domingo, 5 de mayo de 2013


CORRECCION II. O TODOS CONTRA TODOS
A veces me sorprende la seguridad de ciertas personas al afirmar y asegurar su opinión sobre ciertos temas. En algunos casos, abordan discusiones que llevan cientos y cientos de años y a las que muchos hombres han dedicado su vida estudiando seriamente las pruebas, los datos, los idiomas originales, los contextos culturales, sin llegar a ponerse de acuerdo. Pero de pronto estos hermanos, por la lectura de algún artículo en internet o de algún librito explicativo, resulta que ya lo ven con la máxima claridad.

Y no sólo eso, sino que ahora corres el riesgo de que, cuando se alejen de ti, te condenen como ‘el nuevo apóstata’ por no ver el asunto con la misma claridad que ellos.
Por supuesto, y nuevamente lo digo, no me refiero a doctrinas bíblicas fundamentales, ni a conductas claramente condenadas en la Palabra de Dios. ¡No!
El diablo ha dado vueltas alrededor de nuestro campamento y ha encontrado una manera muy eficaz de debilitarnos. Y en muchísimos casos su gran táctica ha sido la distracción, la división y el inflar nuestro bonito orgullo. Y estos tres han trabajado como una sola herramienta en su mano. De esta manera perdemos cualquier cantidad de tiempo y esfuerzo en temas que no sólo no son centrales y provechosos para nuestra fe, sino que nos van dividiendo en más y más interminables facciones. Y todo esto para alegría y alabanza de nuestro orgullo.

¿Adán tenía ombligo?
De pronto en la Iglesia hubo un gran silencio y caras de preocupación. Hasta que un hermano se acomodó su corbata, subió con mucha seguridad al púlpito y aseguró: “Hermanos, les ruego que no pongan en duda la Palabra de Dios. Tenemos la total certeza de que Adán tenía ombligo”. Para esto alguien que había leído cuanto libro encontró sobre la época de la Reforma y deseoso de constituir una nueva revolución espiritual, gritó: “¡Hey, alto! ¡Eso es blasfemia! Ya lo dijo Lutero, ‘a menos que se me convenza por las Escrituras y por la razón misma, no puedo ni quiero retractarme’. Adán-no-tenía- ombligo”.
Vivieron así por dos años sumamente duros hasta que finalmente se produjo lo ineludible: la gran división de los ‘ombliguistas’ y los ‘no ombliguistas’.
Tal vez parezca ridículo o exagerado. Pero creo que el ejemplo nos puede ayudar a tener cuidado.

Cuando algo te está distrayendo de las verdades esenciales del evangelio, de los mandatos claros de la Palabra por los que un día ciertamente darás cuentas: ¡cuidado! Cuando crees que Dios te está hablando algo que no le ha hablado a nadie en los últimos dos mil años: ¡cuidado! Todas las sectas comenzaron con un ‘gran iluminado’ viendo algo nuevo que nadie más había visto. Y mira cómo le fue a Satanás por huir de la humildad.

Cuando lo primero que hablas al encontrarte con algún hermano que acabas de conocer es sobre tus grandes revelaciones sobre tal o cual tema o si enseguida le preguntas si hacen no sé qué cosa que tu Iglesia sí hace y el resto no: ¡cuidado!
¿Tú, al acercarte a un cristiano, buscas enseguida ese tema que hace aplaudir a tu orgullo?
Más santo que tú.
Tenemos divisiones de todo tipo y cada uno dice que la unidad con los otros es imposible debido a que ese tema que los separa es ineludible y fundamental.
Uso este ejemplo pero hay miles.

Unos dicen que la Iglesia debe reunirse en casas y el que lo hace en un local de reunión está fuera de la forma en que se hacía en el Nuevo Testamento (Romanos 16:5; Filemón 1:2), olvidándose que también se reunían en el templo (Hechos 2:46; 5:42). Y al conocerlos sin apenas saber tu nombre te preguntarán: “¿Dónde se reunían los primeros cristianos?” Por el otro lado están los que si te reúnes en una casa dirán que eso no es una Iglesia, olvidándose los otros versículos.

Otros no tolerarán que uses un nombre para la Iglesia y dirán que Pablo prohibió eso en 1 Corintios 3:4. Mientras, se llenan la boca diciendo que ellos son los únicos cristianos verdaderos ya que dicen no tener denominación.

Sin darse cuenta que justamente lo que Pablo condenaba en 1 Corintios era el sectarismo y el envanecimiento de creerse el grupo superior al resto: “aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:2).
De tal manera los Corintios se creían parte del grupo de los súper espirituales que creían que ya no necesitaban al mismo Pablo:
“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.
Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4:6-8).
Interminable.

Así podríamos seguir con una lista interminable. Cada uno con sus opiniones, conjeturas, ideas preconcebidas, doctrinas supuestamente no negociables formadas con medio versículo.
Cosas que nos pueden hacer sentir muy santos, espirituales y orgullosos de haber alcanzado la nube de un gran conocimiento, de ser parte del grupo selecto del Señor.
Pero la pregunta que debemos hacernos es: la batalla que libramos ¿es la guerra por las verdades fundamentales de la Palabra de Dios, o es una triste consecuencia de nuestro orgullo e inmadurez?
Eso que afirmas con tanta seguridad al punto de arriesgarte a causar daño al cuerpo de Cristo ¿está basado claramente en la Palabra de Dios, o es tu opinión? ¿Tu orgullo cuando mencionas tal o cual tema se eleva por las nubes?
¿Un consejo?
Alejate de las distracciones del diablo, deja las discusiones que solo inflan tu ego y destruyen: “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad” (2 Timoteo 2:16). Y concéntrate más bien en lo que sea genuinamente útil para tu fe y para la de otros: “cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas” (Hechos 20:20).
Insiste en lo que estás seguro que es provechoso:
“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes” (2 Timoteo 2:14). “Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas” (2 Timoteo 2:23).

Oro con todo mi corazón que podamos entender de verdad el consejo de Pablo a Timoteo: “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman“ (1 Timoteo 1:5-7).

Ya vimos una primera razón por la que estamos en esta guerra de todos contra todos: a veces confundimos el “contender ardientemente por la fe” con un “contender sobre opiniones“.       Y ya comenzamos a ver una segunda razón: a veces no entendemos que hay diferencias enormes y claras entre ‘ovejas’ y ‘vestidos de ovejas’.
Este segundo punto es terrible porque nos lleva a tratar de igual forma a unos y a otros, lo cual es completamente anti bíblico y contrario a Dios.

Disparando versículos
A veces nos hemos sentido los ‘grandes profetas de Dios’ tirándole a todo el mundo versículos por la cabeza con una dureza que hace parecer a Juan el Bautista un dulce bebé durmiendo. Así, palabras como hereje, apóstata, blasfemia, secta, lobos rapaces, afectado espiritual y otras muchas, aparecen ante la menor discrepancia entre hermanos y terminan por ponerse de moda. “Si no piensas como yo eres un hereje-lobo-anatema-apóstata-engañador, digno de que aparezca tu foto hasta en las páginas de recetas culinarias“.

Esto, aunque nos puede hacer sentir muy santos y dueños de la verdad, es tan errado como las enseñanzas de los mismos falsos maestros que denunciamos.
Contra lo que uno puede a veces pensar, el hereje no es solamente aquel que enseña en la Iglesia una doctrina contraria a alguna verdad fundamental de las Escrituras. 
Pablo le escribió a Tito sobre hombres en la iglesia “a los cuales es preciso tapar la boca” (Tito 1:11). Éstos causaban ‘divisiones’. Tito 3:10,11 dice: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación, deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y se ha condenado por su propio juicio“.
En griego, donde dice “hombre que cause divisiones“, se usan las palabras ‘jairetikós ándsropos’, lo cual la Biblia Interlineal traduce como ‘hombre hereje’. Estos no sólo dividían a la Iglesia con falsas enseñanzas sino con discusiones, peleas, debates sin sentido, opiniones personales, etc. Por esto Pablo escribe:
“Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo” (Tito 3:9,10).
La versión Peshitta traduce: “evita los debates insensatos… las contiendas y las discusiones“.
¡Cuidado!
Hablar la verdad con firmeza ante falsos hermanos es una cosa. Dividir Iglesias, causar daño al cuerpo de Cristo, o generar conflictos entre hermanos constantemente con debates insensatos, contiendas y discusiones, es algo muy distinto.

Provocar divisiones es tan grave que la Biblia, como hemos visto, nos ordena echar a quienes las producen. Proverbios 6:16-19 dice rotundamente que “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma” y entre ellas incluye: “el que siembra discordia entre hermanos“.

Por esto debemos estudiar seriamente las Escrituras, para no pensar que estamos peleando las batallas del Señor y, en cambio, resulte que con lo único que batallamos es con nuestro orgullo produciendo debates insensatos, o inducidos por alguien sutilmente en uso de su poder,  o que pensemos que somos los grandes cazadores de herejes y el Señor nos vea igual de herejes por vivir discutiendo, centrándonos siempre en los errores de los demás y atacando a todo aquel que no ve al 100% lo mismo que nosotros.    
    El remedio es:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”                                            (2 Timoteo 3:16-17).
La inspiración  de las Sagradas Escrituras las convierten en autoridad absoluta y final, la norma suprema de la fe y practica , el manual de Instrucción de Dios, su Voluntad.
Santiago  3:13  ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.  Stg 3:14  Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 
Jca.

CORRECCION - O  TODOS CONTRA TODOS
 Lo vemos en la historia de la Iglesia. Cada vez que Dios ha hablado o hecho algo, el diablo se ha movido paralelamente. Para cada trigo de Dios, Satanás ha sembrado su cizaña (Mateo 13:37-43). En el Nuevo Testamento encontramos la obra de Jesús, el Espíritu Santo y el evangelio. Pero también nos sorprende que Iglesias como la de Corinto le daban la bienvenida a “otro Jesús”, “otro Espíritu” y “otro evangelio” (2 Corintios 11:4).
¿Estoy diciendo que Dios se ve impotente ante los sustitutos del diablo? ¡No! “Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?” (Isaías 43:13). Jesús dijo claramente: “Es necesario que vengan tropiezos” (Mateo 18:7). Sólo la fe genuina permanece a través de todos los obstáculos (Mateo 13:18-23; Santiago 1:2,3).
Seamos sabios Pero también debemos ser sabios y,
“para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros”, no debemos ignorar “sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11).

Hace algunos años, Dios comenzó a advertir a Su Iglesia sobre cómo ciertos hombres estaban enseñando mentiras de este mundo haciendo las pasar como verdades bíblicas.
Y no solo habían logrado hacerse muy famosos, sino realmente ricos. Y muy lejos de avergonzarse por esto, ellos le enseñaban a los demás (y aun lo hacen) a que todos pueden lograrlo también.     Y a esto lo llaman “ministerio”. El Señor habló claramente de que esto no tenía nada que ver con él, y que debía ser confrontado.
 Fue una obra de Dios para despertar a Su Iglesia a la santidad y el regreso a Su Palabra.    ¡Cuanta misericordia de Dios hay en que él nos limpie día a día!

Cuando el Señor abrió nuestros ojos, al menos un poco, y comenzamos a darnos cuenta que él demandaba más santidad y fidelidad a Su Palabra en la Iglesia de hoy, fue ni más ni menos que por Su gracia. Muchos fuimos confrontados, y con la misma palabra de exhortación, exhortamos a otros. Dios estaba obrando. Y seguramente el Señor sigue usando a muchos en esa tarea.
Pero de pronto, casi sin darnos cuenta, esto se transformó en una bonita guerra de ‘todos contra todos’ donde la unidad con cualquier hermano parece ser imposible ya que cada uno, al instante de conocerlo, saca su kilométrica lista de ‘verdades irreconciliables’, para decirte que si no estás de acuerdo él volverá por donde vino. ¿Qué fue lo que pasó?  

No es lo mismo:           De “contender ardientemente por la fe” (Judas 3) se pasó, como si fuera lo mismo, a un “contender sobre opiniones” (Romanos 14:1). Pero hay una diferencia enorme entre luchar las peleas de Dios por verdades fundamentales de la Palabra, y comenzar a discutir con todo el mundo defendiendo nuestras opiniones personales sobre tal o cual cosa.
Pablo explicó claramente a la Iglesia en Roma que existen los hermanos débiles en la fe. Él no se refería, en este caso, a personas que en medio de las dificultades flaquean. ¡No! Él hablaba de personas inmaduras que consideran sus propias opiniones como “la verdad de Dios” ¡Y cuídate de no estar de acuerdo con ellos! ¡Si transgredes una de sus leyes eres un ‘apóstata’ y un ‘hereje’!

Por esto Pablo escribió: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones” (Romanos 14:1). En aquella época muchos tenían sus propias opiniones acerca de qué debían comer y qué no, qué días debían guardar para esto y para aquello y cuáles no.
Romanos 14:2-6: “Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios“.

Así, sin duda, nos sucede muchas veces. No solamente con la comida o sobre ciertos días. Cuántas opiniones personales andan por ahí dando vueltas y transformando a la iglesia en un campo de batalla feroz.

Ya no solo hablamos de congregaciones que se creen dueñas únicas de la verdad, sino que cada uno, porque ha leído no sé qué libro, ha visto tal video por internet o recibido una supuesta revelación sobre un versículo, cree que él es el mesías salvador de la Iglesia de hoy. Él ha encontrado justo ‘esa verdad sobre las cosas que a la Iglesia no la dejan ser lo que Dios quiere’.
Él es el que tiene la pieza clave, el engranaje fundamental, el secreto mejor guardado que, al ser aplicado, solucionará todos los problemas del cristianismo actual.
Una nueva opinión personal
Pero al escucharlo, lleno de tal celo que tu vida corre peligro si lo contradices, finalmente no encuentras que no se trata más que de una nueva lista de opiniones personales.¡Qué fácil es sentarse delante de una computadora y opinar como experto! 

He aquí un prototipo de algún diálogo de estos, perdido en el ciberespacio:
Licenciado opinólogo:      - ¿Eclesiología? Ah sí, la Iglesia debe ser así y así.
– ¿Evangelización? Huy, sí, la forma de ganar almas es esta y esta otra.
– ¿Temas pastorales? Ja, son mis preferidos. Dame 5 minutos y te explico la forma bíblica de pastorear.
Hermano desprevenido:          - Ay, qué lindo hermano. ¡Qué interesante haberlo conocido! Una pregunta: ¿qué hace usted para el Señor?
Licenciado opinólogo: - Ah… ¿qué hago para el Señor? Bueno, mi trabajo secular no me deja mucho tiempo… pero el Señor sabe.
Él jamás ha hecho nada. No tiene experiencia y todas sus opiniones han nacido simplemente de haber leído no se qué y de haber visto no sé cuánto. Nunca ha puesto en práctica nada de eso. Pero él cree tener cada punto en la ‘i’ correcta. Él olvidará gustoso que Santiago 1:19 dice: “todo hombre sea pronto para oír y tardo para hablar”, y hablará y hablará.
No habrá puesto el hombro en la mies del Señor nunca, pero ¡ay, cómo castigará con su más alto ‘celo santo’ cualquier error de aquellos que sí han puesto sus manos en el arado

Un buen remedio para cuando nos transformamos en ‘licenciados opinólogos’ es que pongamos en práctica nuestra fe. Haz algo. Vive tu fe. Pon en práctica tus opiniones personales. Allí verás cuanto de lo que hablabas era opinión gratuita y cuanto era la verdad de Dios. Y luego enseña con la base sólida de estarlo viviendo.
Muchas veces transformamos opiniones personales en una verdad que defendemos de tal manera que cualquiera que la ponga en duda corre peligro de ser quemado en nuestra hoguera.
Estamos bien.
David estaba muy tranquilo cuidando ovejas, pero Isaí, su padre, le mandó que vaya al campo de batalla para llevarle provisión a sus hermanos y ver cómo estaban (1 Samuel 17:17,18). Cuando llega David al lugar donde supuestamente se estaba librando la guerra, se lleva una gran sorpresa: nadie estaba peleando ninguna guerra. Un gigante llamado Goliat aparecía día tras día delante del campamento de Israel diciendo: “Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis” (1 Samuel 17:8,9).

Esto lo había hecho por 40 días, y nadie hacía nada. Incluidos, por supuesto, los hermanos de David. Todos miraban asustados como este gigantón se burlaba de ellos.
Hasta podemos imaginar a todo Israel orando con voz temblorosa: “Señor haz algo. Señor haz algo”.
En el transcurso de todo aquello encuentra por fin David a sus hermanos y cumpliendo con el mandato de su padre, dice 1 Samuel 17:22 que “preguntó por sus hermanos, si estaban bien”. Mas, ¿y cómo van a estar? Obviamente bien: ¡si no habían hecho nada!. Su tarea era estar peleando las batallas del Señor pero en su lugar estaban bien escondiditos esperando que un viento frío soplara sobre Goliat. La pregunta estaba un poco de más ¿no? Sin duda ellos estaban bien, sanos y salvos…. y de seguro hasta descansaditos. No habían hecho nada.
Soberbia y la malicia de tu corazón
Igual con los hermanos de David. Ellos estaban perfectamente bien. No habían hecho nada. Pero, he aquí algo más que interesante: Luego de preguntarle a sus hermanos cómo están, David dice: ” ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1 Samuel 17:26). Él, aunque apenas es un jovencito, decide ir a pelear contra este filisteo.
Y a los hermanos, al darse cuenta de esto, de pronto ¡les viene un precioso ‘celo santo’! Ellos no habían hecho absolutamente nada. Pero eso sí: para criticar con todo fervor, nadie como ellos.
Y le dicen a David: “¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido” (1 Samuel 17:28).
¡De pronto los hermanos de David eran expertos en reclamar responsabilidad al joven y hasta podría parecer que tienen don de discernimiento!
Cómo termina la historia, ya lo sabes. David no tenía tiempo para opiniones. Él les responde: “¿no es esto, mero hablar?” (1 Samuel 17:28). 

En vez de iniciar un debate por internet sobre opiniones, simplemente fue, le cortó la cabeza al gigante, con su ejemplo les dijo: “así se hace”, y se volvió a su casa.
Hermano: todo eso que dices que la Iglesia debe hacer, sal y hazlo. Ve a los hospitales, predica el evangelio, entrega tu vida, pon en práctica lo que crees que se debe hacer, ejerce tu ministerio, ama a los imposibles de amar, sé integro, toma responsabilidades, experimenta lo que es que en la intensidad de la batalla las fuerzas desaparezcan. Lo que sea que hayas demandado a los demás, sal y hazlo. ¿Cometerás errores? Sí, sí, seguro que muchos pero:
a) Así se aprende.    b) Ahí te darás cuenta por qué razón otros cometen errores: porque no solo opinaron sobre lo que los demás deberían hacer.
Hermano: enséñanos con tu ejemplo como David. Y lo Util para enseñar es la Palabra.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”                                            (2 Timoteo 3:16-17).
2 Ti. 3:16. «Toda Escritura es inspirada (lit. alentada, soplada)   por Dios, y es útil...» * *Pag. 59 Dic. Figuras de Dicción usadas en la Biblia de Bullinguer-Lacueva
"Inspiración" es de la palabra Griega "theopneustos." Signifca "suspirada por Dios,   el origen de la Escritura es: "Suspirada por Dios" (theopneustos Griego), [o sea], que las palabras de la Escritura deben ser recibidas como de Dios Mismo … literalmente, respirado de Dios.

                  Esto quiere decir que la Sagrada Escritura fue exhalada por Dios.
La inspiración  de las Sagradas Escrituras las convierten en autoridad absoluta y final, la norma suprema de la fe y practica , el manual de Instrucción de Dios, su Voluntad.

Debemos confiar en la Escritura misma, no en la forma en que los hombres la explican según sus conceptos personales. Una cosa es ver la Biblia como una simple recopilación de relatos, y otra muy distinta es reconocerla como un conjunto de instrucciones y ejemplos divinamente inspirados que forman un todo unificador.
La Biblia está repleta de ejemplos de personas como nosotros cuyas vidas nos muestran su obediencia o desobediencia a los principios de Dios.

La Escritura, que es poderosa, por sí misma producirá efecto; confía en ello,                           pues toda es proveniente de Dios y es útil:
para: enseñar (la doctrina correcta que contrasta naturalmente con la falsa),
para redargüir (o reprender por sí misma a las personas por su conducta errónea o sus creencias equivocadas sacando todo pecado y mentira a la luz),
para corregir (para ayudar a alguien que ha caído a volver a ponerse en pie, mostrando el camino de regreso a una vida piadosa)
y para instruir en justicia (adiestrándonos para hacer lo que es justo y aprobado por Dios).

Santiago  3:13  ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.  Stg 3:14  Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;
Stg 3:15  porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.  Stg 3:16  Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
Stg 3:17  Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

Uno tiene que estar de acuerdo con la Palabra de Dios, no con los inventos de ciertos líderes malhumorados o porque buscan su conveniencia y no la edificación de la Iglesia hasta que todos lleguemos a:
Efe 4:11  Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,   Efe 4:12  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Efesios 4:13  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;. 
Esto hace un buen Pastor, o un buen líder.                              Jca.

miércoles, 1 de mayo de 2013


LA VERDAD VIVE Y PERMANECE PARA SIEMPRE
Nuestro concepto de la verdad va a determinar gran parte de nuestra vida. Nos guste o no, la vida que vivimos es en gran parte consecuencia de la verdad que creemos. La raíz del conflicto no es cultural ni siquiera ideológica, es moral. Lo que se está dilucidando en el fondo no es una nueva filosofía, sino quién tiene la autoridad en mi vida y en el mundo, «¿manda alguien ahí arriba o puedo mandar yo?».
Lo que yo pienso y siento, mi opinión, es lo que vale. Mis sentimientos, en especial mi felicidad, tienen primacía sobre la razón.

Esta forma de pensar tiene una consecuencia inevitable: si no hay una sola verdad, sino muchas verdades, entonces mi verdad es tan válida y correcta como la tuya. De esta manera, el concepto de verdad queda reducido a una opinión personal y, por tanto, discutible.             La conclusión es clara: no hay una verdad absoluta -la Verdad-, sino muchas verdades relativas.

Éste, sin embargo, no es el final del camino porque no estamos ante un asunto sólo de ideas, sino de conductas. La verdad tiene unas consecuencias éticas: es la guía para discernir entre lo recto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Si la verdad está dentro de mí, entonces no hay una moral objetiva, sino que cada uno se construye su propia guía de conducta.
Nadie tiene que enseñarme lo que está bien y lo que está mal porque esto lo sé sólo yo. Además, lo que es bueno para ti puede ser malo para mí o viceversa. Y así vivimos en una época en la que se repite como un calco la descripción del tiempo de los jueces cuando «cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jue. 17:6). La confusión ética y una crisis de valores sin precedentes son la consecuencia natural de eliminar el valor absoluto de la verdad.

Esta corriente de subjetivismo y crisis de la verdad está afectando a la Iglesia de forma perceptible. La erosión de la autoridad de la Palabra de Dios como norma suprema de vida y de conducta es una de sus consecuencias más preocupantes. Para muchos creyentes la Biblia ha dejado de ser normativa para ser sólo orientativa. 

Cuando la Verdad se convierte en algo relativo y no absoluto, la Iglesia acaba siendo mundana, es transformada por el mundo en vez de ser ella agente de transformación; la Biblia pasa a ser un libro orientativo, pero no normativo y la gracia de Cristo se convierte en una gracia barata que lo acepta todo y mira hacia otro lado ante aquellas conductas que antes se llamaban pecado y que ahora quedan excusadas por este manto de subjetivismo que lo envuelve todo.

Por esta razón los cristianos debemos recuperar y proclamar con vigor la Verdad de Dios revelada en la Biblia y encarnada en Cristo. Necesitamos coraje para ser heraldos de esta Verdad y coherencia para encarnarla en nuestra propia vida. Sólo así lograremos ser «sal y luz» en un mundo de corrupción y oscuridad. Aquel que dijo «Yo soy la luz del mundo» (Jn. 8:12) también afirmó de sí mismo: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn. 8:32).

La Verdad sigue viva en Cristo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida...» (Jn. 14:6)  la verdad. Jesucristo es completamente verdadero y confiable en su persona y en su enseñanza. Por medio de El, Dios ofrece las verdades necesarias para la salvación.  la vida. Jesús es la fuente y el dador de la vida, la cual consiste en tener continua comunión con Dios.
Endíatris: Aunque los griegos no dieron nombre a esta figura, está cla- ro su uso en las Escrituras, ya que, a veces, hallamos en cone- xión manifiesta tres nombres, de los cuales dos hacen de adje- tivos que enfatizan la importancia del nombre principal.    Jn. 14:6. «Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida»; es decir, el camino verdadero y vivo. Es cierto que Jesús es la verdad y la vida, pero lo que en este versículo quiere el Se- ñor enfatizar es que él es el único camino al Padre, pues el tema de toda la porción es «el camino»; así que los otros dos nombres sirven para describir la naturaleza de dicho camino (comp. con He. 10:21 «por el camino nuevo y vivo»). Fig.Dicc. Bullinguer-Lacueva. Pag. 583                                                 

 Andar en ese camino es andar en Verdad y Vida, y andar como el anduvo.
Al mostrar la Verdad de Dios al mundo podemos compararla a un diamante que tiene varias caras, cada una de las cuales refleja aspectos preciosos, aunque parciales, del todo:
1. La Verdad es inseparable de la Palabra de Dios
Dios ha hablado a lo largo de la Historia «muchas veces y de muchas maneras» (Heb. 1:1) y nos ha revelado la Verdad en las Escrituras. Esta cara del diamante es la que podemos llamar la verdad revelada. Constituye el conjunto de proposiciones que somos llamados a creer. El apóstol Pablo la llama «el buen depósito» (2 Ti. 1:14) o la «sana doctrina» (2 Ti. 4:3; Tit. 1:9). Este cuerpo de doctrinas -creencias- se inicia con la revelación de Dios a los patriarcas, sigue con los profetas y culmina en el NT con la enseñanza de Jesús y los apóstoles.

Si bien está expresada de manera perfectamente comprensible -hay un elemento lógico racional incontestable en la verdad revelada-, en último término sólo se puede acceder a ella desde la fe. Son los ojos de la fe los que alumbran nuestro entendimiento (Ef. 1:18) y nos permiten aprehender toda la riqueza de la Verdad de Dios.
 Efe 1:18  alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

2. La Verdad es inseparable de la vida
La verdad de Dios es inseparable de la vida, tiene unas implicaciones morales inevitables para nuestra conducta. La verdad no es sólo algo a creer, sino a practicar. Implica demandas éticas, cambios, un estilo de vida. La segunda cara del diamante es la verdad obedecida. Somos llamados también a vivir la verdad, no sólo a creerla.
De hecho, vivir la verdad es la mejor demostración de que la hemos creído. Hemos de creer lo correcto -la sana doctrina-, pero también hemos de vivir rectamente

(Heb. 12:14; 1 P. 1:14-16). Creer la verdad de Dios nos da paz y seguridad para el futuro -«Señor, ¿a quién iremos? Tú, tienes palabras de vida eterna» (Jn. 6:68)- pero también debe transformar las vidas aquí y ahora (2 Co. 3:18; Fil. 1:6). La obediencia a la verdad no sólo purifica nuestras almas, sino que nos dispone para el amor fraternal no fingido y para amarnos unos a otros entrañablemente (1 P. 1:22).
La paradoja más extraordinaria es que esta obediencia a la verdad es la fuente por excelencia de libertad: «Conoceréis la Verdad y la verdad os hará libres... Así que si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres» (Jn. 8:32, 36) dijo Jesús de sí mismo. Una vida de auténtica libertad sólo se consigue en Cristo cuya verdad nos libera de toda esclavitud.

3. La Verdad es inseparable de la guía del Espíritu Santo
Hasta aquí hemos considerado los aspectos más directamente relacionados con nuestra responsabilidad, lo que nosotros ponemos de nuestra parte: buscamos entender y aprehender la verdad revelada de Dios y anhelamos obedecerla.
Conseguir esto por nosotros mismos no sólo es difícil, es imposible; entender y vivir la Verdad de Dios requiere la capacitación divina. Como dijo alguien: «¡ser cristiano no es difícil, es imposible!». Es imposible si no tenemos los recursos sobrenaturales que vienen de Dios. La capacitación divina es imprescindible para estar a la altura de las demandas éticas de Cristo, entre ellas vivir en la verdad.

La verdad es también algo a discernir y, en este sentido, nos referimos a la tercera faceta del diamante como la verdad iluminada.
Por esta razón, Dios nos ha provisto de un recurso sobrenatural: la ayuda del Espíritu Santo quien es el que desde el principio «nos convence de pecado de justicia y de juicio» (Jn. 16:8)
 y nos sigue «guiando a toda la verdad» (Jn. 16:13) en nuestro caminar diario.             Dependemos del Espíritu Santo para que nuestras creencias -la verdad revelada- no se queden en algo frío u oxidado por el tiempo, sino que sean regadas con la unción del Espíritu Santo que nos renueva cada día.

4. La Verdad es inseparable del amor
Uno de los mayores peligros del creyente es hablar o vivir la verdad sin amor. «No se puede acceder a la verdad sino es por el amor ». Es una tentación tan sutil como frecuente el caer en la arrogancia o la dureza cuando uno está convencido de que tiene la Verdad (con mayúscula).
 Éste ha sido el error -y el pecado- de muchos llamados cristianos a lo largo de los siglos. La historia de la Iglesia está llena de páginas tristes en las que se intentó imponer la verdad del Evangelio por la fuerza. Ello puede ocurrir tanto a nivel colectivo (iglesia) como en nuestras relaciones personales.

Como un pájaro necesita las dos alas para volar, así también la verdad y el amor son inseparables. El amor sin la verdad puede ser una sensación agradable, pero sólo lleva al sentimentalismo y al sincretismo («todo el mundo es bueno», «todos los caminos llevan a Dios»); y la verdad sin amor es áspera y ruda, una conducta desprovista de la mansedumbre que siempre debe caracterizar la defensa de la verdad (1 P. 3:15).                                               1Pe 3:15  sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;
El apóstol Pablo dice con énfasis: «Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo» (Ef. 4:15). 
Ello nos lleva al último y más preciado aspecto de este tesoro: Cristo.

5. La Verdad es inseparable de la persona de Jesucristo   
La Verdad es más que una doctrina o una vivencia espiritual-religiosa; es, ante todo, una persona: Cristo.
Dios, después de darnos la verdad revelada, «...en estos postreros días, nos ha hablado por el Hijo» (Heb. 1:2). En Cristo culmina la revelación de la verdad hasta el punto que él pronunció las palabras más osadas que nadie haya dicho jamás: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn. 14:6).
Cristo viene a ser la verdad encarnada: «Aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros... lleno de gracia y de verdad. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Jn. 1:14, 17).
Siguiendo con el símil del diamante, Cristo es la parte más preciosa de la verdad divina porque él «es la imagen del Dios invisible» (Col. 1:15) y en él «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Col. 2:9).

La luz que irradia la Verdad no sólo alumbra nuestras tinieblas, sino que nos seduce y nos atrae para compartir toda nuestra vida con Él (Ap. 3:20). Como alguien ha dicho, «un cristiano es una persona que ha quedado prendada y prendida de Jesucristo». Ahí radica el rasgo más distintivo del cristianismo: no es tanto una religión, sino una relación.
Por ello, en último término, la verdad no es sólo algo a creer, algo a vivir y algo a discernir, sino sobre todo alguien a quien amar: el Cristo vivo, la Verdad encarnada. Pablo dijo en:
Filepenses 3:7  Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  Flp 3:8  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,     el vinculo es el amor, es la cohexión Col 3:14  Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
Col 3:16  La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.  Col 3:17  Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Si queremos andar en Verdad y Vivir en Verdad, la palabra de Cristo debe morar, vivir en abundancia en nosotros, y no mi verdad o parecer, y ser agradecidos, recordando que no solo es creer, aceptar sino también hacer y el Dios de paz estará con nosotros.                                   Filipenses 4:8  Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.   Flp 4:9  Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.   
Una vez que lo sabemos, lo creemos, lo hacemos, lo practicamos, y el Dios de paz estará con nosotros, que maravillosa es su Palabra, que Grande es su Amor y que privilegio  vivir esta vida en compañía de otros hijos de Dios, aguardando la venida de nuestro señor. Amen. jca

NO OCUPAR EL TIEMPO PARA HABLAR DE OTROS
1Ti 1:1-4 Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.
¿a qué se refiere Pablo con esas fábulas que causan disputas?
Encontré en el estudio de Juan Calvino sobre las cartas a Timoteo que el término fábulas, aquí, no sólo se refiere a falsedades e inventos de la gente – confesión positiva, evangelio de la prosperidad, falsas manifestaciones espirituales encajarían aquí-. Fábulas, dice Calvino, se refiere a minucias, insignificancias y tonterías que no tienen solidez.
Que no se preste atención a las fábulas y genealogías interminables, es el pedido de Pablo. Las fábulas son relatos fantásticos y por naturaleza falsos. Las genealogías, en cambio, tienen mejor reputación: son ciertas. Pero indagar en ellas no causa provecho ni edificación, sino peleas. Es decir, hay mensajes que no aprovechan: algunos por falsos, otros –aún ciertos- porque generan conflictos.

Cito aquí a Calvino: “Pablo desecha en este pasaje todas las indagaciones e investigaciones curiosas y todas las especulaciones que únicamente sirven para inquietar y perturbar la mente, o en las cuales no hay nada sino espectáculo y exhibición, y no edifican a los creyentes ni tampoco promueven la salvación de aquellos que las escuchan”. Y remata “Todos los que no aplican la Palabra de Dios para beneficio y avance son despreciadores y falsificadores de la buena doctrina”.

Dijo Pablo, no se goza de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Es contrario a Cristo, que nos encomendó edificar a su iglesia con su Palabra, y no informándola de cada nuevo escándalo. Cuando los que ofenden a Dios son nuestra gran noticia, y no el Evangelio, algo anda mal. Estas cosas deberían entristecernos y hacernos más conscientes del cuidado que requiere el rebaño, y no darnos la ‘alegría’ de tener más noticias sobre los falsos maestros, lo que confirmaría que ‘nosotros tenemos razón’. Que ellos están mal y nosotros bien. Se nos olvida que ante cada nuevo escándalo, caída o falsedad en la iglesia, el nombre de Dios es vituperado y la iglesia sufre.
Cuidémonos de no volvernos denunciadores profesionales, de no transgredir la misma Palabra que pretendemos defender. Cuidémonos por ejemplo de no admitir acusación contra un anciano sin testigos. Cuidémonos de contender por asuntos de opiniones y no por la fe.
Cuidémonos de hablar sin equilibrio, de juzgar sin misericordia y sin espíritu de mansedumbre, sin considerarnos a si mismos. “No sea que tú también seas tentado”, dice Pablo a los Gálatas hablando de juzgar, sí, pero para restaurar, no para destruir.

Siguiendo con Calvino, cuya visión de estos versículos en Timoteo resulta muy esclarecedora, él dice: “Pablo juzga la doctrina enseñada por el fruto que produce. Así, todo lo que no edifica debe ser rechazado, aunque no tenga otro defecto”.:
Dice Calvino: “todo lo que sirve sólo para suscitar pleitos debe ser condenado. Recordemos pues que todas las doctrinas deben ser probadas por esta regla: aquellas que contribuyen a la edificación pueden ser aprobadas, y aquellas que dan motivos para disputas infructuosas deben ser rechazadas por indignas de la iglesia de Dios. Y cuanto más informado y versado esté un individuo en ese tipo de enseñanzas que promueven contiendas y vanas especulaciones de las que no se puede sacar ningún provecho, más miserable debemos considerarlo”. Y remata: “estoy enterado que con muchas excusas algunos pretenden defender esas enseñanzas (fábulas, indagaciones curiosas), pero Pablo no hablaba en vano al condenar todo lo que causa contiendas en lugar de edificación”.

Déjeme mostrarle este necesario equilibrio con el ejemplo de Nehemías, de quien tomamos enseñanza como edificadores de la obra de Dios. Tobías y Sanbalat –sí, se dan los nombres de los que se oponen para identificar el riesgo que representan- han buscado por diversos medios desalentar y estorbar la reedificación de Jerusalén. Mas el Señor desbarataba siempre el consejo de estos opositores. Aquí vemos este equilibrio: Dios guarda y preserva a los suyos en la obra que hacen, y los suyos se ocupan de edificar. Pero también de estar en guardia:
Neh 4:17-18 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí.

Una mano a edificar, otra mano a defender. Una mano a la obra, la otra a la espada para la salvaguarda, atención, cuando ésta sea necesaria. Usted que ha leído Nehemías sabe que estos edificaron y que no fue necesario blandir la espada para defenderse de alguna arremetida de los opositores. Sólo estaban listos. ¿Le dice esto algo? A mí me dice que la defensa es una tarea que se hace en caso necesario, pero la edificación es una tarea permanente. Y aún más: Dios me hizo entender que, en buena medida, hemos llegado a poner las dos manos en la espada. ¿Ha puesto usted, hermano pastor, o líder, las dos manos a la espada? Con las dos manos a la espada no se puede edificar. Poner las dos manos a la espada sólo promueve un espíritu contencioso. Y si bien es cierto que no debemos ser ‘perros mudos’ (Isaías 56:10), con las dos manos a la espada corremos el riesgo de ser más bien perros rabiosos.
Cuidamos al rebaño de las amenazas de afuera, pero buen cuidado debemos tener de no terminar exponiéndolo a nuestros afanes contenciosos.

1Ti 4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
1Ti 4:13 Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.
Lectura, enseñanza y exhortación. Yo no leo aquí ‘ocúpate en la investigación’. No digo que por tanto abracemos entonces a los falsos profetas, a esos no los debemos recibir porque aún el llamarles bienvenidos, dice Juan, es participar de sus malas obras. Pero es un hecho que Dios, que pelea nuestras batallas, hace lo suyo en la defensa de su obra. Veamos:
2Ti 3:8-9 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.

Janes y Jambres. Son los nombres populares dados a aquellos sacerdotes egipcios diestros en la magia que trataron de competir con los milagros que Dios hacía por mano de Moisés. Es un hecho: los falsos maestros harán maravillas mentirosas en los últimos tiempos. Pero mire bien lo que dice: estos no irán más adelante. ¿Por qué? Le aseguro que no es porque nos ocupamos nosotros de exhibirlos, sino porque su insensatez será manifiesta a todos, o sea, saldrá a la luz.

No dice “manifiéstales tú, Timoteo, su insensatez a todos”. Estos, más bien, serán probados en cuanto a la fe y se comprobará, según la expresión original, su demencia, esto es, su locura. Reprobarán. Su falsedad será exhibida, sacada de lo escondido. Y eso es algo que Dios hará. Será manifiesta como lo fue la de aquellos, Janes y Jambres, aquellos opositores que un día ya no pudieron rivalizar con Moisés reproduciendo con sus encantos una plaga de piojos, sino que los piojos cayeron sobre ellos, y fueron cubiertos de aquel sarpullido. Sobre los tales, dice Pedro, ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme. Dios hará justicia y los pondrá en evidencia y en vergüenza como a los ángeles que pecaron y fueron arrojados al abismo.
2Ti 3:13-17 mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Persiste tú en las Escrituras. En la Verdad. No el error. No en reprender a los falsos. Dios los exhibirá. Es decir: ciertamente está el consejo de no participar de las obras infructuosas de las tinieblas sino más bien reprenderlas o exhibirlas.
Pero si se trata de persistir, persiste en las Escrituras. Porque cuando la luz es puesta en alto pone al descubierto todas las cosas. Las Escrituras te harán sabio para predicar e instruir la Verdad.

La Escritura, que es poderosa, por sí misma producirá efecto; confía en ello, pues toda es proveniente de Dios y es útil para enseñar (la doctrina correcta que contrasta naturalmente con la falsa), para redargüir (o reprender por sí misma a las personas por su conducta errónea o sus creencias equivocadas sacando todo pecado y mentira a la luz), para corregir (para ayudar a alguien que ha caído a volver a ponerse en pie, mostrando el camino de regreso a una vida piadosa) y para instruir en justicia (adiestrándonos para hacer lo que es justo y aprobado por Dios).

Señalar a los demás nos impide vernos a nosotros mismos en la perspectiva adecuada, nos hace señalar siempre hacia afuera y nos impide escudriñarnos, y pedirle al Señor que nos escudriñe y nos libre aún de los pecados que nos son ocultos. Dwight L. Moody, evangelista estadunidense del siglo diecinueve, decía: “ahora mismo estoy teniendo tantos problemas con Dwight L. Moody, que no tengo tiempo de encontrar faltas en otro compañero“.                                   
Cuán conveniente es recordar que el Señor nos pedirá cuentas de nuestros pecados, no de los pecados de los demás. Y en el caso de los pastores y maestros, particularmente, nos pedirá cuentas de lo que enseñamos. No se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos mayor condenación, escribió Santiago hablando de la manera suelta y hasta desenfrenada en la que como seres humanos solemos hablar.

2Ti 4:1-5 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
 “tú sé sobrio en todo”. Sobriedad es equilibrio. El equilibro que Pablo mismo mostraba cuando se refería a los falsos maestros, apóstoles y profetas; tema presente pero no dominante en él:
1Co 2:2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
Hoy en día algunos maestros entre nosotros bien podrían decir: “me propuse no saber entre ustedes cosa alguna sino las más recientes herejías de los falsos profetas, sus más recientes mentiras, cuánto costaron las entradas a sus conciertos, cuántos discos vendieron para decírselos a ustedes, en qué televisora aparecieron y qué dijeron, incluido el video para ponerlo a disposición de la iglesia en YouTube con tal de edificarles con eso”.
Creo que los pastores, o lideres, ocupados en edificar y no en alimentar disputas, debemos tener mucho cuidado con lo que afirmamos en nuestros mensajes a la iglesia: el uso de frases como “cuántas iglesias hoy en día hacen tal cosa, cuántos líderes andan por ahí haciendo tal o cual aberración, cuántos supuestos cristianos en su congregación creen mal este o aquel asunto” puede llevar escondido un mensaje muy arrogante: “ellos yerran… y yo no, yo soy de los buenos”. Eso, además, puede producir seguidores nuestros y no de Cristo.

Algunos, pues, apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas… o a los chismes. Y Pero tú sé sobrio en todo. Sobriedad es equilibrio. El equilibrio de tener la espada de la Palabra lista para corregir a los que se oponen, y la otra mano edificando. No ambas en la espada. Y usted dirá: pero por esas denuncias muchos creyentes verdaderos que viven bajo liderazgos abusivos y que temían enfrentar o “tocar al ungido” han sido libres. Qué bueno; pero una vez que vienen a nuestras congregaciones ¿qué hacemos para que sanen de tal experiencia? ¿Les seguimos hablando de los errores de los demás?
Persistiendo en señalar el error, hemos llegado a sentarnos, de algún modo, a los pies de Himeneo, de Fileto, de Alejandro, que según Pablo se apartaron de la fe y buscaron desviar a muchos. Ahora resulta que nos gusta escucharlos a ellos para luego denunciarlos y demostrar que ‘nosotros sí’ tenemos la verdad.

Cuán necesario es que seamos humildes y reconozcamos que nuestra comprensión de la Verdad es siempre inacabada, siempre está en proceso. Tenemos la Palabra y debemos estar atentos a ella como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana, la comprensión cabal de Cristo, sol de justicia, salga en nuestros corazones. Siguiendo esa verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. Porque la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto, dice la Escritura.

Pablo habló, por ejemplo, de Alejandro el Calderero: “me hizo muchos males –dice-, Dios le pague”. ¿Mostraba Pablo así su deseo de que Dios azotara a Alejandro? No: en el original dice más bien “Dios le pagará”. Pablo encomendó su causa al que juzga justamente. Y no se dedicó a hablar de él, ni de los otros apóstatas, aunque advirtió a Timoteo “Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”. Mas en comparación con el tema de Cristo, y de éste crucificado, las líneas dedicadas a Alejandro y a los falsos maestros y enemigos del Evangelio son mínimas. ¿Qué porcentaje de nuestras palabras, amado hermano, habremos dedicado nosotros a hablar de los falsos profetas, o lideres?
Yo les he dado tu Palabra. No he rehusado darles todo el consejo de Dios. Que el Señor pueda escuchar esas palabras de nuestros labios cuando nos llame a cuentas. ¿Eso incluye hacerle advertencias concretas al rebaño? Sí, pero eso no puede ser toda nuestra predicación.               
Mi mensaje es Cristo y este crucificado. Me ha sido impuesta necesidad. Ay de mí si no predico el Evangelio.
1Ti 1:5 Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,

El propósito del mandamiento de que no se enseñe diferente doctrina ni se preste atención a fábulas y genealogías interminables que acarrean disputas y no edificación de Dios es el amor. El amor a Dios y al prójimo por el que proclamamos lo que al Señor le agrada y lo que al hombre le salva o le edifica, y no otra cosa. Dice Calvino para terminar: “debemos pues poner el mayor cuidado posible en no buscar en la santa Palabra de Dios sino la sólida edificación, no sea que de otra manera el Señor nos reprenda severamente por abusar de ella”.
1Jn 2:26-27 Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

 “La manera en que algunos pretenden defender la fe más bien me inspira a pelear, a enojarme contra los que no hablan o creen como yo. Yo no sé en realidad todas las herejías que los líderes más famosos del cristianismo puedan estar enseñando e introduciendo hoy en día, y yo no meto las manos al fuego por ninguno de ellos. Pero creo que el Señor no me ha hecho un capataz del reino de modo que deba yo invertir horas y horas en saber de qué cosas están hablando ellos, o qué están haciendo. Hay muchas cosas de las que Dios me hará responsable, pero entre ellas no están las cosas que otros dicen, sino más bien las que yo digo, y las que hago, y las que pienso, y las que callo. Francamente, con eso tengo”. –
              ¡Me cansé!.
Sé que seré criticado. Conozco muchos pasajes de la Biblia que prometen dar fuerzas al que no tiene ninguna. Sé que la Biblia dice que Él puede aumentar mis fuerzas como las del búfalo. También sé que Jesús puede aliviar mi cansancio. También sé que algunos me criticarán y dirán ¡que negativo! Sin embargo, no puedo disimular: me encuentro exhausto!!!!.
Aclaro, no estoy cansado de Dios ni mucho menos, tampoco del ministerio ¡Es un privilegio servir a Dios!!!!. Cada día pongo todo el corazón en lo que hago; amo a Dios por sobre todo, amo a mi familia y a mis amigos, mi congregación. He recibido tanto de Dios!!!!!!!!. . Mi agotamiento y frustración tienen otras razones.
¿Cansado de qué?
Me aflige hasta el cansancio escuchar “Los mensajes” de aquellos que se
enriquecen con el evangelio. Ya no aguanto más que se tomen textos fuera del contexto, para apoyar su avaricia, y vender sus revelaciones, o enseñanzas, al mejor postor.
Destruye mi ser interior, porque sé que les están tomando el pelo.
“Pacte”, ”Pacte”, ”Pacte” con Dios, dicen, eso me hace inevitablemente volver al oscurantismo de la edad media, “por cada chelín que deposite en el arca, usted recibirá las bendiciones de Dios” dicen los modernos Tetzéles . Estoy cansado de escuchar “Siembre una semilla en mi ministerio” o de un donativo especial, uf ,uf y recontra uf!!!!!!.
Me cansa la aburrida repetición de las teologías sin base bíblica.
Estoy cansado de oír “No juzguéis, para que no seáis juzgados”, estoy cansado de que los predicadores les pongan bozal a las ovejas y que les digan “No toquéis al Ungido de Jehová”, en lugar de decir como Pablo, “Todo lo que oísteis y visteis y aprendisteis de mí, esto haced, y Dios estará con vosotros”.
Me cansan los súper ungidos que te hacen viajar a donde viven para imponerte las manos y “Transmitirte la visión”. Que doloroso es observarlos sin la verdadera unción del Espíritu Santo,
Me desespera tener que explicar que no todos los pastores, o lideres, son fraudulentos y mentirosos, aduladores y de doble moral. No existe nada más extenuante, desgastante y agotador tener que demostrar, a familiares y amigos cristianos y no cristianos , que aquel último escándalo de la farándula cristiana es una excepción.
No todos somos iguales, ya me cansé de repetirlo!.
Me cansé de los hambrientos de poder, de reconocimiento y de poder político, el liderazgo está enfermo de “apostolitis´aguda”. O Coordinitis reaguda, o ser renombrado en la Iglesia.
No soporto escuchar que otro más se autoproclamó “profeta” y “apóstol”. y que Dios le revela solo a el,  Sé que estoy cansado, sin embargo, seguiré adelante, ya no puedo volver atrás.
Pero he decidido no participar más en el “Cristianismo” que fabrica becerros de oro y vacas sagradas. Renuncio a querer adornar mi nombre con títulos de cualquier especie, calificaciones de hombres, etc. No deseo ganar aplausos de auditorios famosos.
Buscaré la convivencia de cristianos y de pastores, y de lideres, que no tengan  espíritu de plataforma!.
Posiblemente dirás: “Que frustrado y negativo te ves y te oyes”´ Sí, lo estoy, pero no de Jesús y su hermosa Palabra que alumbró mi caminar, sino de las mentiras, fraudes y corrupción de los que se autodenominan “ungidos de Jehová” y nadie los puede tocar o decir algo, ponen un bozal a la gente y le meten miedo, y pregonan que sos libres con la libertad con que Cristo te hizo libre.   Alabado sea Dios por su gran Misericordia Amor y paciencia.    ESTO HACER:
Sal 34:1 Bendeciré a Jehová en todo tiempo;  Su alabanza estará de continuo en mi boca.:2  En Jehová se gloriará mi alma;  Lo oirán los mansos, y se alegrarán.