la llamaron condescensio en latín de donde se deriva nuestra palabra “condescendencia”. Siempre que la Palabra de Dios atribuye características humanas a Dios, la figura usada se llama en griego anthropopatheia y en latín condescensio. Esta es la marca enfática del Espíritu Santo en 2 Timoteo 3:16.  El énfasis no está en la palabra “todo” o en la palabra “Escritura”. El énfasis está en la fuente, “respirada de Dios”. Dios puso el énfasis donde Él lo quiso; Él lo marcó con esta figura literaria.

Otro ejemplo de condescensio es Éxodo 4:14 el cual dice: “Entonces Jehová se enojó…” Dios es espíritu; Él no se enoja. Cuando la Biblia dice que Dios se enoja, ¿de qué figura se trata? Condescensio. Isaías 52:10 dice: “Jehová desnudó su santo brazo…” ¿Tiene un brazo Jehová? No, no lo tiene, pero usted y yo  si lo tenemos. “Desnudar el brazo” es la figura condescensio.

¿Cuál es exactamente  el proceso por el cual vino la Palabra respirada de Dios? La clave para responder esta pregunta está en la Palabra de Dios.

2 Pedro 1:21:
porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los  santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

“Profecía” se usa de una manera singular en este versículo de la Escritura. Cuando la persona común y corriente piensa en profecía, piensa en la predicción del futuro. Esta definición es uno de los usos de la  palabra “profecía”, pero no es el único uso. La palabra “profecía” también puede querer decir “declarar”.

La profecía de Isaías de la venida del Señor Jesucristo y la profecía de Juan del regreso de Cristo (el cual todavía está en el futuro) son ejemplos de predicción. Parte de la Palabra de Dios es predicción. El verbo “profetizar” también quiere decir “declarar, exponer, presentar”. “Profecía” literalmente quiere decir “aquello que es predicho y aquello que es declarado”. Toda la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis es predicción o declaración. “Porque  nunca la profecía (aquello que es predicho o declarado, todo desde Génesis hasta Apocalipsis) fue traída por voluntad humana…”La Palabra de Dios, que predice y declara, nunca fue traída por voluntad humana. Muchos teólogos y líderes religiosos han enseñado que siempre que un escritor bíblico quería escribir él se sentaba y componía una parte de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no dice eso. Moisés nunca se sentó en el desierto y dijo: “Bueno, ahora pienso que voy a escribir la Palabra de Dios”, y entonces sacó su libreta de taquigrafía. Él no se rascó la cabeza y empezó a escribir: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. “Eso me gusta”. No. Nunca fue traída la profecía por la voluntad del hombre; en otras palabras, el hombre nunca dispuso a su voluntad la Palabra de Dios. Él nunca se sentó y dijo: “Ahora, yo dispongo que se componga Génesis” o “yo dispongo que se componga Mateo”. “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana…”Esto es básico para nuestro entendimiento esencial y fundamental de cómo fue traída la Palabra.

La Palabra de Dios nunca fue traída por voluntad humana, “…sino que los santos hombres de Dios hablaron…” Santos hombres de Dios hablaron. ¿Quiénes son santos hombres? Hombres que le creen a Dios son santos. La Biblia no fue escrita por rechazadores de Dios, incrédulos o escépticos. La Biblia fue escrita por santos hombres de Dios que hablaron según eran inspirados por el Espíritu Santo.

Yo he preguntado a muchas personas sobre este versículo: “¿Quién habló?” ¿Y saben lo que ellos dicen? El Espíritu Santo. Eso no es lo que el versículo dice. Dice: “…santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. No dice que Dios habló; dice que los santos hombres de Dios hablaron. Esto es lo que la Palabra dice y eso es lo que quiere decir.

¿Sabe usted por qué hay tanta diferencia entre los libros de Amós e  Isaías; entre el Evangelio de Marcos y el de Juan? ¿Puede usted hablar usando cualquier vocabulario que no sea el suyo? Por ejemplo, si usted nunca ha oído de la palabra “idiosincrasia”, usted no la puede usar. Uno sólo puede usar el vocabulario que posee. Eso es exactamente lo que declara la Palabra en 2 Pedro 1:21, que santos hombres de Dios hablaron. Ellos usaron sus propios vocabularios y sus propias formas de expresión. El Evangelio de Marcos es corto y abrupto: “e inmediatamente”, “y entonces”, “y enseguida”. Se usan estas palabras porque el escritor del Evangelio de Marcos no era un hombre altamente educado y con un vocabulario florido. Pero el Evangelio de Juan es diferente. Juan escribió: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. ¡Qué hermoso! ¿Por qué? A causa del estilo de escribir de Juan. El escritor de Amós era terso; él era un pastor. Isaías usaba hermosas expresiones. Esto explica los diferentes estilos de escribir que se encuentran en la Biblia. Santos hombres de Dios hablaron y escribieron; usaron sus vocabularios naturales. Pero hablaron “siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

¿Qué quiere decir ser “…inspirados por el Espíritu Santo”? 2 Timoteo 3:16 dice que toda la Escritura es respirada de Dios. Aquí en 2 Pedro 1:21, la Palabra declara que estos hombres fueron inspirados por el Espíritu Santo. Lo que sea “respirada de Dios” o ser “inspirada por Dios” es ser “inspirado por el Espíritu Santo”.

Algunas personas enseñan que Dios tomó el brazo de Moisés y lo empezó a mover y, en esta forma, hizo que Moisés escribiera lo que Dios quería que fuera escrito. No. No dice “empujado por el Espíritu Santo”, dice: “…inspirados por el Espíritu Santo”.

La gente siempre está adivinando y ofreciendo opiniones en vez de leer a la precisión declarada de la Palabra de Dios. ¿Qué es ser respirada de Dios e inspirada por el Espíritu Santo? Gálatas 1:11 contiene esta declaración.

Más os hago saber (garantizo), hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre.

Si el evangelio fuera según hombre, él, Pablo, lo habría recibido por voluntad humana y eso habría sido una contradicción con el resto de la Palabra. 2 Pedro 1:21 dice enfáticamente que la Palabra no vino por los deseos del hombre. No vino por voluntad humana. Gálatas dice: “…el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno…” Entonces tiene que haber otra forma de obtener información. En nuestro mundo de conocimiento de los sentidos todo aprendizaje de las matemáticas, ciencia, historia y la tales -toda nuestra información-viene por la voluntad humana. Pero en contraste, Pablo dijo de sus escritos en Gálata 1:12:

pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

La Palabra vino “por revelación de Jesucristo”. Ahora vamos a juntar estos versículos.

2 Timoteo 3:16:
Toda la Escritura es inspirada por Dios (respirada de Dios), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

2 Pedro 1:21:
porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados  por el Espíritu Santo.

Gálatas 1:11,12:
Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre;
pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

En 2 Timoteo 3:16 es la “palabra respirada de Dios” la cual en 2 Pedro 1:21 es ser “inspirados por el Espíritu Santo” lo cual en Gálatas 1:11 y 12 es “revelación”.

Hay un axioma matemático envuelto en este punto: “Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí”. Por lo tanto, palabra respirada de Dios = inspirados por el Espíritu Santo = revelación; o respirado de Dios significa ser inspirados por el Espíritu Santo lo cual es revelación.

Antes de ahondar un poco más en este versículo particular de 2 Pedro, observemos el Antiguo Testamento y veamos cómo hablaron aquellos santos hombres de Dios que recibieron esta revelación. Hemos visto en Juan 4:24 que Dios es Espíritu. Dios, siendo Espíritu, sólo puede hablar a aquello que Él es. Dios no le puede hablar a la mente natural humana. Por esto es que la Palabra no pudo venir por voluntad humana porque la voluntad humana está en el mundo natural. Dios, siendo Espíritu, sólo puede hablarle a aquello que Él es -espíritu. Las cosas en el mundo natural pueden conocerse por los cinco sentidos -vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero Dios es Espíritu, y, por lo tanto, no le puede hablar a las células cerebrales; Dios no le puede hablar a la mente de una persona. Es una ley y Dios nunca sobrepasa sus propias leyes. El espíritu proveniente de Dios tenía que estar sobre aquellos hombres, de otra manera ellos nunca habrían recibido revelación como Pablo declara en Gálatas. Números 11:17 ayuda a explicar la revelación.

Y yo (Dios) descenderé y hablaré allí contigo (Moisés); y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos…

Dios es Espíritu y Él podía revelarse a Sí Mismo por medio del espíritu de Dios que estaba sobre Moisés. Luego Moisés, teniendo una mente, usó su vocabulario y escribió la Palabra de Dios revelada, esa fue la forma exacta en que nos llegó la Palabra de Dios.

Un hombre de Dios, en la usanza bíblica, era un hombre sobre el cual estaba el espíritu de Dios, también llamado el “espíritu de sabiduría” porque Dios como Espíritu es sabio. Josué fue uno de estos hombres según Deuteronomio 34:9:

Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés.

Todo hombre en la Biblia que escribió la Palabra de Dios tenía el espíritu de Dios sobre él. Sólo hay un autor de la Biblia y ese es Dios. Hay muchos escritores pero sólo un autor. Dios es el autor mientras que Moisés escribió, Josué escribió, Pablo escribió, David escribió y muchos otros escribieron. Dios, siendo Espíritu, habló al espíritu que estaba sobre los santos hombres de Dios y les dijo lo que Él quería que fuese dicho. Entonces los hombres de Dios usaron sus vocabularios al hablar lo que Dios había revelado. “Porque nunca la profecía (todo aquello que es predicho o declarado) fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. La Palabra original dada por Dios literalmente no contenía ningún error o contradicción. ¿Por qué? Porque Dios fue su autor. Santos hombres simplemente escribieron lo que Dios les reveló. Así es como obtuvimos la Palabra respirada de Dios. Es verdaderamente tremendo.


CAPÍTULO 4
DE "PODER PARA LA VIDA ABUNDANTE"
Por Victor Paul Wierwille
CREER: FE Y MIEDO


Hay dos tipos de creencia: (1) positiva y (2) negativa. Nosotros o tenemos fe o tenemos miedo. Debemos reconocer que la creencia tiene dos lados: uno positivo y uno negativo.


Nosotros somos lo que somos hoy día por causa de nuestra creencia. Estaremos mañana donde nuestra creencia nos haya llevado. Nadie llega más allá de lo que cree y nadie puede creer más de lo que entiende. Nosotros creemos lo que creemos por lo que se nos ha enseñado. Pensamos de la forma en que pensamos por la forma en que se nos ha guiado.


Creer es una ley. Según uno cree recibe. En el lado negativo, temer es creer; temer es creer en reversa; produce malos resultados.


Básicamente hay una  sola  cosa que vence al creyente, y eso es miedo. El miedo es el único enemigo del creyente. El miedo es arena en la maquinaria de la vida. Cuando nosotros tenemos miedo, no podemos creerle a Dios y tener fe. El miedo ha arruinado más vidas cristianas que cualquier otra cosa en el mundo.


Si una  persona tiene miedo de no poder mantener su empleo, ¿sabe lo que pasará? Lo perderá. Si uno tiene miedo de una enfermedad, manifestará esa enfermedad porque la ley es lo que uno cree (en este caso lo que uno cree negativamente), eso va a recibir. La gente tiene miedo del futuro; ellos tienen miedo de la muerte. El miedo siempre encierra; el miedo siempre esclaviza; el miedo siempre ata. Esta ley de creer positivamente y negativamente da resultado para el cristiano y el no-cristiano. Cuando creemos, recibimos el resultado de nuestra creencia sin importar quiénes somos o qué somos.


La Palabra de Dios ilustra la creencia negativa en el Evangelio de Juan. Isaías había profetizado, siglos atrás, que al venir el verdadero Mesías habría un milagro que él haría que nunca había sido hecho anteriormente. Este milagro, el abrir los ojos de un hombre ciego de nacimiento, probaría que él era el Mesías de Dios. Este es el pasaje del milagro en Juan 9.
                                                                                                          
Juan 9: 1-8
Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?


Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para  que las  obras de Dios  se manifiesten en él.


Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.


Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.


Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los  ojos del ciego,
Y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó y regresó viendo.


Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?


Ni siquiera los vecinos estaban seguros de lo que sucedía.                                                                                                                                       
Juan 9: 13,18:


Llevaron ante los fariseos (los principales del templo y de las sinagogas entraron en el asunto) al que había sido ciego.


Pero los judíos (los fariseos) no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.


Primeramente los vecinos tomaron parte, luego los líderes religiosos, y luego fueron llamados los padres.


Juan 9: 19-23:
Y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues ve ahora?


Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
Pero cómo vea ahora, no lo sabemos;  o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él;  él hablará por sí mismo.


Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.
Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.


Póngase usted en esta situación. Si usted tuviera un hijo ciego de nacimiento y él fuera sanado de su ceguera, lo menos que usted podría hacer como padre agradecido es admitir: “Sí, Jesucristo lo sanó”. Pero estos padres no dijeron eso. ¿Por qué no pudieron ser ellos la clase de padres que uno hubiera esperado? Ellos fueron inhibidos de testificar como hubiera sido apropiado porque estaban llenos de miedo: “porque tenían miedo de los judíos”. El miedo los esclavizó, el miedo les impidió a estos padres ser la clase de padres que verdaderamente debían haber sido. Por esto dijeron los padres: “Edad tiene, preguntadle a él”. Estos judíos ya habían acordado que si cualquiera dijese que Jesús era el Cristo, esa persona sería expulsada de la sinagoga.


Este hecho no significa mucho para nosotros hoy en día porque si una persona es expulsada de una iglesia, la iglesia en la otra esquina estará contenta de recibirle. Pero no era así en el tiempo de Jesús. Cuando  un hombre era desterrado de la sinagoga, la gente no le hablaba; él no podía asistir a la sinagoga; él no podía comprar o vender mercancías. ¿Ven por qué los padres estaban esclavizados por el miedo de lo que les pasaría?


Estos padres no fueron los únicos en la Biblia que manifestaron miedo. En Juan 20:19 hay un pasaje de los discípulos.


Cuando llegó la noche de aquel mismo día (éste es el día de la aparición de Jesús resucitado), el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.


Los discípulos estaban reunidos a puertas cerradas por miedo de los judíos. El miedo siempre nos  pone detrás de puertas cerradas; siempre nos ata; siempre nos esclaviza.


Años atrás, yo conocí a un ministro cuya esposa había muerto dejándole a siete niños. Alrededor de un año más tarde, él se casó con otra mujer que tenía cinco hijos y ellos vivían juntos y felices. Como a una cuadra y media de ellos vivía una mujer que tenía sólo un hijo. La mujer con el hijo único estaba siempre frustrada, siempre nerviosa, siempre con miedo, mientras que este ministro y su mujer quienes tenían doce niños nunca parecían estar preocupados, o trastornados, o tener la menor ansiedad acerca de sus niños. Cuando el hijo de la señora empezó a asistir al jardín de infantes, la madre cruzaba la calle con él y caminaba hasta la siguiente cuadra donde estaba el jardín de infantes por miedo de que le atropellase un automóvil. Cuando el niño estaba en el primer grado ella hizo lo mismo, y en el segundo grado, y en el tercero. Una vez la madre del niño llamó al ministro y le dijo: “Yo no entiendo por qué estoy nerviosa y trastornada todo el tiempo. Yo sólo tengo un hijo de quien preocuparme; y usted tiene todos estos niños y parece que nunca le pasa nada. Ustedes viven sin preocuparse”. El ministro respondió: “Nosotros vivimos de esta manera. Mi esposa y yo reunimos a los niños alrededor de la mesa del desayuno; ése es el único momento en que tenemos a toda nuestra familia reunida. Cuando todos ellos están sentados, yo digo la oración. Yo oro así: Señor, aquí estamos todos juntos en el desayuno; ellos salen a la escuela y a otros lugares hoy día, de modo que los dejo a todos bajo tu protección y cuidado. Gracias. Amén”. El creía que Dios iba a responder a sus oraciones y los dejaba bajo la protección del Señor. Sus hijos florecían.


Cerca de un año más tarde, el hijo único de la señora venía a casa de la escuela más temprano de lo acostumbrado. La mamá no se había encontrado con él en la esquina. Cuando el niño empezó a cruzar la calle fue atropellado por un automóvil y murió. Yo fui a los funerales de ese niño, ¿y saben lo que predicó el ministro? “Dios tiene ahora otro pétalo de rosa en el cielo”. ¡Imagínese eso! Que Dios, quien creó los cielos y la tierra, quisiera matar a un pequeño porque Él necesitaba otro pétalo de rosa en el cielo. ¿Saben que mató a ese pequeño? El miedo en el corazón y en la vida de esa madre. Ella estaba tan desesperadamente temerosa de que algo le iba a pasar a ese hijito que al fin ella cosechó los resultados de su creencia.


Lo que uno teme, seguramente le sucederá. Es una ley. ¿Han oído ustedes alguna vez de aquella gente que fija el momento de su muerte? Cuando alguien dice: “Bueno, en el próximo año para esta época ya no estaré aquí”, si usted es un apostador, apueste su dinero; usted va a ganar. Si una persona se resuelve a que el próximo año para esta época va a estar muerta, Dios tendría que cambiar las leyes del universo para no complacer a esa persona.


Algunos años atrás un hombre vino a hablarme sobre su temor. Me dijo que de acuerdo a las estadísticas de las compañías de seguros de los Estados Unidos se supone que un agente viajero sufra un accidente automovilístico cada tantos miles de millas. Este hombre ya había viajado más de diez mil millas por encima del promedio de lo que viaja el vendedor normal, y su miedo de un accidente se estaba convirtiendo en una obsesión. Él perdía negocios día tras día y semana tras semana a causa de su miedo. Él vino a mí y yo le expliqué la ley de la creencia. El hombre cambió su creencia y no ha tenido un accidente hasta este día.
El mundo alrededor de nosotros instiga miedo en la gente. La psicología que prevalece en nuestra sociedad hoy en día es el miedo. Si usted no usa esta marca de pasta dentífrica, va a tener mayor número de caries dentales así que compra esta clase de pasta dentífrica. Si usted no hace esto, le sucederá aquello. Todo está basado en el miedo.


¿Ha recogido usted un  periódico alguna vez y notado cuán positivos son los artículos? El noventa por ciento de lo que uno lee en el periódico es negativo. Accidentes automovilísticos, asesinatos, suicidios-todo es negativo. ¿Por qué? Porque esto es lo que la gente ha estado viviendo. Nosotros hemos estado viviendo en cosas negativas por tanto tiempo que cuando alguien viene con una dieta positiva, pensamos que él tiene que estar loco.


Proverbios 29:25 dice: “El temor del hombre pondrá lazo…” Cada vez que un hombre teme él es enlazado, él es atado.                                                                                                                                                           
Isaías 8:12 No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.


Esta gente estaba esclavizada como nación porque tenían miedo de otra gente. Sin embargo la Palabra decía: “Ni temáis lo que ellos temen ni tengáis miedo”.


Hay muchos ejemplos como éste en la Palabra. Yo sólo estoy seleccionando unos pocos.


Jeremías 49:24:                                                                                                                     
Se desmayó Damasco, se volvió para huir, y le tomó temblor y angustia…


La razón por la que se desmayó y se volvió para huir es que tenía miedo.
Job 3:25:                                                                                                                                                   Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía.


Job recibió aquello que temía.


Salmos 34:4:
Busqué a Jehová y él me oyó, Y me libró de todos mis temores.


Mientras tuvo miedo estuvo encarcelado.


2 Timoteo 1:7                                                                                           
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio  propio.


Dios no nos dio espíritu de cobardía, luego la cobardía y el miedo tienen que venir de otra fuente. Si el miedo vino de otra fuente que no es Dios, entonces tiene que ser negativo. El miedo siempre es incorrecto.
Recuerden que en Juan 20 los discípulos, también conocidos como los doce apóstoles, estaban tras puertas cerradas en el día de la resurrección por miedo de los judíos. Pero observen a los mismos hombres cincuenta días más tarde.


Tengan en mente que, bajo circunstancias ordinarias, ningún adulto cambia drásticamente en cuarenta o cincuenta días. Pero Hechos 2 nos habla de seres humanos comunes y corrientes que en cincuenta días cambiaron de hombres llenos de miedo a hombres de gran denuedo y de gran convicción.     
                                                                                                   
Quiero enfocar: (1) la ley de la creencia en ambos lados negativo y positivo  y (2) la causa de su cambio.
Hechos 2:4 dice que todos estos hombres fueron llenos del espíritu santo y luego leemos el versículo 14.


Hechos 2:14:                                                                                                                      
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.


¿Dónde estaba Pedro cincuenta días antes? Según el Evangelio de Juan, él estaba tras puertas cerradas por miedo de los judíos. Pero ahora Pedro se puso en pie con los once y alzó su voz serena hacía ellos: “Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras”. ¿De dónde sacó Pedro ese denuedo? ¿Qué lo cambió de un hombre lleno de miedo a un hombre lleno de confianza?


Hechos 2:22,23:                                                                                                                          
Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios  hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis.


a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.


Cincuenta días antes Pedro seguramente no hubiera dicho esto. ¿Por qué no tiene miedo ahora?
Cuando yo asistía a seminarios y se me instruía en oratoria sagrada y otras artes del ministerio, se me dijo que cuando una persona predica un sermón nunca debe decir ustedes o vosotros, sino que siempre debe decir nosotros. Pedro debe haber ido al seminario equivocado porque cuando él predicaba en este pasaje dijo: “Vosotros lo habéis crucificado y vosotros lo habéis matado”.


Hechos 3 contiene la narración de los eventos sucedidos después del día de Pentecostés.


Hechos 3:12,14:                                                                                                                 
Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o  por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?


Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que os se os diese un homicida.


Eso es denuedo. Pedro ya no estaba lleno de miedo. Algo que tiene que haber cambiado a este hombre.
Pedro y Juan fueron llevados a la cárcel porque eran demasiado audaces.


Hechos  4:23-29:                                                                                                                                          
Y puestos en libertad, vinieron (regresaron) a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;
que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes,                                   
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno                                    
Contra el Señor, y contra su Cristo.
Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilatos, con los gentiles y el pueblo de Israel,
para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.
Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos…


¿”Concede a tus siervos” un día feriado, una vacación? No. Nosotros pensamos que debería decir esto porque, después de todo, si hemos estado allá afuera trabajando para el Señor, llevando a cabo el ministerio, siendo encarcelados, azotados y perseguidos, ciertamente que deberíamos tener unas vacaciones con paga. Cuando Pedro y Juan regresaron y se unieron a este grupo de oración, ellos dijeron:


…Señor, mira sus amenazas,  y concede a tus siervos que con todo denuedo (no con indecisión, no con desgano, no con miedo) hablen (¿lo que la gente quiere que hablemos? No.) tu palabra.


Ellos oraron por más denuedo. Mientras estuvieron llenos de miedo y detrás de puertas cerradas, no tenían nada que temer sino el miedo mismo, mas una vez que obtuvieron denuedo y  predicaron la Palabra de Dios, lograron hacer algo para el Señor. Hombres fueron sanados, liberados y salvos. Pedro y Juan, sin embargo, fueron arrojados a la cárcel; pero cuando salieron regresaron a su pequeño grupo de oración y creyeron por más denuedo, “Danos más denuedo, Señor, para que hablemos Tu Palabra”.


Hechos 4:30,31:                                                                                                                        
mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.


Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con (¿indecisión? No. Ellos hablaron con) denuedo la palabra de Dios.


¿Qué los hizo hablar con denuedo la Palabra de Dios? El versículo 31 dice que ellos “fueron llenos del Espíritu Santo”. En Hechos 2 en el día de Pentecostés los doce apóstoles recibieron la plenitud del espíritu Santo. El versículo 31 de Hechos 4 dice que todos ellos fueron llenos del espíritu santo “y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. ¿Qué cambió a esos hombres? Entre el pasaje de la resurrección y Hechos 2 no hay nada que pueda haberlos cambiado, excepto el nuevo nacimiento el cual es el poder del espíritu santo el cual vino en Pentecostés. Yo nunca he visto a una persona que se libere de su miedo sino hasta que llegue a nacer de nuevo del Espíritu de Dios, llena del poder del espíritu santo. Si usted quiere liberarse de su miedo, sus frustraciones, sus ansiedades, usted tiene que volver a nacer por el Espíritu de Dios, lleno de Su poder. Eso es lo que cambió a Pedro y al resto de los apóstoles y ése es el poder que cambiará su vida.


Pedro y Juan oraron. Y cuando  oraron, el lugar en que estaban congregados tembló. Todos fueron llenos del espíritu santo, y hablaron con denuedo la Palabra de Dios. Siempre me hace gracia cuando leo eso, pensando que si el poder de Dios se moviera así hoy en día en la mayoría de nuestras iglesias, tendríamos muchos funerales. La gente se moriría del susto si el lugar en que oran temblara. En Hechos 4 aquello por lo que oraron fue por denuedo para hablar la Palabra. Nada quita el miedo de un individuo sino el poder del espíritu santo en la Palabra Viviente dentro de él.


Eso es lo que quitó el miedo en mi vida. Yo solía tener miedo de mi propia sombra; tenía miedo de encontrarme con gente, especialmente con la gente en círculos académicos, en altos círculos políticos, en círculos religiosos de élite. Hoy en día no tengo miedo dentro de mí. ¿Por qué?  Yo creo que el poder proveniente del Espíritu Santo está dentro del mí dándome el denuedo, el entusiasmo, el dinamismo para pararme firme por la integridad y la grandeza de la Palabra de Dios.


El miedo infunde incredulidad. Por esto es que el miedo siempre derrota las promesas de Dios. Jesucristo hizo muchas señales,  milagros y maravillas en lugares como Galilea y Capernaum de Galilea;  pero en Nazaret, su propio pueblo, él no pudo hacer mucho.


Mateo13:58                                                                                                                                                 
Y no hizo (Jesús) allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.


¿No pudo  él hacer muchos milagros allí porque él había cambiado? No. Jesús  no había cambiado;  la gente había cambiado.


La incredulidad es creencia; es creencia negativa. En el lado negativo está la duda y en el lado positivo está la confianza. Confianza versus duda; seguridad versus temor; fe versus miedo. Duda, temor y miedo son creencia negativa. Confianza, seguridad y fe son creencia positiva. Estas leyes funcionan con precisión no solamente en la Palabra de Dios sino en nuestras propias vidas.


Noten cuidadosamente que en la Biblia se habla de dos clases específicas de creencia negativa en cuanto a poder espiritual: apistia y apeitheia.  Apistia se refiere a aquella gente que nunca ha oído, u oído suficientemente como para creer. Apeitheia se refiere a aquellos que han oído pero se rehúsan a creer lo que ellos han oído.


Apistia es la incredulidad de aquellos que nunca han oído o que no han oído con suficiente detalle como para creer. Por ejemplo, si yo no he oído suficiente Palabra de Dios para ser salvo, yo tengo incredulidad apistia. Observen Romanos 10.


Romanos 10:13-15:                                                                                                               
porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?


¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Cómo está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!


“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quién no han oído?” Esta gente era incrédula en el sentido de que nunca habían oído la Palabra de Dios para poder creer.


Mateo 13: 53-58:                                                                                                                           Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.
Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?
¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?
Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.


Él no pudo hacer mucho en Nazaret a causa de la incredulidad, apistia, de la gente.  A pesar de que Jesús trató de enseñar, la comunidad no quiso oír lo suficiente como para creer porque ellos pensaban que Jesús no podía saber nada puesto que él era un hijo ilegítimo, y por esto ellos no podían creer. ¿Saben ustedes lo que la gente de la comunidad de Jesús le dijo? “¿No es éste el hijo del carpintero? Él es ilegítimo porque todos saben que María estaba en cinta antes de que ella y José se juntasen en matrimonio”. Al contrario delo que ellos pensaron, sin embargo, Jesús no era el hijo del carpintero; él era el hijo de Dios por concepción divina, nacido de María pero concebido por el Espíritu Santo, según lo que dice la Palabra de Dios.


“¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?  ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?” El texto original da el énfasis como sigue: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María (Ustedes se acuerdan de ella), y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas (¡Sí que era indómito ese Judas!)?¿No están todas sus  hermanas con nosotros (Sí que eran  algo esas muchachas.)? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?” La comunidad decía que Jesús no podía tener tal poder porque ellos miraban a la familia y decían: “Nada bueno puede venir de este hombre. Nosotros conocemos su familia”. Por lo tanto, ellos no querían oír lo suficiente para creer. Ellos tenían incredulidad (apistia).


“Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad (apistia) de ellos”.


Lucas 2 contiene un versículo de Escritura que yo no pude entender por años.


Lucas 2:42:                                                                                                                                           
y cuando  tuvo doce años (Jesús), subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.


Yo sabía que de acuerdo a la ley judía, un niño se convertía en hombre, pasando por el Bar Mitzvah, a la edad de trece años. Pero Jesús fue llevado al templo a los doce años. Yo no podía entenderlo así que consideré que podía haber un error en el texto. Busqué en todo texto crítico griego que pude encontrar y revisé toda fuente de la que pude pensar; pero nunca encontré que Jesús tuviera trece años cuando fue a la sinagoga. Todos los textos concurrían en la edad de doce años. Finalmente me encontré con una antigua pieza de literatura la cual explicaba que de acuerdo con la antigua ley judía cuando un niño era concebido ilegítimamente, este niño era traído al templo a la edad de doce años en lugar de trece.


Esto explica por qué  Jesús no se podía comunicar  con la gente de su propio pueblo. Ellos pensaban que un niño concebido ilegítimamente ciertamente no podía tener gran conocimiento o hacer maravillas. Ellos eran ofendidos por él, no querían oír lo suficiente como para creer cuando él hablaba, y por lo tanto sufrían de incredulidad apistia.


En los textos críticos griegos la palabra usada para el segundo de los dos tipos de incredulidad es apeitheia. Apeitheia se refiere a aquellos que han oído pero aún se rehúsan a creer lo que han oído. Para ilustrar, si yo he oído suficiente de la Palabra de Dios de modo que puedo ser salvo pero rehúso creer esa Palabra de Dios entonces yo tengo apeitheia.


Notando Romanos 11:30, encontramos esta clase de incredulidad, no en un individuo, sino en referencia a Israel y a los gentiles como naciones.


Romanos 11:30:                                                                                                                          
Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes (apeitheia) a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia (apeitheia) de  ellos.


Los gentiles habían oído pero se rehusaron a creer, como dice en Romanos 1:21:                                 “Pues habiendo (los gentiles) conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios”.


Hebreos 4 vuelve a clarificar esta clase apeitheia de incredulidad.


Hebreos 4:6:                                                                                                                                             Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren  en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia (apeitheia).


Primero se les anunció a ellos. Ellos oyeron suficiente como para creer pero se rehusaron a creer.
El miedo, que culmina en incredulidad, se debe ya sea a enseñanza incorrecta o a ignorancia. La enseñanza incorrecta se puede corregir o superar con enseñanza correcta; mientras que la ignorancia se puede corregir o superar con instrucción.


Si una persona está llena de miedo porque es ignorante con respecto a un tema particular, puede superar esta ignorancia que causa miedo con enseñanza correcta o instrucción  correcta. Por ejemplo, un niño que tiene miedo de dormir en la oscuridad está lleno de temores y se despierta gritando en medio de la noche. ¿Por qué tiene miedo ese niño? Tal vez el niño fue atemorizado porque alguien le dijo que si no se portaba bien, lo pondría en el armario y el coco lo  agarraría. Ese niño está lleno de miedo porque se le enseñó mal.


Por otro lado, suponga que un adulto tiene miedo del coco en el armario. Eso es ignorancia. El ignora los hechos. Para un niño es una enseñanza equivocada; pero para un adulto, es ignorancia. Los temores, ya sea por ignorancia o por enseñanza incorrecta, siempre encierran y siempre esclavizan y siempre nos vencen porque cuando tenemos miedo en nuestras vidas, no podemos actuar positivamente sobre las promesas de la maravillosa e incomparable Palabra de Dios.


Mateo 10:16: He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.


Dios quiere que seamos “prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.


Romanos nos dice que seamos sabios para el bien.  La Epístola de Santiago declara que Dios nos da sabiduría: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios”, el cual da sabiduría. Dios nunca quiso que Su iglesia ni Sus hijos fueran ignorantes; Él quería que Su Iglesia fuera sabia; Él quería que nosotros estuviésemos al tanto de lo que sucede.


¿Saben ustedes de dónde viene esta sabiduría? Viene de la Palabra de Dios. Salmos 119:105 dice que la Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino, y por lo tanto imparte sabiduría. Isaías nos dice que la Palabra de Dios imparte sabiduría en cuanto a la salvación de manera que ni siquiera el torpe tiene que extraviarse. El camino es tan sencillo y tan claro. 1 Juan 3:2 dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios…” Es la Palabra de Dios la que imparte sabiduría en cuanto a nuestra relación de hijos con Él. 2 Corintios 2 nos habla de las maquinaciones de Satanás las cuales no ignoramos. Nosotros no somos estúpidos y no deberíamos actuar neciamente.


El Evangelio de Juan dice que la Palabra de Dios imparte sabiduría en cuanto a la vida futura, el regreso de Cristo y el cielo. La Palabra de Dios nos da sabiduría en cuanto a toda materia necesaria para que el hombre tenga conocimiento completo de su redención y de su salvación. Esto nos da confianza para manifestar resultados positivos. Nosotros nunca necesitamos temer pues no somos ignorantes; nosotros tenemos conocimiento de la Palabra de Dios.