viernes, 18 de enero de 2013


Aprendiendo a compartir las cargas

«Sobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid así la ley de Cristo» (Gá. 6:2).

«Este es tu problema, no el mío»; «¿Y a mí qué? Yo paso». Estas frases, tan populares hoy en una sociedad individualista reflejan la tendencia natural del ser humano. Por naturaleza, todos llevamos algo en el corazón: indiferencia y egoísmo en las relaciones con el prójimo.

El seguidor de Cristo no puede lavarse las manos indiferente ante las necesidades de otros y es llamado a preocuparse activamente por su hermano.

El sobrellevar los unos las cargas de los otros constituye uno de los mayores privilegios -y deberes- del discípulo de Jesús que afirmó           «Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos» (Mt. 7:12).

Los hermanos en Cristo -«la familia de la fe»- constituyen nuestra prioridad tal como enseña el apóstol Pablo (Gá. 6:10), de ahí nuestro énfasis en las relaciones con los hermanos en la fe. El que no ama y cuida de su hermano al que tiene al lado, dificílmente podrá cuidar al que está más lejos.

1.   Motivaciones correctas: ¿Por qué he de sobrellevar las cargas de mis hermanos?

2.   La puesta en práctica del cuidado mutuo: ¿Cómo hacerlo?

3.   Los resultados: ¿Qué consecuencias tiene?

 1. Motivaciones correctas: ¿Por qué?

Tener las motivaciones correctas es el paso inicial que nos abre la puerta a una práctica correcta.

La motivación es como el motor que nos «mueve» y genera la fuerza para avanzar.  Pablo expresaba su preocupación por esta conducta en la carta a los filipenses:

«No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo que es de los otros» (Fil. 2:4). Y más adelante, en el versículo 21, reitera esta triste realidad: «Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús».Cuáles son entonces los motivos para cuidar al prójimo en general y a mis hermanos en Cristo en particular?

Ante todo, debemos considerar la motivación incorrecta. Cuidar de mi hermano no debe ser, por lo menos en primer lugar, una forma de autorrealización personal. No lo hago para sentirme yo mejor. Desde luego es legítimo esperar una satisfacción personal en el servicio a los demás. No hay nada que llene tanto como darse a otros. Pero esta satisfacción es la consecuencia, y no la motivación, de tal ministerio. «en esto consiste el amor, en que él nos amó primero», nos recuerda el apóstol Juan. El verdadero amor de Cristo da sin esperar nada a cambio; no da para recibir.

El amor a Cristo

Para el creyente, el cuidado del hermano y del prójimo surge del amor a su Señor y Salvador. Si él ha hecho tanto por mí, ¿qué no haré yo por él? Ya Pablo decía con gran fuerza: «El amor de Cristo nos constriñe»                 (2 Co. 5:14).                       Su ejemplo es el móvil que nos impele en la preocupación por el hermano.

La exhortación de Gálatas 6:2 precisamente apela a esta realidad:

«Sobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid así la ley de Cristo». La palabra «ley» aquí no significa tanto precepto como modelo. Se refiere al espíritu, el talante, la forma de ser de Cristo, quien «ungido con el Espíritu santo y con poder, anduvo haciendo bienes y sanando a todos...» (Hch. 10:38). Los cristianos deberíamos cambiar el refrán de «haz bien y no mires a quién» por «haz bien y mira a Cristo». Al hacer el bien, ten la mirada puesta en aquel que dio su vida por ti.

Esta visión nos librará, de paso, de las decepciones causadas por la ingratitud. A veces, el hermano por el que más te has preocupado es tan desagradecido como aquellos leprosos sanados por Jesús: de diez, solo uno volvió para dar las gracias.

¡Qué reconfortante el pasaje de Mateo 25:31-46: «Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». Cristo está presente en mi hermano, está ahí, en su alma, de tal manera que cuidar de mi hermano es como cuidar de Cristo mismo.

Así pues, la gran diferencia entre un humanista y el seguidor de Cristo radica precisamente en la motivación:

Al cristiano le mueve, en primer lugar, el efecto final de un compromiso perfectamente resumido por Jesús mismo: «amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo».

El amor:       El amor a Cristo, si es genuino, lleva de forma natural a amar a la Iglesia. El discípulo no puede decir que ama a Cristo si no ama a sus hermanos que forman el cuerpo de Cristo.
El compromiso con Dios implica compromiso con el pueblo de Dios. Esta segunda motivación es, por tanto, consecuencia de la anterior.

De tal manera que nuestro lema-resumen en el cuidado de mis hermanos debería ser: por amor a Cristo y para edificación de la Iglesia.

Gálatas. Su traducción literal sería: «De los otros, sobrellevad las cargas». Pablo pone el genitivo «de los otros» al comienzo de la frase para marcar un énfasis. Con esta construcción gramatical, el Apóstol nos quiere recordar un principio importante: la vida cristiana no es un asunto de «Dios y yo solos»; el cristiano solitario es incompatible con la enseñanza del Nuevo Testamento.     Por supuesto que la fe tiene una dimensión íntima, personal, que debe ser respetada.

Pero la fe cristiana va mucho más allá de lo privado: Nos guste o no, al nacer de nuevo -la conversión- entramos a formar parte de una familia en la que -como sucede en toda familia- no nos es dado escoger a nuestros hermanos. ¡No conozco a nadie que haya tenido la oportunidad de escoger a sus hermanos de sangre!

La enseñanza bíblica es clara: somos un cuerpo y nos pertenecemos los unos a los otros: «Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular... Que los miembros se preocupen los unos por los otros... De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un hermano recibe honra, todos los miembros con él se gozan» (1 Co. 12:25-27).

No es una opción, sino una obligación

El texto de Gálatas usa el modo imperativo: «sobrellevad». Es un mandamiento, no una opción voluntaria. Algunos piensan que cuidar al hermano es responsabilidad propia del responsable, o del pastor y de los ancianos o diáconos de la iglesia.

La iglesia no es una comunidad de justos donde escasea el pecado, sino una comunidad de pecadores donde abunda la gracia. Esta debe ser nuestra visión. Así, nuestras expectativas serán realistas y evitaremos caer en el desánimo al descubrir que la perfección solo la alcanzaremos en el cielo. Mientras tanto, todos estamos en la «tintorería», siendo «lavados» -transformados- por el Espíritu Santo en el proceso de la santificación. Si alguien va a la iglesia esperando ver solo ropas blancas, encontrarla acabada ya de lavar, no ha entendido ni la naturaleza de la iglesia ni el proceso de transformación que se está realizando desde el nuevo nacimiento.

Aprendiendo a compartir las cargas

«Y considerémonos unos a otros, para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de reunimos corno algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, tanto más cuando veis que este día se acerca» (Heb. 10:24-25).

La puesta en práctica: ¿cómo hacerlo?

Una vez tenemos la motivación correcta, ¿cómo poner en práctica esta exhortación? De nuevo, el análisis del texto nos ayuda a entender su aplicación.

El verbo «sobrellevar» es el mismo que «cargar», como aparece en Juan 19:27, cuando Jesús carga con la cruz y empieza a andar hacia el Gólgota. La idea en el original es la de coger «algo que pesa». De la misma raíz viene la palabra «carga» -barós- en Mateo 20:12: «Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga». Se refiere tanto a un peso físico, literal, como a un peso simbólico o moral, algo que agobia u oprime: una preocupación, un problema, una dificultad, una enfermedad.

Exactamente esto es lo que hizo Simón cuando los soldados romanos le cargaron con la cruz que llevaba el Señor, posiblemente agotado por el peso de la misma: «Tomaron a Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús» (Lc. 23:26). ¡Qué privilegio, sin saberlo, el de Simón! Pero mucho mayor es el privilegio de todo creyente, porque en el acto mismo de llevar esta cruz y morir en ella, Jesús estaba cargando con todos nuestros pecados.

Emociona descubrir que la palabra usada en Isaías 53:4 -«Ciertamente Él llevó (cargó) nuestras enfermedades...»- es la misma de Gálatas 6:2: «Sobrellevad las cargas los unos de los otros».

Una vez más, el ejemplo de Jesús nos impele a hacer lo mismo. Todo creyente debería anhelar este corazón pastoral que nos lleva a acercarnos al hermano con esta actitud: «¿Qué te pasa, puedo hacer algo por ti?. ¿Te puedo llevar la mochila un rato?». Y no olvidemos que una de las maneras más eficaces de hacerlo es escuchando al otro. Saber escuchar al hermano es una excelente manera de sobrellevar su carga.

Hay un pasaje en el Nuevo Testamento que describe con precisión algunas formas prácticas de sobrellevar las cargas:

«Y considerémonos unos a otros, para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de reunimos corno algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, tanto más cuando veis que este día se acerca» (Heb. 10:24-25). Veamos estas cuatro formas prácticas de cuidar al hermano.

«Considerémonos unos a otros»

Se refiere a la actitud de tomar la iniciativa y preocuparse por el hermano. Es simplemente «tener en cuenta» al otro, no dejarlo de lado. A veces basta con un «¿cómo estás?» sincero, sentido, que refleja todo el amor que sentimos hacia esta persona.

Otras veces, incluso sobran las palabras, y la misma actitud de amor se transmite con una simple mirada a los ojos, penetrante, consoladora, una mirada que habla sola y que dice silenciosa: «¿Qué te pasa, hermano, te puedo ayudar? Estoy a tu lado si me necesitas». Una carta o postal en momentos especiales, una simple llamada telefónica al hermano enfermo o atribulado, una visita en su casa o en el hospital son otras formas prácticas de «considerarnos unos a otros» y que enriquecen mucho la vida de la congregación.

«Para estimularnos al amor y a las buenas obras»

Todos conocemos personas cuya presencia nos contagia de un buen ánimo y nos enriquece. Su vida es una inspiración que nos estimula de forma positiva. Transmiten el amor y la paz de Cristo. Lo opuesto, ser un motivo de tropiezo, es un grave pecado que el Señor condenó con dureza (Mt. 18:6-7).

«No dejando de reunimos»

A primera vista puede sorprender esta frase en un contexto de cuidado pastoral y estímulo mutuo. Pero su inclusión aquí es muy significativa.

¿Por qué y para qué vamos a los cultos en la iglesia? ¿Solo para recibir? ¿La meta es sentirme bien yo? Por supuesto, recibimos bendición del culto, pero no podemos ir a la iglesia solo para recibir.

Vamos para dar tanto como para recibir. Mi presencia en la iglesia es un gran estímulo para mis hermanos, de la misma manera que mi ausencia duele, entristece.

«Exhortándonos»

El verbo «exhortar» en el original tiene una gran riqueza de matices. Puede significar animar, estimular, consolar, fortalecer, interesarse por. Transmite una idea básica: preocuparse por el otro y darle un trato afable. Se trata más de una actitud que de una actividad; no tanto algo que se hace, sino una forma de ser.

Es muy interesante observar cómo el nombre dado al Espíritu Santo -Parakletos- deriva justamente de este mismo verbo «exhortar» -parakaleo-, de tal manera que la tarea que realizamos al «exhortarnos unos a otros» es, ni más ni menos, un eco -imperfecto- de la preciosa obra que el Espíritu Santo realiza en el creyente. Él es el Consolador por excelencia, y nuestro objetivo al «exhortarnos unos a otros» es proporcionar también consolación.

Los resultados: ¿qué consecuencias tiene?

La práctica de sobrellevar las cargas mutuamente tiene unas consecuencias importantes en dos esferas: Por un lado, influye sobre la iglesia; es la esfera comunitaria. Por otro lado, tiene consecuencias en mi vida personal. Analicemos cada una de ellas:

La edificación de la iglesia

El cuidado fraternal mutuo es fruto del amor, pero al mismo tiempo transmite amor.

Por ello atrae, tiene un poderoso efecto magnético a su alrededor. Este fue uno de los «secretos» del crecimiento de la iglesia primitiva. La iglesia de Jerusalén fue un modelo en esta noble tarea de cuidar al hermano. No es de extrañar que «el pueblo los alababa grandemente y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres» (Hch. 5:13-14).

Este corazón pastoral de todos los miembros produce un crecimiento de la iglesia en número porque es un testimonio poderoso. ¡Cuántas personas se quedaron en la iglesia y llegaron a la conversión «porque el primer día se interesaron por mí, me vinieron a decir algo, me dieron calor de hogar»!

Una iglesia donde los unos sobrellevan las cargas de los otros viene a ser un hogar, una familia de familias que «da cobijo al desamparado» (cf. Sal. 68:6). Es en este aspecto, entre otros, que la iglesia puede ser comunidad terapéutica, instrumento de sanidad para un mundo doliente. Hoy son muchas las personas abatidas por la angustia, la depresión o la soledad, heridas por relaciones rotas o familias infernales que deambulan por la vida como «débiles y perniquebradas» (Ez. 34:16).

Son estas personas las que se acercarán a la iglesia buscando que alguien las ayude a llevar su carga.

Debemos estar alerta para preocuparnos por su situación, dispuestos a llevarles «la mochila» un tiempo, es decir, escucharlas, comprenderlas y, sobre todo, amarlas con el amor de Cristo, quien mostró profundo interés por todos aquellos que «tenían necesidad de médico».

El cuidado mutuo no solo es fuente de crecimiento cuantitativo, sino también de edificación espiritual.

Lo veíamos antes, al considerar el efecto modelo de aquellos que nos estimulan al amor y a las buenas obras. Esta es la enseñanza clara de Pablo.                  «Siguiendo la verdad en amor crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo... todo el cuerpo recibe su crecimiento para ir edificándose en amor» (Ef. 4:15-16).

Cuando me preocupo por mi hermano, le escucho y me intereso por sus problemas y necesidades estoy contribuyendo al crecimiento espiritual de toda la iglesia y al mío propio.

La aprobación de Cristo mismo: «Porque a su tiempo segaremos si no desmayamos».

La siega no ocurrirá cuando a nosotros nos guste o cuando queramos. A veces tenemos prisa por ver los resultados de nuestro trabajo. La siega será a su tiempo. La expresión original significa en el momento maduro, en la estación idónea. El tiempo de la siega no lo marcamos nosotros, sino el Señor.

¿Y en qué consistirá la siega? ¿Cuáles serán los resultados? El cuidar de mi hermano sobrellevando sus cargas tiene recompensas hermosas aquí y ahora. El hecho en sí de darse a otros y hacerles bien ya contiene un elemento de satisfacción personal, de manera que la mejor recompensa es sentirse útil al prójimo.

Sin embargo, todos estos aspectos positivos y agradables quedan relegados a un lugar secundario cuando los comparamos con la más grande de las recompensas: el galardón que Cristo mismo nos dará cuando entremos en su presencia.

«Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré» (Mt. 25:21). ¡Este es el diploma por excelencia! Jesús mismo les dijo a sus discípulos que «cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente... no quedará sin recompensa» (Mt. 10:42).

 

Por ello, Pablo nos exhorta: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís» (Col. 3:23-24). Por tanto, no debemos esperar el reconocimiento y la aprobación aquí y ahora de nuestros hermanos, sino de Cristo y en el futuro. Ello nos evitará decepciones innecesarias.

Este pasaje donde se nos exhorta a sobrellevar los unos las cargas de los otros termina con un sano toque de realismo: «No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos» (Gá. 6:9). Pablo tiene una gran experiencia de entrega a los hermanos y tiene los pies en el suelo. ¡Cuidado! Sobrellevar las cargas de otros desgasta mucho.

Es un ministerio esforzado del que uno se cansa con facilidad. Por ello nos avisa, porque lo natural es el cansancio. De ahí la gran necesidad de tener los ojos de la fe que remontan la mirada por encima de lo visible -un panorama no siempre halagüeño- y nos dan «la certeza de lo que esperamos y la convicción de lo que no se ve».

Este fue el caso de Moisés, un hombre que pudo sobrellevar las cargas de los otros -de todo un pueblo- porque «se sostuvo como viendo al Invisible» (Heb. 11:27).

«Así que, según tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gá. 6:10).

 

Que gran momento de poder dar de todo lo recibido del Padre, con su amor en nuestros corazones de hecho y en verdad, haciéndolo de corazón como para el señor, y ayudando a nuestros hermanos a llevar las cargas, sin cansarnos ni desmayar. Amen.     

Jca.

domingo, 6 de enero de 2013


Hebreos 11:1  1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.


La fe no es la unción, la unción no es la gloria, la gloria no es la fe.
Lo opuesto de no tener revelación es no tener conocimiento… cuando tienes conocimiento de Dios tienes luz.  La luz te hace libre.
Toda área en la cual seamos ignorantes es el área donde el diablo va a formar en nuestra cabeza una fortaleza.  Donde no hay conocimiento, luz, revelación… hay tinieblas.  El diablo anda en tinieblas.
Yo no sólo les doy el pescado, sino que también les enseño a pescar.

¿Qué NO es Fe?
Fe no es presunción, no es esperanza, no es conocimiento [cuando vez, oyes, hueles ya no es fe; es conocimiento natural], no es una habilidad natural [Fe es una habilidad sobrenatural].
Dios creo en este universo dos dimensiones, la natural y la sobrenatural.  La natural se accesa por los sentidos; la sobrenatural o espiritual se accesa por la fe.

Si Dios hubiese querido que el hombre viviera en la dimensión natural, por los sentidos, entonces no le hubiera dado fe.

Habacuc 2:4  4 He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.

Justo = aquel que se le han perdonado todos sus pecados, se le ha declarado justo cuando no lo merecía, y ha sido limpiado por la sangre de Cristo.  Justo no significa perfecto.  Justo significa que un día cuando dijiste” ROMANOS 10:9,10 , Dios dijo “yo te perdono”… y es como que nunca hayas pecado; eso es un justo, como si nunca hayas pecado… eso nos hizo creyentes, cristianos.

“El justo vivirá por su fe”.  Vivir significa comer, dormir, levantarse, trabajar, servir, todo es por fe.
2 Corintios 5:7  (porque por fe andamos, no por vista);

¿Qué significa caminar por vista?
Significa caminar por medio de nuestros sentidos… si oímos o vemos algo que nos molesta, nos afecta… y hacemos decisiones por esas cosas.  También se le puede llamar vivir por el medio ambiente.  Si vives por el medio ambiente, eso viene a ser su realidad, porque se conforma a ese medio ambiente.  A lo que ven sus ojos.

Hebreos 11:6  6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Todo lo que haces por fe, te hace sentir una satisfacción linda… todo lo que haces sin fe te hace sentir insatisfecho…
Dios nos diseñó para vivir por fe.  Cuando vives por fe agradas a Dios, cuando no lo haces desagradas a Dios.

¿Qué es fe?
Hebreos 11:1  1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Lo imposible está fundamentado en la lógica y establecido en la razón.  Toda imposibilidad está basada en la mente, en la lógica.  En la mente se fundamenta lo imposible, por eso hay que renovar la mente, porque la mente siempre va a cuestionar lo imposible.
Hay que renovar la mente y pensar desde la perspectiva de Dios.  En el cielo no hay desempleo, en el cielo no hay depresión, en el cielo no hay desempleo, en el cielo no hay enfermedad.  [El doctor te explica la enfermedad, para que la entiendas…]
Yo trato de convencerte que la lógica, no tiene lógica; que la razón, no tiene razón.
En el espíritu, no tiene por qué venirte la maldición de tu papá o de tu mamá porque Cristo, un impecable en la cruz se llevó todo eso.  [la enfermedad, la adicción, la maldición generacional, etc.].
Cuando se trata de entrar en esa dimensión sobrenatural, ¡desconéctate!
Hay que desconectar la cabeza, desconecta la razón, desconectar la lógica para accesar la dimensión de lo sobrenatural.  ¡Desconéctate!

Hay un Dios que te llena de gracia para darte lo imposible, hay una lógica humana que tienes que removerla… eso es fe.  Más allá de la lógica, beyond logic, ahí está la fe… esa es la fe.  Lo invisible, lo imposible ésa es mi fe.

Si quieres vivir en victoria desconecta tu lógica, desconecta tu razón.  Úsala para esta tierra, pero para el mundo espiritual, allá donde está la abundancia, allá donde está tu salud, allá donde está tu trabajo, allá donde está la liberación, ¡saca la fe! La fe que está dentro de ti, la fe de Dios para creer cosas grandes, ¡maravillosas!

¿Tenemos todos fe?
Romanos 12:3  3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

“Porque a todos se nos ha dado una medida de fe”
Dios nos ha dado a TODOS una medida de fe… Todo lo que Dios da, lo da por medida.  Dios te da gloria, Dios te da unción, Dios te da bendiciones financieras, Dios te da autoridad, Dios te da poder y te lo da en medida.  Porque Dios una vez que te da algo en medida, te pone la responsabilidad de usarlo… eso se llama la mayordomía.  
Si no lo usas, se pierde… cuando Dios te da un favor es para usarlo para bendecir a su gente.

Hebreos 11:1  1 Ahora es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Hebreos 11:1 1Now faith is the substance of things hoped for, the evidence of things not seen.  [1]

En el inglés dice:  “NOW faith is”   –  La fe es AHORA…

No “es pues”, es “ahora”… la traducción original es ¡AHORA!
Vamos a desmenuzar lo que es fe:
¡La fe es!… Uno de los nombres propios de Dios es “YO SOY”… Yo Soy significa en el eterno presente; Yo Soy lo que tú quieres que yo me convierta ahora.  YO SOY,  así que la fe es ahora.  

A otra palabra dice en español, certeza.
Certeza [en el inglés dice substance]  =  hupostasis  ==>  hupos =  debajo / tasis =  sentarse  ->  siéntate y descansa  =  SUSTANCIA
Hupostasis significa siéntate y descansa debajo de Dios…

¿Cómo sabes que estás actuando en fe?
Porque estás descansando.  No estoy ansioso, no estoy tomando pastillas, no dejo de dormir, no estoy afanado… estoy descansando en Dios.  A pesar de las circunstancias, estoy descansando en Dios.  Estoy hupostasis…

Cómo sabes que no estás caminando por fe, porque estás bien afanado…  No importa lo que esté pasando, no importa lo que el diablo haya dicho, a pesar de la economía… ¡siéntate y descansa!  ¡Aprópiate, siéntate y descansa!  ¡Hupostasis!  
La fe es la hupostasis, la certeza… en el original dice sustancia [substance].
Hupostasis = certeza = sustancia  ->  extracto

Sustancia  =  La fe es el extracto de todo lo que existe en el mundo espiritual.  Es el extracto de la gloria, es el extracto de la autoridad, es el extracto de la santidad, es el extracto de la prosperidad, es el extracto de la salud, es el extracto de la liberación.  Ese es el pacto.  La fe es el extracto de todo lo que Dios es.  No es el algo, pero representa todo ese algo.  Es el extracto de todo lo que Dios es.

Nosotros somos seres naturales que servimos a un Dios sobrenatural
¿Porque Dios le dio la fe al hombre?  Porque en el huerto Dios le dio todo, pero el hombre lo perdió… ¿y que le dio?  La Gloria.
La gloria es en esencia todo lo que Dios es… la gloria de Dios es salud, prosperidad, bendición, paciencia… todo lo que el hombre necesita.  Y el hombre lo perdió cuando pecó.  

Entonces le dio la fe [la sustancia, el extracto] porque el hombre tiene que estar conectado a este mundo y al mundo de Dios no se puede entrar por la vista, entonces te da la sustancia para que pruebes lo que hay ahí; para entrar a lo sobrenatural. 
La fe es lo que te lleva a todo lo que tiene Dios…

Sabiduría del Cielo:  Nunca vas a experimentar nada si no tomas riesgos
Convicción  [en ingles dice “evidence” o evidencia]  =  elenco  ->  término judicial que se utilizaba en esa época = prueba, evidencia, previo conocimiento, convicción.  Convicción -> Título de propiedad [title deed]

¿Cómo sé que estoy actuando en fe?
La fe tiene que ver con una convicción.  Cuando tienes convicción de algo.  Lo sé, que lo sé, que lo sé, que lo sé.  No dije que entiende…  No tiene que entenderlo, tiene que tener el convencimiento, la convicción.  La fe no es Dios, la fe es el extracto de todo lo que Dios tiene y de todo lo que Dios es.
Sabiduría del Cielo:  El fracaso se define como aquel que se desenfoca en la vida

Elenco también significa conocimiento previo…  Dios le pidió a Abraham que le diera a Isaac, y Abraham estaba persuadido de que el que se lo dio lo iba a resucitar.  Abraham tenía el conocimiento por adelantado, eso es convicción.
Hebreos 11:17-19  17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,  18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;  19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.

Cuando usted tiene convicción ahí Dios envía su bendición.
La fe que está en mí como estaba en la abuela de Timoteo (la fe es generacional) estaba en la abuela, en su madre y ahora en él.  Desato esa fe sobre ti AHORA.
¡Padre, en el nombre de Jesucristo  recibo esa fe!. Para aplicarla:
Aplicando una ley que da resultados                             Romanos 3:27
“27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.”
La fe es una ley y como toda ley hay que practicarla, respetarla y  ponerla por obra. Hay una ley de la fe y está operando a favor de su vida y usted la tiene que respetar y aplicar.
Todo su estilo de vida, lo que va desarrollando en Dios y todo lo que va alcanzar en esta tierra tiene que estar respaldado por la fe en Dios.
 Dentro suyo hay cosas poderosas que Dios ha depositado no sólo para completar su vida con toda plenitud y bendición, sino para operar a través de su vida en la vida de otras personas. Hay poder que fluye cuando sabe operar en la ley de la fe y lo hace con la palabra de Dios.
Lea Marcos 5:25-34. Seguramente ya habrá oído anteriormente sobre esta mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía mucho tiempo y después de haber recorrido muchos médicos y no haber encontrado solución en esta tierra, encontró a Jesús.
El versículo 28 muestra cómo ella aplicó la ley de la fe: “28 Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” El versículo siguiente muestra los resultados: “29 Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.” Así fue como aquella mujer aplicó la ley de la fe.
Hizo que el poder se manifestara por aplicar esa ley.
En esos momentos había como trescientas personas que estaban alrededor de Jesús porque querían recibir algo. Pero la que recibe la manifestación del poder es una persona que respeta leyes espirituales, las pone en práctica y ve los resultados en su vida.
La palabra de Dios está sobre todas las cosas y Dios se va a encargar de cumplir con su palabra y no va a quebrantar el pacto.
Cuando usted se pone en acuerdo y en pacto con él, caminando en esa palabra y aplicando las leyes espirituales va a hacer que el poder fluya y que la autoridad se manifieste en su vida y a través de su vida.
Para que todo eso se movilice y se encamine usted tiene que actuar en acuerdo con la palabra de Dios y poner en práctica las leyes espirituales para que se manifieste y fluya el poder con libertad.
Hay multitudes que lo necesitan y que quieren recibirlo pero no ponen en práctica aquello que hará que la bendición, el poder y la autoridad se manifiesten.
Sea como la mujer del flujo de sangre que aplicó una ley que da resultados. Yo no sé si necesita una sanidad milagrosa, la cancelación de una deuda o alguna otra cosa más interna pero algo sé, si usted aplica la fe sobre ese problema tienen que manifestarse los resultados en su vida.
Es así, si usted aplica la ley de la fe, o ley de la creencia indefectiblemente verá buenos resultados. Pruébelo y verá.
Oración: Padre, hoy entendí cuán importante es para mi vida el creerte y poner por obra tu Palabra. Todo lo que aplique en mi vida con fe, creyéndote, sé que me llevará al éxito seguro. Gracias por amarme tanto y poner a mi disposición todas las herramientas necesarias para caminar triunfante en esta tierra. Quiero vivir los días de los cielos en la tierra. En el nombre de Jesucristo, amén.
Jca.



[1]The King James Version, (Cambridge: Cambridge) 1769.

DESCANSO Y REPOSO PARA LOS HIJOS DE DIOS
"El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas". Salmo 23:2-3
La respuesta les puede sorprender: El insomnio.. La mayor parte de mi vida me reía secretamente ante el pensamiento de tener dificultades para dormir. Mi problema no era dormirme. Era mantenerme despierto.

Hace unos años, una noche me acosté, cerré los ojos y nada pasó. No me podía dormir. En vez de bajar la velocidad gradualmente para quedar en neutro, mi mente parecía haber enganchado una velocidad alta. Mil y una obligaciones me venían a los pensamientos. Pasó la medianoche y aún estaba despierto. Tomé un poco de leche y volví a la cama. Todavía estaba despierto. en algún punto, en horas de la mañana, tras haberme iniciado en la fraternidad de los insomnes, me dormí. Nunca más me reí de las dificultades para dormir.
Las personas con demasiado trabajo y poco sueño van al lugar de reclamo del equipaje de la vida y recogen el bolso del cansancio. Uno no lo carga. No se lo cuelga del hombro para caminar por la calle. Lo arrastra como lo haría con un obstinado perro San Bernardo. El tedio cansa.

¿Por qué estamos tan cansados? ¿Ha leído el periódico recientemente?
Ataques al corazón, deslealtades, deudas y batallas por la custodia de los hijos.
Puesto que no podemos dormir, tenemos un problema adicional.

Nuestros cuerpos están cansados. Piénselo. Si tantos  no duermen lo necesario, ¿qué significa? Que un tercio del país se duerme en el trabajo, toma siesta en las clases o se duerme en el volante. (Muchas  muertes en la carretera se atribuyen a camioneros soñolientos.) Diariamente se consumen treinta toneladas de aspirinas, pastillas para dormir y tranquilizantes. 2 El medidor de energía en el tablero de mandos de nuestra cabeza marca vacío.
Si invitáramos a un extraterrestre a resolver el problema, sugeriría una simple solución: todo el mundo a dormir. Nos reiríamos de él. No entiende nuestro modo de trabajar. De veras, no entiende nuestro modo de trabajar. Trabajamos arduamente. Hay que ganar dinero. Hay títulos que alcanzar. Hay escaleras que subir.

Según nuestra mentalidad, estar bien ocupado es estar a un paso de la santidad. Idealizamos a Tomás Edison, quien decía que podía vivir con quince minutos de sueño. Y por el contrario nos olvidamos de Albert Einstein, que promediaba once horas de sueño por noche.

En la actualidad dormimos siete y nos enorgullecemos de ello. Tenemos la mente cansada. Tenemos el cuerpo cansado. Pero, lo que es peor, tenemos el alma cansada.
Somos criaturas eternas y nos hacemos preguntas eternas: ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? ¿Hay vida más allá de la muerte? Estas son preguntas fundamentales para el alma. Si las dejamos sin responder, tales preguntas nos robarán el descanso.

Sólo otra criatura viviente tiene tanto problema para descansar como nosotros. No los perros. Estos dormitan. Ni los osos. Estos hibernan. Los gatos inventaron las siestas breves, y las marmotas duermen veinte horas diarias La mayoría de los animales saben descansar. Hay una excepción. Tales criaturas son lanudas, tienen poca inteligencia y son lentas. No, no se trata de los maridos en un día sábado. ¡Se trata de las ovejas! La oveja no duerme.

Para que la oveja duerma todo tiene que estar bien. Que no haya depredadores. No puede haber tensiones en el ganado ni insectos en el aire. No debe tener sensación de hambre en el vientre. 4 Todo tiene que andar bien.
Desafortunadamente la oveja no puede hallar lugares de delicados pastos, ni puede rociar insecticida, ni tratar las fricciones personales, ni hallar alimento.
Necesitan ayuda. Necesitan un pastor que las «guíe» y las ayude a «descansar en lugares de delicados pastos». Sin un pastor no pueden descansar.

Nosotros tampoco podemos hacerlo sin un pastor.
En el versículo dos del Salmo 23 , el poeta David se convierte en David el artista. Su pluma se convierte en pincel, su pergamino en lienzo y sus palabras pintan un cuadro.
Un rebaño de ovejas echadas sobre sus patas dobladas rodea al pastor. Los vientres de las ovejas descansan en el pasto largo. A un costado hay una laguna quieta, al otro hay un pastor que vigila. «En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará» ( Salmo 23.2 ).

Note los dos pronombres que preceden a los verbos: Me hará … me pastoreará ¿Cuál es el sujeto activo? ¿Quién está a cargo? El pastor. Los pastores eligen el camino y preparan los pastos. La tarea de la oveja (nuestra tarea) es mirar al pastor.
Con los ojos puestos en nuestro Pastor, podremos dormir.
«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera» ( Isaías 26.3 ).
Cambie de enfoque y relájese.
¡Y mientras lo hace, cambie de programa y descanse!

Mi hermana se encontró con una amiga en una cafetería. Las dos entraron al estacionamiento al mismo tiempo. Cuando salió de su coche,  vio a su amiga que le hacía señas. Pensó que le decía algo, pero no pudo oír palabra alguna. Un martillo neumático rompía el pavimento a corta distancia. Caminó hacia su amiga, que, como supo luego, sólo la saludaba, y ambas entraron en la cafetería.
Llegado el momento de irse, mi hermana no logró encontrar sus llaves. Buscó en su cartera, en el suelo, en el coche de su amiga. Finalmente cuando llegó al coche, allí estaban. No sólo estaban en la cerradura del contacto, el motor estaba funcionando. Había estado funcionando todo el tiempo que ella y su amiga habían estado en el café.  culpa al ruido. «Había tanto ruido, que olvidé apagar el motor».

El mundo se comporta de esa forma. La vida se puede hacer tan ruidosa que olvidamos apagarla. Quizás se deba a eso que Dios pone un énfasis tan grande en el reposo en los Diez Mandamientos.

Puesto que hizo tan bien el ejercicio, hagamos otro. De las diez declaraciones grabadas en las tablas de piedra, ¿cuál ocupa más espacio? ¿El adulterio? ¿El homicidio? ¿El robo? Uno tiende a pensar así. Cada uno de ellos merece que se le dé espacio.
Pero es curioso: estos mandamientos son un tributo a la brevedad. Dios necesitó sólo tres palabras en castellano para condenar el adulterio y sólo dos para denunciar el robo y el homicidio. Pero cuando se llegó al tema del reposo, no bastó una oración.

«Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.
Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó» ( Éxodo 20.8–11 ).

Dios nos conoce muy bien. Podemos ver al dueño de la tienda que al leer este versículo piensa: «Pero alguien tiene que trabajar ese día.
Si yo no lo hago, lo tiene que hacer mi hijo». Pero Dios dice, ni tu hijo . «Entonces lo hará mi hija». Ni tu hija. «Entonces un empleado». Ninguno de ellos. «Pienso que tendré que mandar mi vaca para que atienda el negocio, o quizás encontraré algún extranjero que me ayude».
No. Dios dice no. Un día de la semana dirás no al trabajo y sí al culto. Te detendrás, te sentarás y te recostarás para descansar.

Aún objetamos: «Pero … pero … pero … ¿quién se hará cargo de la tienda?» «¿Y mis calificaciones?» «No he alcanzado mi cuota de ventas». Ofrecemos una razón tras otra, pero Dios las acalla todas con un conmovedor recordatorio:
«Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día». El mensaje de Dios es claro: «Si la creación no sucumbió cuando reposé, no sucumbirá cuando reposes».

«Aun las bestias de carga necesitan que se les suelte a pacer de vez en cuando; el mar mismo se detiene en el flujo y reflujo; la tierra guarda sus reposos durante los meses de invierno; y el hombre, aun cuando es exaltado al rango de embajador de Dios, debe descansar o desmayará, debe limpiar la mecha de su lámpara o alumbrará mal, debe recuperar su vigor o envejecerá prematuramente … A la larga haremos más haciendo menos».
El arco no puede siempre curvarse sin temor de que se rompa. Para que un campo dé fruto, de vez en cuando debe permanecer en barbecho.

Para que tenga salud, debe descansar. Baje la velocidad y Dios lo sanará. Traerá reposo a su alma, a su cuerpo y a casi todo su ser. Le guiará a lugares de delicados pastos.

Los pastos verdes no eran el paisaje natural de Judea. Las colinas de Belén donde David cuidaba su rebaño no eran fértiles ni verdes. Aún en la actualidad son casi desérticas. Los pastos verdes de Judea se deben al trabajo de algunos pastores. Han limpiado el terreno áspero y rocoso. Han quitado los tocones y las han quemado junto con la maleza. Riego, cultivo. Ese es el trabajo de un pastor.

Por eso cuando David dice «en lugares de delicados pastos me hará descansar», en realidad dice: «Mi pastor me hace descansar en su obra terminada».

Con sus manos horadadas, Dios en  Jesúcristo creó una pradera para el alma.
Arrancó los espinosos arbustos de la condenación. Arrancó los enormes peñascos del pecado. En su lugar puso simiente de gracia y cavó lagunas de misericordia.
Y nos invita a reposar allí.

¿Puede imaginarse la satisfacción en el corazón del pastor cuando, acabado el trabajo, ve a sus ovejas descansando en lugares de delicados pastos?

¿Puede imaginar la satisfacción en el corazón de Dios cuando hacemos lo mismo? Sus pastos son su don para nosotros. No son pastos que hemos cultivado. Tampoco son pastos que merecemos. Son un don de Dios.
«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios» ( Efesios 2.8 ).

En un mundo difícil debido al fracaso humano, hay una tierra en que verdea su divina misericordia. Su Pastor le invita a ir allá. Quiere que se recueste, que se hunda hasta quedar oculto en los altos pastos de su amor. Allí encontrará descanso.
Como lograr esta paz, muy sencillo veamos que dijo el señor Jesucristo:
Lucas 11:28 28Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
Otras versiones:
(LPD) Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".
(DHHe)  Él contestó:
–¡Dichosos más bien los que escuchan el mensaje de Dios y le obedecen!
(TA) Pero Jesús respondió: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios, y la ponen en práctica.
(GNT)  αὐτὸς δὲ εἶπε· μενοῦνγε μακάριοι οἱ ἀκούοντες τὸν λόγον τοῦ Θεοῦ καὶ φυλάσσοντες αὐτόν.

Bienaventurado, dichoso, feliz al que escucha la palabra de Dios y la guarda, la obedece.

Oír, guardar y seguir la palabra de Jesús, los que la ponen en practica a la palabra anunciada por él, eso es lo que preserva, y eso da paz, felicidad, y reposo.

La palabra de Dios y su guarda hace ingresar en el Reino, con todo lo que esto significa y uno accede al reposo de Dios, tan necesario en este tiempo tan demandante que vivimos, y a la cual no de vemos conformarnos a el sino transformarnos por medio de la renovación  de nuestro entendimiento como dice Romanos 12:2

Guardando estas verdades en nuestro corazón, practicándolas es la única forma de comprobar su voluntad agradable y perfecta y disfrutar de ser bienaventurado y terminar un año y comenzar otro con descanso en el alma.

Hebreos 4: 9 – 11 9Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
11Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
 Siempre recordando que Dios cumple siempre no se arrepiente ni miente, El es bueno y es nuestro Padre Celestial.
Números 23:19      Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta.     El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Cada uno debe procurar entrar en ese reposo que Dios da a sus hijos, el ha reposado de sus obras asi nosotros también de las nuestras, y se entra por creencia y obediencia a lo que Dios dijo en su Palabra que es su voluntad revelada para nosotros.

En estos tiempos tan demandantes acordémonos de lo que Dios dijo y pongamos en practica y no solo oir o leerlo y quedarnos allí, es en la acción en la practica que somos Bienaventurados, dichosos y felices   por su amor y misericordia y gracia hacia nuestras vidas,  ya que para el somos su especial tesoro.     Malaquias  3:17.



Jca.