martes, 16 de octubre de 2012


Consideraciones sobre la infidelidad 
La fidelidad y sus enemigos en la sociedad de hoy
En nuestros días asistimos a una extraña paradoja en los países occidentales: gozamos de una calidad de vida muy alta, nunca antes se había disfrutado de tanto bienestar material. Sin embargo, al mismo tiempo hay muchos más casos de depresión, ansiedad, estrés y soledad que nunca. La gente vive mucho mejor, pero se siente mucho peor. La prosperidad material no ha proporcionado bienestar emocional ni existencial. Y el panorama futuro no parece más halagüeño: la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha pronosticado que para el año 2020 la depresión será la segunda enfermedad en importancia después del cáncer.
Un ejemplo nos ilustra esta sorprendente paradoja. En el ranking de ciudades del mundo con mayor calidad de vida (año 2009) Viena, Zurich y Ginebra encabezaban la clasificación. A primera vista, son lugares privilegiados para vivir; sin embargo, detrás se esconde una realidad muy distinta: Viena ha sido durante muchos años -y aún hoy lo es- una de las ciudades con un mayor índice de suicidios del mundo. Por otro lado Zurich y Ginebra están en Suiza, país con un alto índice de toxicomanías. La conclusión no parece difícil de deducir: allí donde hay un mayor nivel de prosperidad material, abundan los conflictos personales, familiares y de relaciones.
El cuerpo está mejor cuidado que nunca, pero la mente y el espíritu están quizás peor que nunca.
Quisiera destacar, sin embargo, una causa frecuente de este deterioro personal y social que he podido observar repetidamente en mi práctica: una crisis colosal de fidelidad; me refiero no sólo a la fidelidad conyugal o en la pareja, sino en todas las relaciones humanas.
Muchos problemas hoy tienen que ver con la inestabilidad de las relaciones, la fragilidad de los vínculos, la erosión del compromiso. Lo que los sociólogos llaman inestabilidad social esconde una crisis del valor fidelidad donde los vínculos sólidos que solían ser para toda la vida se han vuelto algo precario y con «fechas de caducidad» muy cortas.
El lema hoy parece ser «nada a largo plazo». Con ello se ha perdido un baluarte de seguridad en la convivencia y una fuente de identidad personal. Sin duda, ello pasa factura, una factura que la estamos pagando en forma de una auténtica epidemia de relaciones rotas con su cortejo acompañante: los problemas emocionales, en especial ansiedad, depresión y soledad.
Podríamos comparar las relaciones en nuestros días a las semillas que caen junto al camino: crecen rápidamente bajo el influjo de las primeras lluvias, pero se desvanecen tan rápido como crecen porque carecen de raíces y son muy frágiles. Asistimos a una eclosión de «relaciones cortas» en todos los ámbitos: en el trabajo, entre amigos, incluso en la vida de iglesia. Esto afecta con fuerza a la familia donde van creciendo relaciones frágiles y superficiales que se desgajan ante cualquier presión externa al modo como uno arranca una planta sin apenas resistencia. La contraposición a las «relaciones cortas» son las «relaciones firmes, como la planta en la buena tierra que da frutos».
Para ello vamos a considerar, en primer lugar, qué es la fidelidad y por qué es tan importante.
1. ¿Por qué he de ser fiel?: la importancia de la fidelidad
Entendemos por fidelidad el cumplimiento de las promesas y pactos por encima de los sentimientos y de las circunstancias. La persona fiel no cambia aquello que ha prometido, ocurra lo que ocurra, «en salud o en enfermedad». El ejemplo por excelencia es el Señor Jesús quien «es el mismo ayer, hoy y por los siglos» (Heb. 13:8).
La fidelidad es una actitud profunda que nace del corazón y piensa más en mis deberes que en mis derechos, piensa antes en el «tú» que en el «yo». La gravedad en cualquier tipo de infidelidad radica precisamente en la ruptura de la promesa o la dejadez en el compromiso.
La fidelidad no suele ser una conducta aislada, limitada a una esfera de la vida (la sexual), sino un rasgo más de un carácter moral y de una estructura de personalidad. Así, el cortejo inseparable de la fidelidad son valores como el esfuerzo, la perseverancia, la paciencia y expresan, en último término, una buena mayordomía en todos los ámbitos. De la misma manera, la infidelidad suele ir acompañada de indolencia, búsqueda del beneficio inmediato y personal, una baja tolerancia a las contrariedades o frustraciones, mentiras y engaño, etc.
La persona fiel en sus relaciones suele ser fiel en todas las áreas de su vida, «porque el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Lc. 16:10). Recordemos cómo la enseñanza principal de Jesús sobre la fidelidad se basó en la parábola de los talentos, es decir en una buena administración de todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos (Mt. 25:14-30).
Un ejemplo admirable lo tenemos en José, el patriarca del Antiguo Testamento quien desde muy joven fue fiel en todo lo que se le encomendó. La fidelidad a su amo egipcio se evidenció no sólo en la esfera sexual –rechazando el acoso repetido de la mujer de Potifar- sino en todas las áreas de su vida. Ello explica el éxito de José en las diferentes esferas donde tuvo responsabilidad: con Potifar (Gn. 39:3-4), en la cárcel (Gn. 39:21-23) y como gobernador de Egipto (Gn. 41-42). La fidelidad expresa, por tanto, una actitud vital profunda y global de lealtad y compromiso.
La fidelidad es importante por varias razones:
Como motor de cohesión social y de estabilidad emocional
La fidelidad es como el cemento que cohesiona nuestras relaciones. Constituye una salvaguarda que nos da seguridad más allá de los vaivenes de los sentimientos. En un mundo fracturado por el pecado, los sentimientos son fluctuantes y están sujetos a cambios frecuentes y repentinos.
El corazón humano es «engañoso más que todas las cosas» (Jer. 17:9). Por ello las relaciones humanas requieren una base sólida, objetiva, que les confiera una garantía de estabilidad. La fidelidad expresada en promesas y pactos es como un ancla que mantiene la nave segura en la hora de la tormenta. Si nuestras relaciones dependen sólo de los sentimientos, entramos en una especie de tiovivo existencial donde no hay nada seguro y donde la desconfianza acampa a sus anchas.
Por el contrario, donde hay fidelidad, hay confianza. Una persona fiel genera seguridad, paz y estabilidad a su alrededor.
La confianza que da la fidelidad es el mejor antídoto contra la ansiedad, la inseguridad y los celos en las relaciones.
Así pues, la fidelidad es importante como motor de cohesión social y de estabilidad emocional. Tanto autores cristianos como no cristianos coinciden en este punto: es un ingrediente esencial en todas las relaciones humanas. Ello nos obliga a preguntarnos: ¿se explica la necesidad de fidelidad en términos puramente psicológicos o sociales?
Como expresión del carácter de Dios
Para el cristiano la fidelidad es importante por una razón aún más poderosa: la fidelidad forma parte de la esencia misma del carácter divino: «fiel es el Señor» (2 Ts. 3:3), en Él «no hay mudanza ni sombra de variación». (Stg. 1:17), «porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén» (2 Co. 1:20). Las referencias a la fidelidad de Dios son constantes en las Escrituras. 
Es por completo inconcebible que el Dios de la Biblia esté sujeto a cambios caprichosos de humor, de sentimientos o de ideas como los dioses paganos. Hasta tal punto es así que desde el principio Dios quiso rubricar sus promesas con pactos. Estos pactos eran la expresión de un compromiso inquebrantable.
El pacto ha sido el marco que ha estructurado siempre la relación de Dios con el hombre en general y con su pueblo en particular. Un ejemplo de ello lo tenemos en la historia del arco iris, símbolo del primer gran pacto de Dios con el hombre al prometer que no volvería a destruir nunca más al ser humano de la faz de la tierra: «Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros por siglos perpetuos: mi arco he puesto en las nubes» (Gn. 9:9-13)
Como voluntad de Dios para las relaciones humanas
La fidelidad, sin embargo, no es sólo un atributo esencial del carácter divino sin más. Ello tiene consecuencias para nosotros. Es también su voluntad para las relaciones humanas. Ello es lógico si recordamos que fuimos creados a imagen de Dios y, por tanto, somos llamados a reflejar en lo posible Su carácter. La fidelidad sella las relaciones entre Dios y los hombres, pero también debe sellar las relaciones de los hombres entre sí. Porque Dios es fiel, nosotros debemos serlo también.
La infidelidad rompe el corazón de Dios: «...Haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto y de clamor... porque has sido desleal contra la mujer de tu juventud, siendo ella tu compañera y la mujer de tu pacto» (Mal. 2:13-14). La fidelidad, por el contrario, le agrada tanto que Dios promete la «corona de la vida» al que es fiel hasta la muerte (Ap. 2:10).
Así pues, la fidelidad expresada en el cumplimiento de pactos y promesas es el ancla que salvaguarda nuestras relaciones y les da estabilidad.
2. ¿A quién he de ser fiel?: Las dimensiones de la fidelidad
«Cordón de tres dobleces (nudos) no se rompe pronto» (Ec. 4:12).
El autor del Eclesiastés, con su sabiduría, resume de forma certera en una sola frase el meollo de la fidelidad. ¿Cuáles son estos tres nudos? La fidelidad implica responsabilidad con uno mismo, con el prójimo y con Dios.
Esta metáfora trae a nuestra mente la idea de un triple vínculo con tres rasgos distintivos:
Su fortaleza: el lazo triple es resistente y no se rompe pronto con las presiones ni se afloja con el tiempo.
Su carácter indivisible: ninguna de las partes se puede desgajar de las otras porque forman un todo inseparable. Así, cuando soy infiel a mi prójimo, también lo soy en mi compromiso con Dios y conmigo mismo.
Su interdependencia: se nutren entre sí, se retro-alimentan de manera que la fidelidad a Dios estimula la fidelidad al prójimo y conmigo mismo y viceversa.
La fidelidad con uno mismo
Podríamos definirla como coherencia e implica estabilidad e integridad. Lo opuesto es la persona «inconstante en todos sus caminos» (Stg. 1:8) que dice una cosa hoy y otra totalmente diferente mañana, cambiando conductas, opiniones o sentimientos bajo la presión de las circunstancias o la influencia del entorno. La Escritura la define como «el hombre de doble ánimo» en agudo contraste con la persona íntegra -entera-, de un solo corazón. Marca distintiva de la persona fiel es esta integridad o entereza que la hace confiable en todos los asuntos porque no cambia y cumple sus promesas.
Otro ejemplo de fidelidad en la Biblia lo tenemos en Daniel: «...buscaban ocasión para acusar a Daniel... mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel» (Dn. 6:4). A pesar de la enorme presión sobre sus creencias y su conducta por las circunstancias del exilio, Daniel no cambió, fue constante y coherente con su fe y ello le convirtió en una persona confiable a ojos de sus superiores, en especial del rey quien le promovió a lugares de gran responsabilidad. Daniel se mantuvo firme allí donde lo más fácil era el mimetismo, dejarse arrastrar por la corriente. ¿Su secreto? El «triple nudo» -su fidelidad a Dios, al prójimo y consigo mismo- fue el ancla que le mantuvo firme y Dios le bendijo en gran manera porque el Dios fiel se complace en la fidelidad de sus hijos.
Algunos dirán que para ser fiel con uno mismo, a veces tienes que ser infiel con los demás.¿Es cierta esta idea? La respuesta nos obliga a recordar el concepto de fidelidad antes esbozado. La fidelidad siempre tiene un contenido objetivo al que se es fiel, normalmente expresado en forma de promesas o pactos. Los esponsales en la boda o un contrato de trabajo son ejemplo de este elemento explicito y objetivo que recuerda un acuerdo (valga el juego de palabras). La ruptura unilateral de este acuerdo es una infidelidad, una deslealtad, ya sea en el trabajo, en el matrimonio o en cualquier ámbito de las relaciones.
Hoy en día se rechaza este elemento objetivo con el fin de no sentirse atado. Asistimos a una erosión profunda del valor compromiso en todos los niveles. Un ejemplo lo vemos en la tendencia tan generalizada hoy a vivir en pareja sin casarse. ¿Es por motivos puramente prácticos o económicos? No, la ausencia del vínculo explícito que aporta la ceremonia civil o religiosa hace que el compromiso objetivo sea mucho más light o incluso inexistente. 
La frase «yo no necesito papeles para amar» refleja el sutil rechazo de nuestra generación al compromiso objetivo lo cual lleva inevitablemente a la trivialización de la fidelidad y a las relaciones «cortas» antes mencionadas.
Cuando se anula el elemento objetivo de la fidelidad es sustituido por un criterio puramente subjetivo: «debo ser fiel a mis sentimientos o mis pensamientos que pueden variar a lo largo de mi vida».
Para estas personas ser fiel consigo mismo supone hacer siempre lo que les apetece, sin tener en cuenta los otros dos nudos de la cuerda, Dios y el prójimo. De esta manera, la fidelidad se convierte en simple subjetivismo desprovisto de cualquier elemento de responsabilidad ante otros: «es mi problema y no afecta a nadie más». Esta conducta es un reflejo de las grandes modas ideológicas de hoy y la tendencia a servirse de en vez de servir a.

miércoles, 10 de octubre de 2012


COMO VENCER MALAS NOTICIAS
Toda mala noticia trae consigo el desaliento, pero no te olvides, ¡Dios está contigo como poderoso gigante!
Hoy voy a compartir contigo, a través de la vida de Nehemías, cómo vencer el desaliento y el desánimo.
Está hecho en tres partes: La primera parte: “Qué son las malas noticias y lo que provocan”; la segunda: “Cómo afectó y reaccionó Nehemías para vencer el desaliento y obtener los recursos para reedificar su ciudad”
y la tercera: “La fuerte oposición anímica que el enemigo utilizó para desanimarlo y la manera en que Nehemías resistió y tuvo una victoria total.”

Primera parte: “Qué son las malas noticias y lo que provocan”.
Toda visión comienza en la imaginación. Visión es tener un objetivo bien claro de hacia dónde vas, dónde quieres llegar. Visión genera en ti una fuerza interior, un aliento tan poderoso que aunque vengan las crisis, los problemas, las malas noticias, tú estás automotivado. La fuerza y el aliento de Dios están mezclados con tu fuerza. No sabes cómo sigues hacia adelante, pero sientes la fuerza del Señor en tu interior. Esto hace que cada vez que te desalientes, te vuelves a levantar.
Visión: “Los ojos que miran son comunes, pero los ojos que observan son muy raros. (Myles Munroe)
Nehemías 1:1-3. Nehemías fue llevado cautivo a Babilonia. Estaba como asistente del rey en la degustación del vino y la comida. Además, era el hombre de confianza del rey Artajerjes. Un día informan a Nehemías, que la muralla de su ciudad estaba derribada y sus puertas quemadas por completo por el fuego.
Seguramente pasaste por momentos muy difíciles en tu vida, días de desaliento, de desánimo, días que ni a tu peor enemigo le desearías que pase. O probablemente estás pasando en este momento complicaciones, inseguridades. Quizás hoy tienes que tomar una decisión, pero tienes miedo de hacerlo porque piensas que puede perjudicarte más todavía.
Hoy quiero hablarte de cómo vencer el desaliento a través de Nehemías y del respaldo de Dios hacia él, en lo secreto y en manera invisible.
En un día, Nehemías recibe tres noticias:
Le informan a Nehemías.
Cuando el médico te informa del diagnóstico que no esperabas, cuando el jefe te informa del despido, cuando el banco te informa que tu casa será rematada, cuando te informan de la infidelidad del ser que amas, esa información te ha paralizado, es como que los cielos se te cayeron encima.

Nehemías recibe información inesperada. Nadie está preparado para recibir malas noticias. Ninguna persona se prepara para oírlas y mucho menos para pasarlas. A ningún ser humano le gusta recibir malas noticias. ¿Alguna vez pronunciaste estas palabras? Me cayó como un balde de agua fría, no puedo creer que esto me pase, ¿por qué me pasa todo a mí?, yo no le hago mal a nadie. ¿Estas palabras te son familiares? Verdad que sí, entonces te doy la bienvenida al mundo de los humanos, porque todos las dijimos alguna vez.

La muralla de tu ciudad está derribada.

Muralla simboliza todas aquellas cosas en las cuales te proteges: tu esposa/o, tus hijos, tus amigos, tu visión, tus sueños, tus deseos, tu propósito en la vida, tu empleo, tu profesión, tus habilidades, tus dones, tu conocimiento, tus logros, tu fuerza, tu confianza en ti mismo, tu casa, tu auto, tu dinero, tu familia. Y un día, sin darte cuenta, algo de esto, o todo, o casi todo, fue derribado.
Y sus puertas quemadas a fuego por completo.

Una puerta indica una salida, una entrada, indica un límite; puerta simboliza tu corazón, tus emociones, tus afectos, tu identidad, tu confianza.

En algún momento de tu vida le abriste tu corazón a alguien, le entregaste tus emociones, tus afectos y hasta tu identidad (tu yo interior) y no recibiste la misma respuesta. Quizás te engañaron, te mintieron, abusaron afectiva y físicamente. Las pérdidas, los rechazos, los abandonos, las desilusiones, las carencias de buenos resultados, son como fuego que consumieron tu corazón.
Y hoy el enemigo quiere desalentarte, dejarte paralizado, sin aliento interior, como sucedió con Nehemías. Toda mala noticia trae consigo el desaliento, pero no te olvides, ¡Dios está contigo como poderoso gigante!


Las cosas nos suceden por tres motivos:
Por accidentes:

Sucederán cosas en tu vida accidentalmente. No podrás preverlas, imaginarlas o esquivarlas, simplemente suceden. Por eso tenemos miedo a lo desconocido. Salmo 23:4 dice: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.
Vamos a hacer la primera declaración de sanidad emocional. Si tienes miedo a lo que pueda pasarte, o te imaginas lo peor, o si eres de los que esperan malas noticias, di en voz alta:
Declaro que a partir de este momento renuncio al miedo de lo que me pueda pasar, renuncio a imaginarme lo peor, renuncio a esperar siempre lo malo de la vida. Yo creo y determino la palabra de Dios para mí, que dice que el perfecto amor de Dios echa fuera todo temor. Gracias Jesús, porque tú eres el perfecto amor de Dios, y tu presencia en mi ser interior hace que el temor ya no me domine. Pasaré el valle de sombra de muerte, no me detendré en él. Ya no hay temor en mí. ¡Mi destino final es que pasaré todos los valles de sufrimientos porque tú, Señor, estás conmigo! ¡Lo creo, lo declaro y lo determino en el nombre de Jesúscristo. Amén y amén!
¡Felicitaciones, eres libre de todo temor, te aliento a hacer cosas que nunca hiciste!
Por negligentes:
Negligente es el que no pone el interés y el cuidado que tendría que poner al desempeñar una obligación. Implica un riesgo para uno mismo o para terceros y se produce por no leer las consecuencias previsibles y posibles de la propia acción, hay falta de interés y la persona está distraída. Aunque la persona no tenga mala intención, de todas maneras el resultado es perjudicial.
Proverbios 6:6 dice: Ve a la hormiga, oh perezoso, (negligente) mira sus caminos, y sé sabio (entendido); la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso (negligente) ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado.

El ser negligente trae los resultados que no queremos. Todo lo que tenemos y somos es el resultado de una acción.
Puede ser que las consecuencias negativas que hoy estás atravesando, sean por alguien que estuvo o está al lado tuyo. Por la negligencia de esa persona hoy tienes resultados negativos. O puede ser que las consecuencias negativas que hoy estás atravesando, sean por tu propia negligencia. Estás distraído, no tienes interés.
De todas maneras, tengo una muy buena noticia para ti. Dios dice “que el ojo del amo engorda el rebaño”. Lo contrario a negligente es ser diligente: la prontitud, la prisa, el cuidado en la ejecución de algo. 
Quien es diligente, por lo tanto, se organiza y acciona con velocidad y eficacia.
Vamos a hacer la segunda declaración para dejar de ser negligentes y ser diligentes en todo lo que hagamos. Di en voz alta:
Renuncio a toda distracción. Renuncio a toda falta de interés en mis proyectos, mis sueños, mi imagen emocional y física. Renuncio a delegar lo que yo tengo que hacer a gente que no está preparada. Cancelo todo cansancio interior. Renuncio al pensamiento de fracaso, de derrota, al pensamiento de que nada me saldrá bien.
Declaro y decreto por la gracia de Dios que a partir de hoy recibo la inteligencia, la habilidad que el Espíritu Santo me ha dado. Activo en mi ser interior la energía divina, la fuerza de Dios. Recibo la sabiduría divina, activo en mi mente, en mi espíritu, en mi cuerpo la fuerza y el poder del Espíritu Santo. ¡Lo creo, lo declaro y lo determino en el nombre de Jesúcristo, amén, amén y amén!
¡Felicitaciones, hoy la energía y el poder de Dios te dan fuerzas nuevas!
Por ignorancia:
Se dice de la persona que está falta de cultura o de instrucción, que no ha recibido la formación o educación necesarias. También se aplica a la persona que no tiene conocimiento sobre un asunto o materia.
Los adultos sabemos que los bebés al comenzar a dar sus primeros pasitos, todos los objetos que encuentran, se los llevan a la boca, y de tener cerca los apliques para enchufar los aparatos electrónicos, seguramente pondrán los deditos dentro de ellos. ¿Y cuál es la reacción de los papis? Lanzamos un grito tipo Tarzán ¡Nooo, cuidado! Porque sabemos que ese acto involuntario puede traer consecuencias terribles. Así te ha sucedido en tu pasado. Por no tener el conocimiento completo sobre lo que tienes que hacer o decir, hoy estás viviendo las consecuencias de la ignorancia.
A través de Isaías 5:13 Dios dice: “Por tanto mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento.”

Uno no es pobre por falta de recursos, sino por no saber cómo generar los recursos. Una mujer que sufre violencia de pareja no es porque está con un hombre violento, sino por ignorar que no es merecedora de tal violencia.
Pero hoy tengo una muy buena noticia, a pesar de los resultados que tuviste o tienes por las malas decisiones, Dios te restaura por completo y te da su sabiduría y conocimiento. 
Pablo dijo: “habiendo sido yo blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque yo era un incrédulo y actuaba con ignorancia. ¡Doy gracias al que me fortalece, Cristo Jesús nuestro Señor, porque me consideró digno de confianza al ponerme a su servicio!
¡Impresionante esta declaración de Pablo! Hoy es tuya. Hoy podés decir que el Señor te fortalece. Hoy podés decir que muchos de los que te rechazaban te pedirán perdón, porque Dios mostrará que eres una persona digna de confianza y llena de sabiduría.
Vamos a hacer la tercera declaración para extirpar de la mente la ignorancia que te limita y no te permite avanzar. Di en voz alta:
Renuncio a todo pensamiento de ignorancia. Renuncio a pensar que soy un torpe. Renuncio a todo pensamiento de que no sé, de que no puedo, de que no tengo.
Hoy determino por la gracia de Dios que a través de la presencia del Espíritu Santo en mí, se activan la sabiduría, conocimiento, discernimiento de espíritu. Se activan las distintas habilidades que Dios puso en mí para abrir puertas extraordinarias, para tener conexiones con El, comunión con El, ¡Lo creo, lo declaro y lo determino en el nombre del señor Jesús, amén, amén y amén!
¡Felicitaciones, prepárate para ver la gloria de Dios en todo lo que hagas!
En Hechos de los Apóstoles 28:15 dice: “Después que Pablo vio a la gente que él quería, que amaba, dio gracias a Dios y cobró aliento para seguir adelante.”
¡Vamos, toma aliento, recupera tus fuerzas porque Dios puso al lado tuyo gente que te ama, que te alienta a seguir!
¡Rodéate de gente que te inspira, gente de fe! ¡Vamos, que este es el tiempo para conquistar! ¡Levántate, porque naciste para ganar!

     jca

miércoles, 26 de septiembre de 2012


SE PUEDE CAMBIAR DE LA MANO DE DIOS
Convertirnos en las personas que Dios quiso que fuéramos al crearnos, es un proceso de adentro hacia fuera.
¿Alguna vez prometió solemnemente abandonar un mal hábito, para caer de nuevo al poco tiempo en el mismo?
Los sentimientos de culpa pueden llevarle a prometer a no actuar de la misma manera otra vez. Usted decide hacer lo correcto, pero el día siguiente el ciclo se repite al ceder a las mismas tentaciones.
La derrota le deja preguntándose: ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué no puedo vencer esto? La desesperación por el fracaso repetitivo le produce resignación y confusión. Usted quiere saber: Señor, ¿por qué no puedo cambiar?
Todos hemos querido honrar a Dios, pero hemos vuelto a los viejos hábitos pecaminosos casi de inmediato. ¿No se supone que la vida cristiana es más liberadora y victoriosa que esto? Después de todo, la Biblia dice. "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Co 5.17). ¿Por qué, entonces, el pecado habitual se apodera de nosotros? ¿No se supone que Cristo cambia todo esto? Si somos nuevas criaturas, ¿por qué seguimos actuando mal? Al igual que un buque encallado, nos sentimos como si estuviéramos totalmente atascados.
Entonces, ¿cómo podemos quedar libres de las conductas pecaminosas? Primero, tenemos que examinar cómo se produce el cambio en la vida cristiana.
La salvación es una obra instantánea de Dios, que sucede en el momento que recibimos al Señor Jesús como Salvador.
Romanos 10:9,10,11  9que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
Pero a partir de ese momento, uno entra en un proceso continuo de transformación llamado santificación. El propósito del Señor es moldearnos a la imagen de Cristo, pero este proceso requiere de nuestra cooperación. Eso es lo que quiere decir la Biblia cuando expresa:
"Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Fil 2.12).
Si descuidamos esta responsabilidad, nos encontraremos luchando con los mismos problemas una y otra vez. Pero si nos sometemos al Espíritu Santo, Él ejercerá su influencia en cada aspecto de nuestras vidas. Los viejos hábitos pecaminosos se disiparán, y serán reemplazados por una nueva conducta agradable a Dios.
El camino a la transformación.
Convertirnos en las personas que Dios quiso que fuéramos al crearnos, es un proceso de adentro hacia fuera. Ya que nuestros pensamientos gobiernan nuestras emociones, decisiones, acciones, actitudes y palabras, cualquier transformación duradera debe comenzar con la mente.
Si lo único que queremos es modificar nuestra conducta, nunca experimentaremos la victoria a largo plazo. Lo que necesitamos es una nueva manera de pensar.
Esto puede lograrse solamente por lo que la Biblia llama la renovación del entendimiento
Romanos 12.2. 2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
No es una transformación repentina, sino un proceso que dura toda la vida. En el momento de la salvación, el Señor no borra todos nuestros patrones negativos y pecaminosos de pensamiento, así como no elimina automáticamente nuestras imperfecciones físicas. Si usted tenía una cicatriz en su brazo antes de recibir a Cristo, lo más probable es que todavía la seguirá teniendo.
Somos un reflejo de todo lo que hemos estado pensando durante años. Desde el principio, se nos enseñó a responder a las situaciones de cierta manera, con un patrón de respuesta particular, y esto tiene que ver con cada aspecto de nuestras vidas. En algunos casos, podemos ver cómo las expresiones de las personas revelan la manera como se han desarrollado sus mentes a lo largo de su vida, grabando en sus rostros su continua preocupación, dolor y sentimientos de culpa.
Mírese en el espejo. ¿Ve usted el gozo de Cristo en sus ojos? ¿O delata su aspecto los efectos destructivos del pecado? La buena noticia es que, no importa cuáles hayan sido sus pensamientos en el pasado,
Dios puede enseñarle a pensar de manera diferente. Él le da su Espíritu para guiarle mediante un proceso que produce una restauración real y un cambio permanente.

Dónde nacen los pensamientos.
Entonces, ¿qué es lo que desencadena los patrones negativos de pensamiento? El Señor nos ha dado sentidos físicos para que podamos interactuar unos con otros y con nuestro mundo. La capacidad de ver, oír, tocar, saborear y oler, es un regalo maravilloso de Dios que afecta el desarrollo de nuestros pensamientos y lo que pensamos. Sin embargo, debido a que continuamente estamos siendo influenciados por el mundo que está a nuestro alrededor, a veces no utilizamos esa capacidad de manera que honre a Dios. Experimentamos la vista, sonidos, olores, sabores o sentimientos que nos dan un placer momentáneo, y comenzamos a pensar: "¿Qué más podría haber?" Y así comienza la espiral descendente; nuestros sentidos desencadenan pensamientos que provocan patrones destructivos de conducta.
Santiago 1.14, 15 dice: "Cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte".
Por eso, debemos tener discernimiento en cuanto a lo que vemos y escuchamos. Es también la razón por la que el apóstol Pablo nos dice que debemos despojarnos del viejo hombre, que está viciado, y ser renovados en el espíritu de nuestra mente —para vestirnos del nuevo hombre creado a imagen de Dios
Efesios 4:22-24). 22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Una segunda fuente de pensamientos pecaminosos es el Enemigo de nuestras almas. ¿Alguna vez ha estado usted pensando en algún plan o tarea, solo para que una idea perversa e impía le surja en la mente? Usted podría preguntarse: "¿De dónde vino eso?" Son los intentos de Satanás de proyectar sus ideas en nuestras mentes y torcer la verdad, incitándonos a desobedecer a Dios. Su propósito es destruir nuestro carácter y descarriarnos para no hacer la voluntad de Dios.
Nuestra manera de responder determinará si cederemos a sus tentaciones, o si nos mantendremos firmes contra él. ¿Pensaremos, como dice Pablo, en "todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre" (Fil 4.8), permitiendo que nuestras mentes y corazón sean transformadas por estas cosas? ¿O morderemos el anzuelo?
No importa de qué manera nuestras mentes sean bombardeadas por las tentaciones, debemos recordar que, como creyentes, no tenemos que ser esclavizados por el pecado. No somos víctimas, sino hijos de Dios todopoderoso.
Tenemos dentro de nosotros una potente influencia positiva que es más poderosa que el enemigo: el Espíritu Santo. Porque somos morada del Espíritu de Dios, tenemos el poder para extinguir las flechas de fuego del enemigo (Ef 6.16). Por la presencia del Espíritu Santo, somos también capaces de conocer la mente de Cristo, llevar cautivos nuestros pensamientos a Él, y vencer toda tentación
1 Corintios 2.16; 16Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. 10.13 13No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.;
 2 Co 10.3-5). 3Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
La renovación de nuestra mente.
Dios nos llama a ser vigilantes y cuidar de nuestras mentes en todo momento. Si no lo hacemos, los valores y los propósitos mundanos se introducirán sutilmente e influenciarán nuestra manera de pensar. Cada vez que nos permitimos ser conformados al mundo, el enemigo consigue un punto de apoyo en nuestras mentes. Y cuanto más nos sometemos a esos pensamientos, más fuerte se vuelve su control.
2Corintios 10:3,4,5    3Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
Tenemos que elegir sabiamente qué pensamientos aceptaremos, y cuáles rechazaremos. No basta resistir las mentiras del enemigo; debemos también, y de manera deliberada, llenar nuestra mente con la verdad de la Palabra de Dios. Jesús usó esta técnica cuando Satanás lo tentó en el desierto (Mt 4.1-11). Respondió cada reto con las Sagradas Escrituras, diciendo: "Escrito está…" Cuando tenemos un versículo listo en nuestros labios que refute una mentira de Satanás, tenemos la verdad espiritual más poderosa posible y la victoria .
Tal vez usted siente como si estuviera en una cuerda de un tira y afloja entre Dios y el pecado, siendo halado todo el tiempo en dos direcciones opuestas. No se castigue cuando fracase. Más bien, confiese su falta y arrepiéntase lo más rápidamente posible 1 Juan 1.99Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad..
En esos momentos, recuerde que usted está involucrado en un largo proceso, y que no tiene el poder de renovar su propia mente.
Esforzarse más y hacer promesas a Dios solo le desanimará, porque con sus propias fuerzas nunca será capaz de cambiar.
La transformación verdadera es obra del Espíritu Santo, y eso toma tiempo. Por tanto, sométase a la dirección de Él, preste atención a sus advertencias, y obedezca su voz y usted no será avergonzado o defraudado.
Romanos 10:11   11Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
Comience hoy. Como creyentes, podemos esperar que este proceso de transformación continuará hasta llegar al cielo; sin embargo, lo importante es que comencemos hoy.
Así como su batalla se inició al ceder a la tentación, también su camino a la victoria puede comenzar con un acto de sometimiento a Dios. Por el poder del Espíritu Santo, comience a decir no a los pensamientos que no tienen cabida en la vida de un creyente, y a decir sí a los que sí tienen cabida, mediante la meditación en las Sagradas Escrituras su creencia en ellas y en el autor, Dios y actuar de acuerdo a ellas.
Si usted llena su mente y corazon con la verdad de la Palabra de Dios, y cree, actua de acuerdo a ella: tendrá discernimiento, comunión con Dios y podrá identificar más fácilmente los pensamientos y los sentimientos que desencadenan una respuesta pecaminosa en usted y con la poderosa ayuda de Dios podrá cambiarlos por la Verdad de su Palabra y asi caminar andar en esa transformación que nos hara vivir en vida nueva, agradando a Dios con nuestra creencia en El. Amen. Amen.
jca


lunes, 17 de septiembre de 2012


AMISTAD
¿Tienes amigos? ¿Quiénes son? ¿Cómo comenzó la amistad? ¿Dónde están? ¿Estan contigo por conveniencia o por amor, o desaparecen por miedo…?
¿Qué los hace ser tus amigos? ¿Qué es amistad? Son muchas las preguntas que uno puede tener al pensar en este tema. En este artículo voy a tratar de responder algunas de ellas.
Cuando lees la Biblia en tu mente, ¿Quién se te viene primero a la mente cuando piensas en “un amigo” o “amistad”? Yo primero pensé en Dios y Moisés:
Éxodo 33:11ª
“Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”
Un verdadero amigo habla cara a cara, no se escuda en otros, o lo que dicen otros. El pregunta a su amigo para saber, porque es amigo, no tiene  miedo a ser excluido de...  porque alguien que se dice amigo, pero que es contrario y tiene miedo determino otra cosa.
 Cuando leí este verso me preguntaba cómo es que una amistad se da. Cada vez que te cambias a una nueva ciudad/pueblo/estado o te unes a otra iglesia pasas por la misma cosa de nuevo –hacer amigos. Ves gente nueva, observas lo que hacen, cómo hablan, buscas las cosas que estimas mucho en un amigo, luego te juntas con ellos para ser amigos.
En la Biblia, la única referencia que encontré para ver como se da una amistad está en  1Samuel 18:1:
“Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.”
Cuando veo a las amistades en mi vida debo decir que simplemente ha sido así –viendo la relación después de un tiempo me di cuenta que nos habíamos vuelto amigos. No había escogido aquel amigo, simplemente había algo ahí que no había encontrado con los otros, un gusto mutuo.
¿Qué es una amistad, cómo se manifiesta, cómo tiene que ser un amigo? “¿Cómo tiene que ser un amigo?” – “amigable”. Al principio me quedé en shock con la simplicidad de esta respuesta. Pero debo decir que esa es realmente la esencia de esto.
La Biblia da múltiples respuestas a esta pregunta y voy a poner los versos y dejarlos hablar por sí mismos:

Da de tus propios bienes
1 Samuel 18:4
“Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte”

Confía, incluso en el peligro
1 Samuel 20:1
“1 Después David huyó de Naiot en Ramá, y vino delante de Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra tu padre, para que busque mi vida?”

Ten disposición de ayudar
1 Samuel 20:4
“Y Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma, haré por ti.”

Ama a tu amigo como a ti mismo
1 Samuel 20:17
“Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba, pues le amaba como a sí mismo.”

Imparte fe, señala hacia Dios. Asi se comporta un amigo, no lo abandona
1: Samuel 23:16-18
“Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios. Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.  Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su casa.”

De muestra de compasión en tiempos de aflicción.
Job 6:14ª
“El atribulado es consolado por su compañero”

Ama en todo tiempo
Proverbios 17:17
“En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.”

Se amigo y más cercano que un hermano
Proverbios 18:24
“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.”
Da buen consejo
Proverbios 27:9
El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo, al hombre.”
Aguza y se aguzado
Proverbios 27:17
“Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.”

Ayuda uno al otro
Eclesiastés 4:9-10a
“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero !hay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.”
Ayuda incluso si no tienes ganas
Lucas 11:8
“Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.”

En la Biblia encontramos una personalidad resaltante, alguien que va al extremo de la amistad e incluso ofrece Su vida:

Juan 15:13
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Por supuesto que sabemos que fue nuestro Señor y Salvador Jesucristo el que dio su vida por nosotros. Nos llama Sus amigos. ¿Qué significa eso para nosotros?
Juan 15:14-15
“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.”

Este verso es el vínculo entre Dios hablando a Moisés “cara a cara, así como un hombre habla a su compañero” y Jesucristo siendo nuestro amigo –hablando abiertamente, siendo franco, amigable, confiando, devoto, comprometido, estando más cerca que un hermano, amando al amigo, incluso si eso significa dar la vida.

Santiago 2:23
“Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”

Dios nos dio libre voluntad. Está en nosotros por Cristo, es Dios en Cristo en uno  con quién hacemos amistad:
Santiago 4:4
“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”
Las relaciones se tratan de amor y perdón. Aprendimos muchas cosas al pasar por ellas más que al evitarlas.
Santiago 4:8ª
“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.”

O como El Mensaje lo pone, más “amigablemente”: “di un sí a Dios y Él no se tardará en estar ahí”.

A Abraham también se le llamó amigo de Dios y está escrito sobre él que caminó con Dios. No caminó ante Él o estaba millas atrás de Él sino con Él y eso hace la diferencia.
Gran lección para aquellos que nos ponemos el titulo de amigo de, y luego desaparecemos por miedo, falta de criterio y de enseñanzas sanas de la sana doctrina de las Palabra de Dios, no torcida o acomodada a mi conveniencias, también por falta de carácter cristiano, o inducido por lo que dictamina algún obispo sin ser ejemplo y sin siquiera tener el valor para comprobarlo.
TITO 1:6-11
el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía.
7Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas,
 8sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, 9retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. 10Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión,
11a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene.

Mi mamá me enseñó a tratar a mis amigos de la forma en que yo deseo que me traten.
Yo sé que no toda amistad es como la de David y Jonatán . Pero te animo a ser genuino (por dentro y por fuera) sin esperar nada a cambio, amando incondicionalmente y perdonando unos a los otros, caminando en los pasos de nuestro amigo y Salvador, Jesucristo. Amén. Amen.
jca