jueves, 14 de mayo de 2015

68 - Cómo conocer y hacer la voluntad de Dios

Mucho se ha especulado sobre el tema. Y muchos creyentes se hacen la pregunta que encabeza el presente artículo. Esa curiosidad, por lo general, es sana, pues en el servicio cristiano la aprobación o la desaprobación por parte de Dios depende del conocimiento y cumplimiento de su voluntad.

 Lc. 12:47-48. 47Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. 48Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.          Para el Señor Jesucristo la sumisión a la voluntad del Padre era tan vital como el alimento para el cuerpo  
Jn. 4:32, 34; 2El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. Jn. 5:30). 0Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

Y algunos ejemplos bíblicos nos muestran que nada puede sustituir la aceptación de tal voluntad.
El rey Saúl había recibido de Dios órdenes muy claras acerca del botín dejado por los amalecitas; pero él creyó que sería mejor apropiarse de éste a cambio del sacrificio de vacas y ovejas en honor de Yahveh. ¿Y qué le dice el Señor?
«¿Acaso se complace Yahveh tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las apalabras de Yahveh? Mejor es obedecer que sacrificar»
 1 S. 15:1-23). 1Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. 2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. 3Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
4Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. 5Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. 6Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec. 7Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. 8Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. 9
Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
10Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 11Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche. 12Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal. 13Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. 14Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? 15Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos. 16Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.17Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? 18Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. 19¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? 20Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. 21Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
22Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 
23Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

Cuando la voluntad de Dios llega clara a nuestro conocimiento, todo intento de sustituirla por criterios humanos aparentemente más acertados es insensatez y rebeldía cuyas consecuencias habremos de deplorar el resto de nuestros días.

La voluntad de Dios en las cuestiones dudosas de la vida

No siempre encontramos en la Biblia respuesta a nuestras preguntas. Damos algunos ejemplos (podrían citarse muchos más):
  • Se me presenta la oportunidad de obtener un nuevo empleo. ¿Debo aceptarlo o no?
  • Hay una persona que me atrae poderosamente. Ambos estamos recíprocamente enamorados. ¿Es voluntad de Dios que me case con ella?
  • La relación con mis padres se ha hecho tensa, prácticamente insoportable. ¿Debo abandonar la casa paterna y vivir mi propia vida?
  • Una situación análoga vivo en la iglesia. ¿Debo buscar otra en la que me incorpore como miembro?
  • ¿Quiere el Señor que me prepare para servirle mejor en alguna forma de servicio cristiano?
  • En el círculo de mis relaciones hay una persona con la cual congenio, pero no es cristiana. ¿Qué es aconsejable en tal caso?  etc. etc. etc.

Principios generales para conocer la voluntad de Dios

En primer lugar hemos de entender que no hay camino seguro al conocimiento de la voluntad divina cuando nuestra consulta admite dudas. La respuesta puede variar según multitud de factores y circunstancias. Nos gustaría que Dios nos enviase un ángel que nos indicara la decisión a tomar. La consulta sobre la voluntad del Señor en una cuestión determinada no es hoy en día algo que pueda resolverse mediante un talismán, sino por medio de una percepción espiritual y una sensibilidad debidamente desarrolladas. A modo de guía, sugerimos las siguientes pautas:

1. Renuncia a todo prejuicio y a todo intento de justificar lo que a nosotros nos gustaría que fuese la voluntad divina. De lo contrario, cualquier respuesta que no se ajuste a nuestro deseo fácilmente será rechazada con razonamientos fruto del autoengaño. Hemos de ir a Dios con mente y oídos abiertos a su voz, sea cual sea su respuesta.

2. Oración sincera «para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza de la vocación a que él os ha llamado» ( Ef. 1:17-18), 17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, «que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así podréis andar como es digno del Señor, agradándole en todo» ( Col. 1:9-10). 9Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;

3. Consideración del tema a la luz de la Biblia. En algunos casos la enseñanza de la Escritura es suficientemente clara y nos indica si debemos o no tomar la decisión que nos planteamos. En otros, puede suceder que no hallemos un texto suficientemente claro para decidir la resolución que debemos tomar. Sin embargo, la enseñanza global de la Escritura y el espíritu de la misma siempre contienen luz que nos ayuda a tomar nuestras decisiones. Esa luz será tanto más clara y útil cuanto más ampliamente conozcamos la globalidad de las Escrituras. No podemos fiarnos demasiado de lo que nos dice un solo versículo.
Es poco fiable la práctica de abrir al azar la Biblia después de haber orado pidiendo a Dios que nos dé como mensaje suyo el primer versículo que aparezca a nuestros ojos. Pero no siempre ese modo de buscar la voluntad de Dios tiene efectos tan positivos. La experiencia de aquel creyente que, torturado por un problema, trató de encontrar la voluntad de Dios abriendo al azar el Nuevo Testamento. El texto sobre el cual se fijaron sus ojos fue el referido al suicidio de Judas ( Mt. 27:5). 5Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Pensando que algo no había funcionado bien, aquel hombre piadoso repitió la prueba. Esta vez le salió el texto «Ve y haz tú lo mismo» ( Lc. 10:37). 7Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. Insatisfecho, y desechando esta respuesta por inapropiada, probó una vez más. El texto que leyó en el tercer intento fue: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto» ( Jn. 13:27). 7Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.
La experiencia ha mostrado que en la mayoría de los casos el texto salido al azar nos dirá muy poco o nada que pueda considerarse una respuesta fiable.
En cualquier caso es importante asegurarnos de que no distorsionamos la orientación bíblica con una interpretación de su mensaje sesgada por nuestras ideas preconcebidas.

4. Demanda de consejo a persona capacitada para aconsejar con sabiduría y criterio espiritual reconocidos. «El que obedece al consejo es sabio» ( Pr. 12:15). El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio.

 Importantes decisiones de algunos personajes bíblicos se debieron a la intervención de sabios consejeros. Como botón de muestra, recordemos a David en su hora de furor incontenible por la rudeza hiriente de Nabal. La decisión de David era dar muerte a aquel hombre. ¿Era esto la voluntad de Dios? Pronto se vio que no. El sabio consejo de Abigail, esposa de Nabal, fue seguido por David, y lo que pudo haber sido un episodio trágico se convirtió en un ejemplo de sensatez; y el dominio propio, principio de una experiencia apacible y romántica
( 1 S. 25). 

5. Orientación mediante las circunstancias. Éstas en muchos casos pueden ser valiosamente orientativas; pero también se prestan a ser mal interpretadas. En el curso de su Providencia, Dios puede disponer las cosas de modo que nos libre de decisiones equivocadas; o, por el contrario, introducir una circunstancia que aparentemente facilite la decisión correcta. Sin embargo, no siempre las circunstancias son guía infalible. En algunos casos pueden ser engañosas y llevarnos a resoluciones que no corresponden a la voluntad de Dios.
Esta posibilidad ha de llevarnos a analizar la situación con cautela, dando una grado de fiabilidad superior a los medios anteriormente señalados. No siempre circunstancias favorables para tomar una decisión indican que nos guían a la voluntad de Dios. A veces «aun el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz» ( 2 Co. 11:14). 14Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.  
El auge espiritual de la iglesia de Antioquía en días de Bernabé y Pablo era una circunstancia que podía conducir a la iglesia a retener en su seno a aquellos dos hombres extraordinarios; así seguirían beneficiándose de su magnífico ministerio. Parecía un criterio muy juicioso; pero no entraba en los planes del Señor, cuya voluntad era diametralmente opuesta. La circunstancia que se daba en Antioquía no tenía por objeto retener a los dos grandes misioneros, sino prepararlos para emprender la gran obra de su vida; de ella se beneficiaría no sólo la iglesia antioquena, sino todas las iglesias que iban surgiendo y de las iglesias de todos los tiempos hasta nuestros días. Una circunstancia determinada puede ayudarnos a entender si apunta a la voluntad de Dios, siempre que coincida con los parámetros ya señalados.

6. La voz interior. Muchos creyentes sostienen que Dios les habla de modo especial, indicándoles lo que deben pensar y hacer. Frecuentemente se les oye decir: «El Señor me ha dicho». Sin embargo, este elemento en la búsqueda de la voluntad divina es el más dudable. Puede esa voz proceder del Espíritu de Dios, como en el caso del joven Samuel ( 1 S. 3). Y no cabe duda que el Señor puede guiar nuestro pensamiento y «hablarnos» de modo que lo que pensamos y después decidimos es conforme a los planes que él tiene para nuestra vida. No obstante, en muchos otros casos la voz interior no procede de Dios, sino del interior del propio creyente.
Tal fue el caso de los falsos profetas en Israel ( Jer. 14:14). 14Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan.

Por eso lo que atribuimos a Dios creyendo que es revelación suya para guiarnos no pasa de ser una pretensión injustificada. De todos los caminos para llegar a conocer la voluntad de Dios, éste es el menos garantizado, por ser el más expuesto a error. Ello hace necesaria una gran sensibilidad espiritual y un conocimiento sólido de las Escrituras. Lo que hemos dicho bajo el epígrafe anterior, es válido para lo que aquí acabamos de señalar.
A menudo ninguno de los caminos a seguir para conocer la voluntad de Dios es suficiente por sí solo. Conviene complementarlo con los medios expuestos a lo largo de este artículo y con la ayuda del espíritu santo obtener la verdad para nuestras vidas en gracia y misericordia de Dios hacia nosotros.

Dos observaciones importantes

1. No debemos esperar una respuesta sobrenatural del Señor cuando le pedimos que nos revele su voluntad. Es más lógico, y más bíblico, ejercitar las facultades intelectuales que él nos ha dado para discernir lo mejor a la luz de su Palabra e ir creciendo en el discernimiento de cual es la Voluntad de Dios. (2Timoteo 2:15)
2. Por atinada que sea nuestra búsqueda de la voluntad de Dios, a menos que ésta la hallemos muy claramente expuesta en la Biblia, siempre habremos de adoptar nuestras conclusiones con reservas. Nunca podremos decir o pensar con carácter absoluto: «Ésto es el plan de Dios para mi vida». Por lo general, siempre quedará la sombra de la duda.

         Lo máximo que puedo decir es: «Creo que, a través de mis reflexiones, limitadas pero honestas, Dios me guía a tomar tal o cual decisión. Si me equivoco, que él me perdone y en su misericordia me haga conocer mejor lo que quiere de mí y para mí». De una cosa podemos estar seguros: «Por el Señor son ordenados los pasos del hombre y él aprueba su camino. Cuando el hombre caiga, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano»


( Sal. 37:23-24). 3        Por Jehová son ordenados los pasos del hombre,
Y él aprueba su camino.
          24      Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano.
Añadamos sinceramente algo más:
Una declaración sincera: «Hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado» ( Sal. 40:8).          8        El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,Y tu ley está en medio de mi corazón.

Una súplica: «Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán» ( Sal. 43:3).   Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán;
Me conducirán a tu santo monte,Y a tus moradas.
  • Y una entrega renovada: «Heme aquí, oh Dios, vengo para hacer tu voluntad» ( He. 10:9). 9y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.


miércoles, 6 de mayo de 2015

67 -  Anticipándote a la victoria
La tristeza seca los huesos, pero el gozo del Señor es nuestra fortaleza.
Luego de la muerte de Moisés, Dios le habló a Josué para que guiara al pueblo a la Tierra Prometida.
No le dijo que hiciera luto o que se deprimiera, al contrario, le dijo levántate y haz la obra! Porque Él lo acompañaría de la misma forma que estuvo con Moisés
Josué 1:1-5).  1 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: 2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. 4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio.
5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
Muchas veces nos estancamos porque hay cosas que mueren  y nos deprimen. Puede ser una persona querida o un sueño que no se ha cumplido. Así que tendrás que pelear la buena batalla y vencer para la honra de tu Señor.

Deja de lamentarte y levántate porque Él te ayudará pero tú debes tomar acción en Su nombre. Dios también le dijo a Josué que nadie podría hacerle frente en todos los días de su vida. Esto significa que tendría que afrontar dificultades pero que triunfaría. Se anticipó a la victoria, tal como debemos hacerlo nosotros.

Romanos 8:31 dice que nadie se atreverá a estar contra nosotros creyendo que puede vencernos. Así que debemos preguntar: “¿Si Dios es por mi, quién contra mi?”
Entonces, debemos analizar algo importante. Sabemos que Dios no nos abandona, pero lo crucial es tener la certeza de que nosotros mismos no nos abandonaremos.  Es decir, confiaremos en nuestras capacidades y nos motivaremos a vencer.  Solamente de esa forma estaremos realmente con Dios. Parece algo confuso, pero es sencillo: Si Dios está contigo y tú no estás contigo, entonces no estás con Dios. La solución es cuidarte, valorarte y motivarte para hacer proezas. Nadie más que tú puede encontrar la voluntad para luchar y vencer.
Quiérete, valórate y enfrenta la vida convencido de que lograrás grandes proezas.  No te abandones a la depresión y la tristeza, toma carácter, enfrenta la vida. Eres valioso, por eso Dios dice que está contigo. Si Él te valora, tú también debes valorarte.
Si Dios está contigo, tú también debes estar contigo para estar con Él y lograr la victoria.

Deja de pensar que nadie te quiere, mejor levántate pensando que algo bueno te sucederá, que alguien está pensando bendecirte y así será.

Hebreos 13:7 nos pide recordar a nuestros pastores, imitar su fe y considerar el resultado de sus conversaciones.
Esto nos hace reflexionar en lo importantes que son las palabras. Pueden levantarnos o hundirnos, por lo que debemos tener cuidado con lo que decimos y escuchamos. La vida se compone de acciones y palabras. Un hijo y un discípulo aprender del ejemplo y de los consejos, por eso es necesario que cuidemos lo que hacemos y decimos.

Dios espera que nos anticipemos a la victoria con nuestras palabras. Él, con Sus palabras anticipó la victoria de Josué y también la de Gedeón a quien le dijo: “Ve con esa tu fuerza y derrotarás a los madianitas”. Se refería a la fuerza que Gedeón expresaba con sus palabras, aunque eran de duda y temor. Si Dios con Su Palabra anticipa la victoria, nuestras palabras deben afirmarla.
Sus palabras y las nuestras deben ser las mismas. Por favor, no te anticipes a tu fracaso, habla sólo de victorias, sé tu mejor aliado porque suficientes enemigos tendrás que vencer como para ser tu propio verdugo. Debes decir: “Soy capaz, lo lograré, Dios está conmigo y yo también estoy de mi lado”.

Habacuc 3:17-19 nos da un buen ejemplo de un hombre que anticipa su victoria. Dice que se gozará en el Señor aunque la higuera no florezca, no den fruto las vides y olivos, y no haya ovejas o vacas. Dice: “Dios es mi fortaleza y me hace andar en MIS alturas”.
Este hombre habla de un probable futuro de escasez, pero su presente es de abundancia. Se anticipa a la crisis y dice que sin importar lo que deba enfrentar, siempre se gozará en Dios quien lo levanta. Al decir que lo hace andar en sus alturas, está afirmando que no nació para estar abajo, sino arriba. Hay pensamientos que te hacen creer que naciste para estar abajo, pero estás equivocado. No aplastes tus propias alturas, las que el Señor te ha otorgado. No hagas caso de las palabras que intentan hundirte. 

En otras palabras, Habacuc dice: “Aunque algo me falte -que no sucederá-,  me esforzaré en el Señor, me alegraré en Él y me levantaré”. ¡Eso es anticipar la victoria! Debemos  hablar de que tendremos alegría en medio de la crisis porque la tristeza seca los huesos, pero el gozo del Señor es nuestra fortaleza.
Gozarnos en cualquier situación no significa resignarnos y cantar, sino demostrar que estamos convencidos de que Sus promesas son más grandes que los problemas.

Cada vez que te sientas abatido, párate frente al espejo y repite el      Salmo 27:13-14:
Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes. 14 Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.                   “No desmayaré, me esforzaré y esperaré en Jehová”.
Además, expresa: “también confío en mí, porque Él confía en mí”. Las mejores palabras deben salir de tu boca, no para adularte, sino para motivarte. La fórmula para no desmayar es creer en Sus promesas, no en lo que ven tus ojos.
Deja de quejarte, entrégale tu vida al Señor para que te enseñe a confiar en Su Palabra y en tu capacidad de triunfar. Si Él está contigo, tú debes estar contigo porque juntos alcanzarán la victoria que han anticipado.
Descripción: https://feedads.g.doubleclick.net/~a/GF7iCZqGUW5MtBWODstbZzrS_DE/Og6vimZl8hplPhejZWc7KBmuFWs/1/piFilipenses 2:3-9”….; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a Él mismo;….sino que se despojó a sí mismo,…se humillo a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,”.
La humildad de Jesucristo, de como el Señor estimaba a los demás como superiores a Él mismo, de cómo se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y por esta humildad demostrada, Dios lo exaltó hasta lo sumo, esto quiere decir que aun cuando Jesús estaba capacitado en cualquier área más que cualquier persona, estimaba a los demás como superiores a Él mismo, es decir, si se daba el caso de que a alguien lo elegían en lugar de Él, simplemente lo aceptaba sin quejarse, lamentarse o revelarse contra la persona preferida, diciendo tal vez, pero si yo soy el hijo de Dios.
Lo que te quiero mostrar con esto es que cuando se elija a alguien en lugar de ti en cualquier área de la vida, puede ser que esto no sea una injusticia de la gente o del diablo, como es lo primero que se piensa generalmente en estos casos, sino que Dios te está enseñando a ser humilde, en la escuela de Dios la humildad no se aprende o se demuestra con conocimiento sino con hechos, si este ha sido tu caso, será que has reaccionado con humildad como Jesucristo o lo has hecho con quejas y amargura?.                             

Por todo esto es sumamente importante conocer la realidad de lo que Dios quiere o es su voluntad en cada situación que estés atravesando.
Tal vez hoy en tu trabajo, ministerio o entorno están las personas que se requieren para que tu crezcas a imagen y semejanza de Jesucristo, y esto lo ha permitido Dios.
El cristiano carnal (inmaduro) mira a un objeto o a una situación, pero porque no puede mirar a través de éste, se regocija o se deprime por lo que ve.
El hombre espiritual es capaz de mirar a través de las cosas como Dios las mira, y pensar en ellas como Dios piensa. Insiste en ver todas las cosas como Dios las ve, incluso si eso le humilla, y expone su ignorancia hasta el punto del sufrimiento “.
 1 Reyes 12. Cuenta como en los tiempos del rey Roboam hijo de Salomón, las diez tribus de Israel se rebelaron contra el rey, y mataron a Adoram que era la persona que el rey había puesto sobre los tributos, al ver esto el rey inmediatamente fue a Jerusalén y preparó un ejército de ciento ochenta mil hombres de las tribus de Judá y Benjamín para hacerle frente a los rebeldes, que era lo más lógico, es decir, lo que debía hacer un rey ante esa situación, pero, Semaías, le dijo al rey de parte de Dios que no saliera a batalla porque lo que estaba sucediendo Él lo había permitido por el pecado de su padre Salomón, y fue así como Roboam desistió de ir a pelear contra las diez tribus de Israel.
Imagínense la matanza que hubiera sucedido si Roboam no hace caso a la palabra de Dios sino a sus pensamientos, cuantas veces en medio de una situación desesperante hemos empeorado todo obrando de manera impulsiva sin esperar la dirección del Señor?, por esto es indispensable que nunca obremos de acuerdo a la lógica o a lo que nos parece correcto o bueno, sino que esperemos a que el Señor nos revele su voluntad y de esta manera siempre venceremos.
Pr.3:5Fíate de Jehová de todo tu corazón , y no te apoyes en tu propia prudencia”.

Los capítulos 30 (Job lamenta su situación actual) y 31 (Job reafirma su integridad) del libro de Job, fueron los últimos en los cuales Job en medio de su prueba habló quejándose y justificándose, pero, en los capítulos 38, 39, 40 y 41, Dios en medio de la gran prueba le habló a Job y le hizo entender realmente la situación, después que Job reconoció su ignorancia fue que Dios lo sacó en victoria de la prueba, Dios en medio de la tribulación no dejó a Job sólo con su confusión, sino que le habló mostrándole la verdad de su condición, y Job respondió a esto con arrepentimiento, sea lo que sea que estés pasando, Dios a través del Espíritu Santo quiere hablarte, darte su entendimiento para mostrarte la verdad acerca de tu situación, acuérdate que sus pensamientos son mucho más grandes que los tuyos y hay un final victorioso para tu circunstancia. Te repito que Dios quiere mostrarte que en realidad es lo que está pasando con tu vida,
Jeremías 33:3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te ensenaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.
Descripción: https://feedads.g.doubleclick.net/~a/GF7iCZqGUW5MtBWODstbZzrS_DE/Ys2AkIGA0efj9ONGAVaCr29CwJo/1/pi“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
Mateo
12:35

Cuando hablamos de la ley de la confesión estamos hablando de que nosotros fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios y Dios todo lo creó a través de Palabra. Entonces, ahora que somos hijos de Dios, tenemos que funcionar a la manera de Dios. Una forma de hacerlo es fluyendo en palabras. ¿Qué quiero decir? Por ejemplo, que para ir creando una familia bendita, una vida prospera y saludable tengo que declarar, confesar, palabras de fe sobre esa realidad que quiero vivir. En lugar de hablar mal de su esposo/a diga: mi esposo/a es el mejor, me honra, me bendice, es próspero, está bendecido. Eso es confesar en fe. Aunque usted todavía no lo esté viviendo, pero lo ve por la fe.

Algunos cristianos que entendieron esta ley, ya empezaron a fluir en fe en sus pensamientos, en su manera de hablar y no le dan lugar a la duda.
Eso es muy importante, porque si está hablando duda está formando a otra gente con duda también. La Biblia dice que si duda no piense recibir algo del Señor. Tiene que echar afuera la duda y alimentar la fe con la buena Palabra de Dios. Porque por la Palabra viene sabiduría divina a su vida.

Ahora, lo que le quiero dejar en esta oportunidad como enseñanza es que a través de su vida tiene que soltar la bendición de Dios que ha recibido en la vida de otros. Todo lo que usted hace sobre otros, los ayuda a formarse. Sabe que la Palabra de Dios tiene mucho poder.
Piense que si usted suelta palabras de bendición sobre la vida de alguien que se cree que no vale nada, que no sabe por qué vive esa palabra poderosa va a llegar hasta lo más profundo de su ser, como dice la Biblia y va a producir un efecto. Lo mismo pasa si usted trata mal a esa persona. Imagínese que daño tan grande le podría crear con tan sólo alguna palabra negativa que usted pudiera soltarle sobre su vida.

Por eso hoy lo invito a reflexionar sobre su forma de hablar ¿es de bendición para el que lo oye? ¿Es de bendición para su propia vida? Como hijos de Dios fuimos creados con la bendición para soltarla sobre la vida de otros y una forma de soltarla es hablándola. La Palabra de Dios es una bendición para la vida de la gente. Procure ser de bendición en todo tiempo y siga renovando su mente cada día con la Palabra de Dios. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas.

Oración: Padre, gracias por enseñarme a ser de bendición en la vida de otros. Miraré a mi alrededor y buscaré en todo tiempo ser de bendición a todo el que se me cruce en mi camino. En el nombre de Jesúcristo, amén.


miércoles, 29 de abril de 2015

66 - Buscando la paz en las relaciones personales

Del conflicto a la reconciliación

¿Cómo hacer las paces con un amigo, un hermano en la iglesia o con mi esposo/a después de una discusión? ¿Por qué a veces nos cuesta tanto? ¿Qué consejos nos da la Biblia en este tema?
Antes de considerar la práctica de la reconciliación, necesitamos unas reflexiones previas sobre la enseñanza bíblica en torno al enojo y la ira.

El enojo no siempre es pecado. De hecho hay ocasiones en las que el no airarse puede ser ofensivo para Dios. El silencio cómplice ante determinadas conductas desagrada profundamente al Señor. Se nos dice de Pablo que mientras andaba por las calles de Atenas «su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría» ( Hch. 17:16). Y ¿qúe diremos del mismo Señor Jesús cuando, indignado, «tomo un azote de cuerdas y volcó las mesas de los mercaderes en el templo» ( Jn. 2:13-16). Hay, pues, un tipo de ira que lejos de ser pecado expresa el enfado del creyente al contemplar el mundo con los ojos de su Señor. Es lo que podemos llamar una ira santa y justa.

¿Cuándo la ira se convierte en pecado? Pablo, por otro lado, nos da a entender que también es posible airarse sin pecar: «Airaos, pero no pequéis» ( Ef. 4:26). A la mayoría de nosotros nos hubiera gustado tener una lista de situaciones en las que podemos enfadarnos sin pecar, pero no se nos especifican. Es providencial que Pablo fuera muy inconcreto en este punto. Al apóstol no parecen preocuparle los tipos y causas de conflicto que llevan al enojo. Sin embargo, de manera inmediata puntualiza la condición para que el enojo no se convierta en pecado:
«No se ponga el sol sobre vuestro enojo» ( Ef. 4:26). En otras palabras, la ira llega a ser pecado cuando no va seguida de una pronta reconciliación, «antes que se ponga el sol». Nadie debe acostarse con el corazón dominado por la ira. Ello es así porque el enojo guardado es el primer paso hacia el odio y ambos juntos crean un caldo de cultivo idóneo para la amargura. Y esta tríada es instrumento favorito del diablo para destruir relaciones de todo tipo, desde un matrimonio hasta la comunión fraternal en la iglesia. Tanto el odio como la amargura necesitan de la «célula madre» que es el enojo prolongado. Por esta razón Pablo señala como vital que «el sol no se ponga sobre nuestro enojo».
Tener, pero no retener la ira. Ningún creyente debe hacer «conserva» de resentimiento en su corazón. ¡Qué triste es cuando dos personas se echan en cara agravios u ofensas después de largo tiempo, incluso años!: «Tal día hace cinco años me dijiste o hiciste algo que me enojó mucho».
El hábito de hacer la paz, perdonarse y volverse a acercar con prontitud, si es posible antes de que acabe el día, es la mejor manera de prevenir separaciones, divisiones y luchas en todos los ámbitos, en especial la familia, el matrimonio y la iglesia, pero sin olvidar nuestras relaciones laborales y sociales. Merece la pena invertir esfuerzos en esta exhortación del apóstol, no sólo por sus efectos balsámicos en las relaciones, sino sobretodo porque ésta es la voluntad de Dios para todo cristiano que quiere imitar a su Señor.

¿Cómo saber la salud de una relación? En esta línea, debemos afirmar que la salud de una relación, el matrimonio, no se mide tanto por lo mucho o lo poco que discuten o se enojan las dos partes, sino por el tiempo que tardan en reconciliarse. Este es el termómetro más fiable: ¿Cuánto tiempo tardan en resolver sus discusiones y enfados? Si son capaces de hacerlo pronto, esta relación tiene un fundamento excelente aunque la frecuencia de sus «chispas» haga pensar lo contrario. Si tardan días o semanas en hacer la paz, la relación se está envenenando con la peor ponzoña: el enojo almacenado que lleva al desprecio del otro, a la frialdad y, finalmente a la muerte de la relación.
Conozco casos de matrimonios que han estado dos años sin dirigirse la palabra. Esta forma de reaccionar nos lleva de forma natural a considerar los pasos prácticos para lograr la reconciliación.

La puesta en práctica: Pasos hacia la paz

Vamos de nuevo a buscar la base bíblica, fuente de nuestra instrucción, para abordar este punto crucial. Seguimos con Pablo, esta vez en Ro. 12, capítulo antológico en el que se nos muestra cómo las nuevas relaciones de aquel que ha nacido de nuevo deben estar marcadas también por actitudes nuevas, algunas de ellas verdaderamente revolucionarias:
«No paguéis a nadie mal por mal... Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios. Así que si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal» ( Ro. 12:17-21).
Un paso previo: evitar la venganza. «No os venguéis. Vence con el bien el mal».
El paso inicial para la reconciliación es el autocontrol que nos permite detener nuestro impulso natural de devolver mal por mal. Esta actitud, tan arraigada en el corazón humano, es venganza. No debemos limitar el concepto de venganza a sus formas más graves como la violencia planificada o el homicidio. Estas formas extremas sólo se ven en casos excepcionales.
La venganza puede ser mucho más sutil. De hecho, es una reacción casi espontánea de nuestra naturaleza caída.
La observamos incluso en los niños: «¡Cuándo te agarre !» o «me las pagarás» son frases bastante habituales en el vocabulario infantil. En sus formas «menores» todos hemos caído alguna vez en la venganza, que es -en esencia- devolver mal por mal.
Esta reacción es un obstáculo para restaurar una relación. Si quieres la paz, no te dejes dominar por tu ego ofendido o tu dignidad herida. Ciertamente no es nada fácil. Nuestro primer impulso es: «Sus palabras (actos) me han hecho mucho daño y esto no lo olvidaré nunca». Esta reacción es comprensible en un primer momento porque expresa el dolor de una herida; pero enseguida debe dar lugar al dominio propio, a evitar la «explosión». La palabra de Dios está llena de consejos al respecto, en especial en el libro de Proverbios:
«El necio al punto da a conocer su ira; mas el que no hace caso de la injuria es prudente» ( Pr. 12:16); «El que fácilmente se enoja hará locuras» ( Pr. 14:17); «La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa» ( Pr. 19:11).
Este dominio propio que no se deja arrastrar por la venganza y que auto controla las explosiones de ira aun cuando tiene razón no es de origen humano sino divino. Para conseguirlo no bastan nuestros esfuerzos o una férrea voluntad; es sobrenatural porque viene de Dios ( 2 Ti. 1:7) y es una parte del fruto del Espíritu. No se nos pide, por tanto, luchar con nuestras propias fuerzas, sino con la ayuda poderosa del Señor , ejemplo supremo de persona «mansa y humilde» quien fue ofendido y humillado mucho más de lo que puede serlo cualquiera de nosotros (recordemos, por ejemplo Is. 53).
Evitar la venganza supone también renunciar a toda actitud o conducta destructiva, sobre todo de formas aparentemente inocuas, como la indiferencia. Frases como: «Para mí esta persona ha muerto» son formas de venganza impropias del cristiano. Del escritor irlandés G. Bernard Shaw son estas palabras que podemos hacer nuestras: «El peor pecado contra el prójimo no es odiarle, sino mostrarle indiferencia».
Una de las experiencias más tristes que recuerdo una pareja cristiana se había separado y luchaba por la custodia de sus hijos. Nunca olvidaré el día de la visita, cuando los ex esposos tuvieron que verse las caras: las acusaciones, las calumnias y, sobre todo, el odio que podía leer en sus ojos me produjeron una memorable impresión. ¿Cómo es posible que dos personas, supuestamente cristianas, que un día se amaron y se prometieron fidelidad eterna, lleguen a odiarse tanto? ¡Cuán cierto es que en todas las guerras sólo hay perdedores y derrotas!

 

El camino hacia la reconciliación

Una vez ha surgido la discusión y estamos enfadados, ¿cómo podemos llevar a la práctica el consejo de arreglarlo lo antes posible? A continuación doy siete sugerencias a modo de orientación.
La lista, por supuesto, puede ser mucho más larga, pero menciono estos pasos concretos porque me ha sorprendido gratamente comprobar cómo su puesta en práctica ha tenido unos efectos sorprendentemente positivos en centenares de personas con problemas de relación. Muchas veces fallamos en lo más básico, pero es en lo básico -en la base- donde se encuentra el fundamento que sostiene el edificio. De ahí la importancia de empezar por lo que parece sencillo.
1.- Toma la iniciativa. No esperes que sea el otro quien lo haga, aunque creas que tienes tú toda la razón y que es el otro quien te ha ofendido. No digas: «ya vendrá él/ella si quiere». Dar el primer paso cuesta mucho, pero es una forma muy práctica de devolver bien por mal, una de las marcas distintivas del cristiano. A veces el esfuerzo parece inútil, sin resultados, pero Pablo nos dice que «haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza» ( Ro. 12:20)
2.- Cuida las formas. Cuando dos personas están enojadas, los gestos y las detalles son muy importantes porque influyen mucho en el resultado final. Ello es así porque permiten crear el ambiente propicio para la paz. Por ejemplo:
*.- Procurad hablar siempre sentados. Se ha comprobado que estar de pie aumenta la agresividad (por ello no hay actualmente localidades de pie en los campos de fútbol)
*.- Cercanía física. En la medida que la relación lo permita ( matrimonio, padres e hijos etc.) acercaos físicamente. Cuanto más cerca, más probable es que puedas mirarle a los ojos y descubrir en el otro un tú lleno de sentimientos y necesidades. La mayoría de peleas se acabarían en el momento en que fuéramos capaces de ver en el tú a un ser humano por quien Cristo murió y no un enemigo objeto de mi ira. En el caso de los matrimonios, el hablar tomados  de la mano es la máxima expresión de lo que decimos.
3.- Preparación: oración y silencio. Antes de empezar a hablar para solucionar el conflicto, orad juntos, en voz alta si es posible. La oración tiene un poder extraordinario para cambiar nuestras actitudes y nuestros estados de ánimo ( Fil. 4:6-7). De la misma manera, un breve momento de silencio, dos-tres minutos, aquieta el espíritu para iniciar la conversación.
4.- «Prohibido» chillar e insultar. Hablad en el tono de voz más suave posible. El volumen de la voz es inversamente proporcional a las posibilidades de reconciliación; cuanto más se chilla, más difícil es llegar a acuerdos. El levantar la voz, aumenta la agresividad, y a la inversa: «la blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor» ( Pr. 15:1.
Ver también Pr. 25:11) igualmente, evita las palabras ofensivas, la descalificación personal. Ningún desacuerdo, por grave que sea justifica insultar al otro o faltarle al respeto.
5.- Las palabras fruto de la ira apenas tienen valor. Este es un punto importante: cuando uno está muy enojado, las palabras no expresan lo que de verdad hay en su corazón o en su mente, sino sólo el sentimiento de ira del momento. Es un hecho conocido que la ira ofusca la mente, obceca hasta la enajenación en casos extremos. Esta realidad es bien conocida por jueces y psicólogos.
Por consiguiente, la creencia popular de que «cuando uno está enfadado dice lo que de verdad lleva dentro» es errónea y de consecuencias nefastas, porque se suele hacer un «museo» con estas desdichadas palabras que se guardan durante años. Nunca prestes demasiada atención a las palabras dichas en medio de una pelea.
6.- Busca la paz, no que te den la razón. Muchas personas se acercan al otro después de una discusión con un enfoque judicial. Aun sin darse cuenta, lo que buscan es que se les dé la razón o que se les desagravie. Si surge la disculpa o la petición de perdón, tanto mejor, pero ello no siempre es posible porque en muchos motivos de discusión, más de los que imaginamos, ambos tienen su parte de razón. Simplemente ven las cosas desde puntos de vista diferentes. Una realidad universal es que no todos vemos la misma realidad de igual manera. En estos casos es importante ponerse de acuerdo en que están en desacuerdo. De ahí nuestra última sugerencia.
7.- Escucha de verdad y ponte en el lugar del otro. ¿Por qué digo escucha «de verdad»? La inmensa mayoría de veces, en medio de un enfado, lo máximo que hacemos es oir al otro, pero raras veces le escuchamos. Escuchar implica un esfuerzo por entender sus reacciones, por qué habrá dicho o hecho tal cosa, qué razones o explicaciones puedo encontrar a su forma de actuar. Cuando este esfuerzo es mutuo, la paz viene sola.
A pesar de todo ello, no siempre es posible «ventilar el tema» el mismo día, antes de acostarse. A veces, incluso es preferible no hacerlo porque alguna de las dos partes está muy encendida y el fuego puede volver a avivarse si retoman el asunto demasiado pronto. Ya sea por razones de temperamento o por la naturaleza del problema en cuestión, en ocasiones es mejor «dormir sobre el asunto», dejarlo enfriar. En este caso, lo ideal es intentar hablar de nuevo al cabo de uno o dos días. Muchas veces descubrirán con sorpresa que ya no necesitan hacerlo porque el problema no les afecta tanto. ¿Qué ha ocurrido? Al apagarse el enojo, el problema motivo de la discusión ha quedado reducido a su tamaño real, mucho menor del que parecía tener horas antes. Sí, los sentimientos negativos, en este caso la ira (ocurre también con la ansiedad, la tristeza y otros sentimientos) siempre nos hacen ver los problemas mucho mayores de lo que en realidad son.
Estas sugerencias son como semillas. Su siembra paciente, realizada con humildad y espíritu de oración, es terreno bien abonado para que el Señor de nuestras relaciones las haga fructificar.
Puede llevar su tiempo, como toda siembra, pero no te desanimes porque hay alguien aun más interesado que tú en derribar muros de separación: el Señor Jesús, cuyo ejemplo nos inspira y cuya gracia nos fortalece en la debilidad.


martes, 31 de marzo de 2015

LOS SUFRIMIENTOS DE NUESTRO SEÑOR
[LOS ACONTECIMIENTOS CRONOLÓGICAMENTE ORDENADOS DESDE:]
LA ÚLTIMA CENA
HASTA SU ENTIERRO:
CAPÍTULO NUEVE DE
“JESUCRISTO NUESTRA PASCUA”
Por Victor Paul Wierwille

Los acontecimientos de los días decimotercero y decimocuarto del mes de Nisán están documentados con mayor detalle que cualesquier otros dos días en toda la Palabra de Dios. Solamente esto debería demostrarnos la vital necesidad de dividir correctamente estos registros con minuciosa exactitud. Si Dios pensó que estos dos días eran lo suficientemente importantes como para merecer registrarlos con tantos detalles y tan minuciosamente, entonces seguramente podemos considerarlos lo suficientemente importantes como para merecer nuestra cuidadoso escrutinio. No vamos a ver que la Palabra de Dios encaja si estiramos información o ignoráramos detalles o decimos: “¿Cuál es la diferencia?” A estos dos días se debe dar una cuidadosa y completa exanimación porque están llenos de algunos de los eventos más importantes de todos los tiempos.

En los tres previos capítulos, hemos estudiado a detalle los acontecimientos de los días  decimotercero y decimocuarto del mes de Nisán. Debido a que cada estudio fue tan extenso, este capítulo repasará los acontecimientos de estos dos días, poniendo especial énfasis en los padecimientos sufridos por nuestro señor y salvador, Jesucristo.

El día trece de Nisán comenzó con la última cena y terminó en la sala del juicio.* Al momento de caer el atardecer del lunes doce, la última cena comenzó. Hay buenas razones para creer que la ubicación de esta cena fue Betania. También sabemos que esta última cena no era la cena de la Pascua, ya que esta ocurrió unas cuarenta y ocho horas antes de lo que estaba programada ser comida la cena de la Pascua. Además de los doce apóstoles, otros discípulos estaban presentes probablemente. La cena incluyó una enseñanza de Jesús acerca del servicio, demostrada con el lavado de los pies de los discípulos.** En este punto, Jesús sabía que ésta sería su última comida. Él le dijo a los presentes que uno de los doce apóstoles lo traicionaría. Más tarde, le dijo a Judas que él sería quien lo haría. Aunque a él le había sido dado el pan mojado o bocado especial, denotando gran honor y amistad, Judas se fue para llevar a cabo su plan de traición. También en esta comida, Jesucristo instituyó la “santa comunión”. Después de que los comensales terminaron de comer, él predijo que Pedro lo negaría; les dio el mandamiento concerniente al amor y les enseñó grandes verdades sobre la paz de Dios y el futuro; y les enseñó sobre la venida del consolador, el don de espíritu santo. Cantaron un himno de alabanza y se fueron al monte de los Olivos. Su destino era un lugar familiar, el Huerto de Getsemaní.
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*En las tierras bíblicas, los días finalizaban y comenzaban con la puesta del sol, y no a la media noche como en occidente. [Nota de traductor].
** En las tierras del oriente, los caminos y calles estaban llenos de polvo, y ellos usaban sandalias, por lo cual, al llegar a una casa, el sirviente considerado como de mas bajo rango, se encargaba de lavar los pies a quienes llegaban. Entonces Jesús hizo la tarea considerada más baja en muestra de servicio y humildad. [Nota de traductor].



Durante esta caminata hasta llegar al Huerto, Jesús habló sucesivamente las magníficas verdades de Juan 15 y 16. Se detuvo y oró la tremenda oración del capítulo diecisiete de Juan. Él les enseñó acerca de los lazos de unión entre Dios y ellos, del futuro, acerca del poder que se les estaba delegando, y de su muerte. También durante este recorrido, en dos ocasiones declaró que Pedro lo negaría, mientras que Pedro persistentemente insistió en que él permanecería firme por Jesús mientras él enfrentaba todas las dificultades.

Finalmente, Jesús y sus discípulos llegaron al Huerto de Getsemaní. Allí, mientras sus discípulos se quedaron dormidos, Jesús oró fervientemente en tres diferentes ocasiones. Ya que Jesús puso todo su corazón y alma en la oración, su sudor era profuso. En su oración pidió a Dios si era posible encontrar alguna otra manera de cumplir el propósito de Dios sin el sufrimiento y la muerte agonizante que Jesús iba a enfrentar. Después de tres oraciones, se estableció la respuesta final y completa: no había otra forma posible para cumplir el propósito de Dios sino a través del sufrimiento y la muerte agonizante que Jesús debía encarar. Después de tres oraciones, la respuesta final y completa fue establecida: no había otra manera. Jesús debía pasar por la serie de acontecimientos que ocurrirían como le habían sido revelados.

En este punto de la tarde-noche, cientos de soldados romanos armados, oficiales de la guardia del Templo levítico y líderes religiosos indignados llegaron al Huerto. Ellos quedaron impresionados por el aplomo de Jesucristo, por su conducta valiente cuando él salió al encuentro de ellos para preguntarles a quién buscaban. Los soldados que habían hecho el cuestionamiento, retrocedieron y cayeron a tierra. Judas se acercó y besó a Jesús con la esperanza de engañar a los discípulos mientras  secretamente mostraba a los soldados quién era el hombre que debían arrestar. Jesús, sin embargo, no fue engañado. En la confusión y tensión del momento, Pedro sacó su daga y cortó la oreja a Malco, un siervo del sumo sacerdote. Jesús exigió a Pedro que detuviera su lucha y se volvió a Malco y realizó un milagro de sanidad, restaurando su oreja. Jesús reprendió a los que lo arrestaron, y después se entregó a los soldados. Mientras los soldados lo llevaban, los discípulos se dispersaron.

Jesús fue entonces llevado al palacio del sumo sacerdote, donde por primera vez se presentó ante Anás. Mientras tanto, Pedro le había seguido y había conseguido, con la ayuda de un discípulo influyente, entrar en el patio interior de este palacio. Este discípulo había usado su influencia para convencer a la joven portera que dejara entrar a Pedro. De pronto, esta portera preguntó a Pedro si él era uno de los discípulos de Jesús. Pedro lo negó. Mientras Jesús estaba ante Anás, el sumo sacerdote comenzó a interrogarlo y Jesús respondió con emociones ecuánimes y con denuedo. Indignado por un desafío dado al sumo sacerdote por Jesús, un oficial que estaba cerca lo golpeó con una vara delgada, este fue el primer golpe de muchas palizas que recibiría Jesús antes de su crucifixión.

De Anás, Jesús fue llevado ante Caifás. En este momento dos eventos notables ocurrieron simultáneamente. Mientras Jesús estaba en el palacio frente a Caifás, Pedro estaba fuera, en el patio de la corte enfrentando una serie de acusaciones.

Cuando Jesús fue llevado ante Caifás, se enfrentó no sólo Caifás, sino a los principales sacerdotes y a todo el Sanedrín reunido allí también. Este juicio estuvo lleno de ilegalidades. Comenzó a altas horas de la noche, una hora ilegal para una reunión de este tipo. Los sacerdotes y el Sanedrín buscaron y utilizaron ilegalmente testigos falsos en un intento de incriminar a Jesús. Finalmente, el mismo sumo sacerdote interrogó a Jesús. Cuando le oyeron decir que él era el Mesías, porque dijo que él un día se sentaría a la diestra de Dios, Caifás rasgó su manto sacerdotal mostrando ira y acusó a Jesús de blasfemia.

El Sanedrín, siguiendo el liderato de Caifás, juzgó a Jesús culpable y pidió la pena de muerte. Una vez hecho esto, el sumo sacerdote, los jefes de sacerdotes, los escribas y los ancianos comenzaron a torturar a Jesús: escupieron en su rostro; pusieron una funda sobre su cabeza para que no pudiera ver, y comenzaron a golpearlo repetidamente en la cara y el cuerpo con los puños, con varas y látigos; le dieron una paliza muy intensa, abriéndole heridas terribles. Mientras lo golpeaban en la cabeza, lo escarnecían para que profetizara quien lo estaba golpeando. Ellos se estaban burlando de que él era un profeta a través de desafiarlo a identificar a sus invisibles atacantes.

Mientras tanto, Pedro estaba todavía en el patio de la corte, cansado, asustado y atribulado. En él fue creciendo cada vez más el miedo a las personas a su alrededor. Mientras estaba sentado junto al fuego, una joven se acercó y lo acusó directamente de haber estado con Jesús. Pedro, temblando, lo negó, por segunda vez. Después de un rato un hombre se acercó y lo acusó de ser uno de los discípulos. Pedro negó a Jesús por tercera vez. Pedro volvió a la entrada del patio y un gallo cantó. Pedro estaba nervioso por causa de los que lo habían acusado, ya que estaba en medio del territorio enemigo y no quería ser atrapado. El cuarto acusador fue otra doncella que cuidaba la puerta. Ella lo acusó de haber estado con Jesús (quien en ese momento estaba siendo golpeado en el interior del palacio). Con un juramento, Pedro aseguró que no conocía a Jesús y regresó al fuego en el patio. En poco tiempo, varios de los que estaban en el fuego, sospechosamente comenzaron a acusarlo de ser uno de los discípulos galileos de Jesús. Juramentando y maldiciendo, Pedro juró que no conocía a Jesús. Muy pronto un hombre que lo había visto en el Huerto de Getsemaní intervino reconociéndolo y confiadamente lo acusó. Pedro negó a Jesús por sexta vez y oyó el gallo cantando una segunda vez mientras todavía hablaba su negación final. Con eso, él levantó su mirada y vio el rostro golpeado de su maestro. Los ojos de Jesús y Pedro se encontraron en un momento lleno de emociones que ninguna palabra podría describir jamás adecuadamente. Recordando las profecías de su señor hechas sólo unas pocas horas antes y viendo a su maestro tan gravemente desfigurado, Pedro salió en llanto del patio a la calle. A este punto ya era temprano por la mañana, aproximadamente  la 1:30 a.m. En cuanto a lo que ocurrió entre este momento y el amanecer, la Palabra de Dios guarda silencio.

Al amanecer, los sacerdotes y el Sanedrín se reunieron de nuevo para interrogar a Jesús, de acuerdo al requerimiento legal de dos juicios que se debían hacer para delitos capitales. Este aparente juicio también fue una farsa, aunque tenía la pretensión de parecer oficial. Ellos presentaron las mismas preguntas y acusaciones que habían usado unas horas antes. Jesús dio sin vacilaciones las mismas respuestas. Los acusadores del juicio fueron contundentes: este hombre debe morir. Con esto, Jesús fue llevado ante el gobernador romano de Judea, Poncio Pilato.

Ante Pilato, los líderes religiosos presentaron una versión distorsionada de su acusación con el fin de convencerlo. Pilato interrogó a Jesús y no encontró ninguna falta en él. Pilato quería soltar a Jesús, pero los líderes religiosos persistieron. Pilato finalmente encontró alivio para él cuando escuchó que Jesús era galileo. Con esto, Pilato convenientemente tenía una excusa para enviar a Jesús a Herodes, el tetrarca de Galilea. Los líderes religiosos siguieron a Jesús mientras él era llevado ante Herodes.

Herodes se encontraba en Jerusalén aquel día. Al ver al famoso Jesús, él burlonamente le pidió que hiciera un milagro. Los líderes religiosos fueron vociferantes en sus acusaciones. Al no recibir respuesta de Jesús, Herodes y sus soldados lo trataron con desprecio. Lo vistieron adornado con vestiduras reales como si fuera un rey y lo regresaron a Pilato. Por el hecho de ambos haber estado involucrados en el caso de Jesús, Pilato y Herodes se hicieron amigos por primera vez.

Entre tanto, Judas había llegado a estar muy perturbado por esta cadena de acontecimientos. Él regresó al templo para traer las treinta piezas de plata, el dinero de la traición, de vuelta a los sacerdotes y ancianos. Ellos lo rechazaron porque era “dinero de sangre”. Judas, muy angustiado, arrojó el dinero en el Templo y se fue, ahogado por sus emociones y el dolor. Él podía deshacerse del dinero que le había sido dado por traicionar a Jesús, pero él no podía borrar lo que había hecho. Los sumos sacerdotes y los ancianos tomaron el dinero de Judas. Pero ya que no podían poner “dinero de sangre” en el tesoro del templo, lo utilizaron para comprar un terreno para sepultar extranjeros.*

Mientras esto ocurría, Jesús había sido devuelto de Herodes a Pilato. Una vez más, Pilato preguntó a Jesús si él era un rey. Jesús estuvo de acuerdo en que lo era. Entonces, a medida que los líderes religiosos comenzaron a bombardearlo con acusaciones, Jesús no respondió. Tampoco respondió a Pilato. Pilato estaba completamente asombrado por este Jesús de Nazaret. Se dio cuenta de que los líderes religiosos estaban tratando de deshacerse de Jesús por envidia, pero aun así tuvo miedo de ir en contra de sus deseos. Pilato decidió que expondría al pueblo el problema de qué hacer con Jesús.

Al involucrar a la gente, Pilato pensó que conseguiría apoyo para la liberación de Jesús. Cuando los líderes religiosos y la gente estuvieron reunidos ante de Pilato, clamaron por la liberación de un preso, de acuerdo a la costumbre de liberar a un preso en la Pascua. Pilato les dio a elegir: Jesucristo, o un asesino y revolucionario llamado Jesús Barrabás. En este punto, Pilato estaba cada vez más perturbado e inextricablemente atrapado en una telaraña de emociones. En un momento crucial y embarazoso, su propia esposa le advirtió que dejara ir a Jesús. Pero el pueblo, influenciado por los líderes religiosos, pidió la liberación de Barrabás. Pilato ofreció azotar a Jesús y dejarlo ir. Pero la multitud insistió en que Barrabás fuera libertado, y no Jesucristo.

Turbado, Pilato regresó a la sala de juicio. Era ahí que tenía a Jesús flagelado. Jesús fue brutalmente azotado por los soldados romanos con un látigo que tenia huesos o metal en el extremo de la correa. Los efectos de tal castigo son descritos por el salmista.

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*Para más detalles sobre Judas, leer capítulo 16 de “La Biblia me lo dice” por V.P. Wierwille.



Salmos 129: 2 y 3:
Mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no prevalecieron contra mí.
Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos.

Al ser azotado de esta manera, el hombre condenado era despojado de sus ropas y atado a un tronco-estaca. Los azotes en su espalda desnuda excavarían horriblemente su carne, literalmente expondrían sus costillas y vértebras. Los grandes y horribles verdugones serian levantados de su cuerpo como hileras de carne aradas sobre su espalda. El sangrado debió ser profuso. Los soldados de Pilato también lo golpearon de nuevo con sus varas y colocaron una corona de espinas sobre su cabeza.

Debemos recordar que no existe un registro de que Jesús pudiera dormir entre el momento de su detención (o incluso durante algún tiempo antes de ésta) hasta el momento de su muerte. Sus discípulos estaban ya demasiado cansados para orar con él en el momento de su arresto. Piense en lo cansado que Jesús debió estar por el tiempo que compareció ante Pilato. Tal fatiga aumenta la sensibilidad de una persona al dolor.

Pilato entonces puso una prenda exterior púrpura a Jesús, posiblemente un manto. Habiendo sido tan gravemente azotado, Pilato le presentó burlonamente ante de la gente como un rey, como un hazmerreír. Pilato esperaba que el ver la multitud al hombre en esta condición podría causar que se compadeciesen de él y pidieran su liberación.

Con el rostro ensangrentado, Jesús fue deshonrado, en un espectáculo público. Pilato  dijo: “¡He aquí el hombre!” Uno se pregunta que tanto Jesús se asemejaba a un hombre en ese momento. Mucho antes, Isaías había profetizado la extrema desfiguración física que el Mesías sufriría.

Isaías 52:14:
…su apariencia, desfigurada, perdió toda la forma de un hombre, su belleza cambió más allá de la apariencia humana [Nueva Biblia Inglesa].

Jesucristo fue molido de tal manera que fue cambiado más allá de la apariencia humana. A pesar de la estratagema de Pilato para ganar la simpatía por Jesús, la respuesta de la multitud, de nuevo bajo la influencia de los líderes religiosos, fue que crucificaran a Jesús. Con esto, Pilato volvió a entrar al Pretorio e interrogó a Jesús por última vez. No sirvió de nada. Él no encontró manera de convencer a la gente para que pidieran la liberación de Jesús. Pilato intentó apelar una vez a más a la multitud. Aunque estaba desesperado en su deseo de soltar a Jesús, Pilato temía ir en contra de los deseos de la multitud. La multitud se burló de su posición como gobernante romano aguijoneándolo por haber exhibido a Jesús como rey en contra del reinado de César, insinuando así, que Pilato estaba permitiendo que Jesús cometiera traición. Esta fue una presión insostenible para Pilato. La multitud se impuso. Para entonces, ya era el mediodía del martes.

Después de complacer a la multitud, Pilato se lavó las manos, en un acto simbólico para librarse de la responsabilidad de la muerte de Jesús. Él puso la responsabilidad sobre los judeanos –quienes rápidamente la aceptaron. Aunque la ejecución se llevó a cabo por los soldados romanos de Pilato, en un análisis final, los líderes religiosos de Judea fueron los responsables de la muerte del Señor Jesucristo. Pilato cedió ante la presión que le pusieron encima. Las acciones contradictorias y desesperadas de Pilato lo hicieron una de las personalidades más interesantes de este registro.

Después de esto, Pilato envió a Jesús a la sala de juicio (llamada el Pretorio) con los soldados en la tarde del día trece de Nisán. Poco se sabe acerca de lo ocurrido desde entonces hasta la mañana siguiente. Lo que está registrado, habla de horrendas torturas. Pilato mandó azotar brutalmente a Jesús de nuevo. En el Pretorio, una corte de seiscientos soldados se reunieron para burlarse y torturarlo un poco más. Ellos desnudaron a Jesús de nuevo. Cada vez que él era despojado de sus ropas, la sangre seca y las costras debieron adherirse a ellas, y debieron ser arrancadas causando gran dolor. Ellos burlonamente lo vistieron con ropa real púrpura y con un manto militar escarlata. Después de trenzar una segunda corona de espinas, los soldados sin piedad la presionaron en su cuero cabelludo y pusieron una caña en su mano como si fuera un cetro real, y comenzaron a inclinarse burlonamente ante él como si fuera un rey. Entonces le escupieron, tomaron la caña y comenzaron a golpearlo en la cabeza con ella. Cada golpe encajaba las espinas en la cabeza con un dolor agonizante. Las heridas en la cabeza son conocidas por sangrar profusamente. Cada prenda que le pondrían, debió estar manchada y empapada con la sangre. Mientras que la sangre se acumulaba en su cuero cabelludo, su pelo debió llegar a estar  grotescamente enmarañado. Junto con la tortura, la burla continuó.

Por la mañana, los soldados le pusieron sus ropas de nuevo, renovando una vez más el dolor y el sangrado al cambiarlo de ropa. Luego lo arrastraron fuera de la sala de juicio. Para entonces, era dudoso que él fuera capaz de caminar por su propia cuenta.

Mientras los soldados abandonaban el Pretorio, ellos escogieron a un hombre que pasaba por ahí llamado Simón de Cirene. Los soldados lo obligaron a llevar la cruz que Jesús no pudo haber tenido la fuerza para cargar. Estaba tan débil y tan apaleado que difícilmente podía mantenerse en pie, y mucho menos llevar una cruz. Los soldados tuvieron que llevarlo hasta el Gólgota.

Pasando por las calles de Jerusalén, la multitud vio a un hombre completamente maltratado, a uno que era una masa sanguinolenta totalmente abatida, él era carne desgarrada; uno que no tenia mas apariencia humana; uno que era difícilmente reconocible como un hombre; uno que había sido apaleado salvajemente con látigos y varas, machacado con puños, esposado con plantas de palmas, y repetidamente golpeado con palos; uno que tuvo el rostro y la cabeza cubiertos y golpeados salvajemente mientras se burlaban de él para que nombrara a sus agresores que no podía ver; uno que tuvo sus costras secas repetidamente arrancadas por aquellos que cambiaron sus vestidos para burlarse de él; uno que soportó dos coronas de espinas colocadas en su cabeza, y que al menos una de las cuales fue incrustada en su cuero cabelludo; uno que, enfrentando toda esta tortura física, fue acusado e interrogado de manera totalmente ilegal, infundada e implacable; uno que fue escupido repetidamente, vestido y desvestido por otros a su voluntad, exhibido como el “rey” de los tontos ante una multitud que clamaba por su muerte, y uno que recibió burlas como el “rey” de los tontos por cientos de soldados que lo torturaron.

Este es el hombre por quien la multitud se alineó ese día en las calles de Jerusalén para verle pasar. Este es el hombre a quien los soldados llevaron al Gólgota esa mañana del miércoles, con una falsa acusación escrita y exhibida sobre él. Este fue nuestro amado salvador. Este fue nuestro Cordero Pascual. Él fue el último, concluyente y definitivo sacrificio. Este fue el hombre que no había hecho otra cosa sino amar a la gente, sanar a la gente y declarar la verdad de Dios. Este fue el hombre que podría haber convocado a más de 72.000 ángeles para ser librado en cualquier momento, pero en contraste, escogió cargar el más terrible dolor y humillación. Este fue el hombre que hizo todo esto porque nos amó desmedidamente a usted y a mí. Este fue el unigénito Hijo de Dios.

Mientras los soldados arrastraban a Jesús hasta el Gólgota, él consiguió virar la cabeza hacia algunas mujeres entre la multitud. En lugar de inspirarles compasión, les declaró la verdad de lo que iba a ocurrir. La tremenda habilidad de Jesús para tener su mente centrada en la Palabra de Dios en todo momento, en cualquier circunstancia, es asombrosa.

Dos malhechores fueron llevados al Gólgota al mismo tiempo que Jesús para ser crucificados. Cuando se acercaron al Gólgota, un poco de vino y mirra le fueron ofrecidos, pero él se negó a beberlos. Estas bebidas se ofrecían normalmente como analgésicos para la víctima, pero Jesucristo eligió soportar y cargar el dolor y la agonía plenamente por nosotros.

Al llegar al Gólgota se le ofreció una segunda bebida. Era un vino barato mezclado con hiel, otro analgésico. Él lo probó, pero de nuevo se negó a beberlo. Al ser crucificado en el Gólgota, se cumplió la ley de matar el Cordero Pascual fuera de las puertas de la ciudad.

Entonces los soldados clavaron a Jesús en la cruz, con los dos malhechores en cruces a cada lado de él. Era alrededor de las 9:00a.m. Los soldados que custodiaban la cruz de Jesús le quitaron su ropa exterior. La rasgaron en cuatro partes, repartiéndola a cada uno de los cuatro soldados presentes. Después tomaron su túnica sin costuras y apostaron para quedarse con ella. Una vez más, la multitud burlona incitada por los líderes religiosos, comenzó a escarnecerlo. Ellos desafiaron a Jesús para probarse que era el Mesías bajándose del madero. Burlándose de él, los soldados le ofrecieron otra copa de vino barato. Los soldados se sentaron y observaron a Jesús. La acusación escrita en tres idiomas, ordenada así por Pilato, se colocó sobre su cabeza en la cruz. Mientras uno de los malhechores le insultaba, el otro le habló amablemente y creyó. Para este último, Jesús se viró y le prometió un paraíso futuro.

Entonces dos hombres más, unos ladrones, fueron traídos para ser crucificados con los tres que habían sido crucificados antes. Ahora había cinco crucificados.

Las injurias continuaron. Desde el mediodía hasta las 3:00pm hubo tinieblas sobre la faz de la tierra. Luego, con un grito de triunfo, Jesucristo exclamó: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Para este propósito fui reservado!” Su propósito era el cumplimiento de nuestra redención. Fue un grito de victoria en medio de lo que parecía ser una derrota total.*
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*Para más información sobre este grito de victoria, leer el capítulo 12 de “Poder para la vida abundante”, de V.P. Wierwille. [Nota de traductor].


La endurecida y escéptica multitud entendió mal a Jesús pensando que llamaba a Elías. Uno de ellos corrió, empapó una esponja con vino, la puso en una caña y la levantó, ofreciéndola a Jesús. Esta fue la cuarta bebida que se le ofreció.

Durante sus últimas horas en la cruz, Jesús con gran claridad mental y consideración encargó a su madre al discípulo a quien él amaba. Entonces él finalmente pidió algo de beber con la breve declaración: “Tengo sed”. Uno de sus amigos o de uno de sus familiares, con el uso de algún hisopo, acercó una bebida a los labios de Jesús.

Entonces él clamó: “¡Consumado es!” Él había terminado la obra que Dios le había enviado a hacer. Con eso él dijo a gran voz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Él inclinó la cabeza y entregó su vida. Después de aproximadamente cuarenta horas de tortura física y mental incesante, el Hijo de Dios estaba muerto. En ese momento, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba hacia abajo, eliminando la separación entre Dios y el hombre; nuestros pecados habían sido expiados. Simultáneamente hubo un gran terremoto. Toda la serie de acontecimientos provocó que un centurión, el oficial militar a cargo, creyera. Las personas que se encontraban en el Gólgota se golpeaban el pecho en señal de miedo y gran asombro.

En poco tiempo, vinieron los soldados de Pilato. Rompieron las piernas de dos de los delincuentes en las dos primeras cruces con el fin de acelerar su muerte, los soldados se acercaron a Jesús en la cruz central. Jesús ya estaba muerto así que no le quebraron las piernas. Sin embargo, uno de los soldados tomó una lanza y le traspasó su costado, haciendo que brotaran sangre y agua.

Finalmente, un hombre muy respetado llamado José de Arimatea, pidió a Pilato el cuerpo de Jesús. Creyendo que Jesús resucitaría de entre los muertos, José, con la ayuda de sus sirvientes, bajó el cuerpo de la cruz en el Gólgota y lo enterró en un sepulcro cercano. Las mujeres observaron como José simplemente envolvió el cuerpo de Jesús con una sábana y lo puso en el sepulcro. Él cerró la tumba y se fue. Las mujeres se fueron para hacer la preparación para un entierro más apropiado. Después de que se habían ido, Nicodemo, otro gobernante de Judea, vino con sus siervos a la tumba y enterraron a Jesús  de nuevo. Esta vez, el entierro fue de acuerdo a la costumbre de Judea. El entierro se completó antes de que terminara la puesta del sol del día miércoles, el catorce de Nisán.

Mientras miramos hacia atrás a la crucifixión, vemos la agonía y el sufrimiento en extremo. Jesús había sido golpeado, azotado, escarnecido, interrogado y acusado durante un período de más de treinta horas desde el momento de su detención hasta que fue llevado al Gólgota. La presión mental antes y durante este tiempo, a cada minuto, fue tan agonizante como los golpes físicos. Su rostro estaba tan asombrosamente desfigurado que Isaías profetiza: “como que escondimos de él el rostro”.

Finalmente, él estuvo colgado en la cruz por aproximadamente seis horas antes de su muerte. Estar colgado en una cruz era una tortura terrible. La respiración era dolorosa, casi imposible. Debió padecer terribles espasmos musculares y calambres. Los clavos que atravesaron sus manos y pies debieron provocar una extrema sensibilidad en sus nervios y tendones. Agravada por el dolor, la sangre y las heridas previas a la crucifixión, la experiencia de de nuestro salvador las últimas seis horas de su vida, desde las 9:00am hasta las 3:00pm, fue en el grado más alto de agonía.

Jesús sufrió cada herida física imaginable sin tener ningún hueso roto. Los golpes con los puños cerrados debieron causar grandes hematomas o contusiones. Las espinas incrustadas en su cabeza por los golpes, pudieron causar heridas penetrantes derramando una buena cantidad de sangre. Los clavos introducidos en las manos y los pies debieron causar heridas de perforación. La flagelación y los azotes a los que fue sometido debieron causarle enormes laceraciones. Pero Jesucristo experimentó muchas otras heridas dolorosas, mentales y físicas, además de estas.

Él fue un hombre familiarizado con la enfermedad, el dolor, el sufrimiento y la aflicción. Fue un hombre que se convirtió en el más bajo para que pudiera apoyar, defender y sostener a cualquiera que quiera creer. Él es un hombre que puede salvar al último entre aquellos que quieran creer. Él es nuestro hermano, quien sufrió y murió por ti y por mí. Él nos amó tanto que sus heridas sobrepasaron y vencieron nuestras rebeliones, nuestros pecados externos. Sus magulladuras vencieron sobre nuestras iniquidades y pecados internos. Su angustia mental conquistó nuestra falta de paz y nuestras pobres y débiles mentes. Sus heridas vencieron nuestras enfermedades físicas. Él es un salvador completo. Él es el Señor Jesucristo.

Isaías 52:14,15-53:12
Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres,

así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

Subirá cual renuevo [Jesucristo] delante de él [Dios], y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores [sufrimientos], experimentado en quebranto [enfermedades]; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Al morir esta muerte indigna, Jesucristo fue contado con los transgresores. Sin embargo, porque aquel que no conoció pecado, se hizo pecado, Dios nos ha hecho la justicia de Dios en él. En Jesucristo tenemos el don más preciado de todos: la vida eterna.



Traducido por Claudia Juárez Garbalena