lunes, 1 de mayo de 2017

CAPÍTULO IV

CREER: FE Y MIEDO


                                                         VICTOR PAUL WIERWILLE



Hay dos tipos de creencia: (1) positiva y (2) negativa. Nosotros o tenemos fe o tenemos miedo. Debemos reconocer que la creencia tiene dos lados: uno positivo y uno negativo.

Nosotros somos lo que somos hoy día por causa de nuestra creencia. Estaremos mañana donde nuestra creencia nos haya llevado. Nadie llega más allá de lo que cree y nadie puede creer más de lo que entiende. Nosotros creemos lo que creemos por lo que se nos ha enseñado. Pensamos de la forma en que pensamos por la forma en que se nos ha guiado.

Creer es una ley. Según uno cree recibe. En el lado negativo, temer es creer; temer es creer en reversa; produce malos resultados.

Básicamente hay una sola cosa que vence al creyente, y eso es miedo. El miedo es el único enemigo del creyente. El miedo es arena en la maquinaria de la vida. Cuando nosotros tenemos miedo, no podemos creerle a Dios y tener fe. El miedo ha arruinado más vidas cristianas que cualquier otra cosa en el mundo.

Si una persona tiene miedo de no poder mantener su empleo, ¿sabe lo que pasará? Lo perderá. Si uno tiene miedo de una enfermedad, manifestará esa enfermedad porque la ley es que lo que uno cree (en este caso, lo que uno cree negativamente), eso va a recibir. La gente tiene miedo del futuro; ellos tienen miedo a la muerte. El miedo siempre encierra; el miedo siempre esclaviza; el miedo siempre ata. Esta ley de creer positiva y negativamente da resultados para el cristiano y el no-cristiano. Cuando creemos, recibimos el resultado de nuestra creencia sin importar quiénes somos o qué somos.

La Palabra de Dios ilustra la creencia negativa en el Evangelio de Juan. Isaías había profetizado, siglos atrás, que al venir el verdadero Mesías habría un milagro que él haría que nunca había sido hecho anteriormente. Este milagro, el abrir los ojos de un hombre ciego de nacimiento, probaría que él era el Mesías de Dios. Este es el pasaje del milagro en Juan 9.

     Juan 9: 1-8:
     Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
     Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
     Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
     Entre tanto que estoy en este mundo, luz soy del mundo.
     Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
     y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces,  se lavó, y regresó viendo.
     Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?

Ni siquiera los vecinos estaban seguros de lo que sucedía.

     Juan 9:13, 18:
     Llevaron ante los fariseos [los principales del templo y de las sinagogas entraron en el asunto] al que había sido ciego.
     Pero los judíos [los fariseos] no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista.

Primeramente los vecinos tomaron parte, luego los líderes religiosos, y luego fueron llamados los padres.

Juan 9:19-23:
     y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
     Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
     pero cómo ve ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
     Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.
     Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.

Póngase usted en esta situación. Si usted tuviera un hijo ciego de nacimiento y él fuera sanado de su ceguera, lo menos que usted podría hacer como padre agradecido es admitir: “Sí, Jesucristo lo sanó”. Pero estos padres no dijeron eso. ¿Por qué no pudieron ser ellos la clase de padres que uno hubiera esperado? Ellos fueron inhibidos de testificar como hubiera sido apropiado porque estaban llenos de miedo: “porque tenían miedo de los judíos”. El miedo los esclavizó, el miedo les impidió a estos padres ser la clase de padres que verdaderamente debían haber sido. Por esto dijeron los padres: “Edad tiene, preguntadle a él”. Estos judíos ya habían acordado que si cualquiera dijese que Jesús era el Cristo, esa persona sería expulsada de la sinagoga.

Este hecho no significa mucho para nosotros hoy en día porque si una persona es expulsada de una iglesia, la iglesia en la otra esquina está contenta de recibirle. Pero no era así en el tiempo de Jesús. Cuando un hombre era desterrado de la sinagoga, la gente no le hablaba; él no podía asistir a la sinagoga; él no podía comprar o vender mercancía. ¿Ven ustedes por qué los padres estaban esclavizados por el miedo de lo que les pasaría?

Estos padres no fueron los únicos en la Biblia que manifestaron miedo. En Juan 20:19 hay un pasaje de los discípulos.
    Cuando llegó la noche de aquel mismo día [éste es el día de la aparición de Jesús resucitado], el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

Los discípulos estaban reunidos a puertas cerradas por miedo a los judíos. El miedo siempre nos pone detrás de puertas cerradas; siempre nos ata; siempre nos esclaviza.

Años atrás, yo conocí a un ministro cuya esposa había muerto dejándole siete niños. Alrededor de un año más tarde, él se casó con otra mujer que tenía cinco hijos y ellos vivían juntos y felices. Como a una cuadra y media de ellos vivía una mujer que tenía sólo un hijo. La mujer con el hijo único estaba siempre frustrada, siempre nerviosa, siempre con miedo, mientras que este ministro y su mujer quienes tenían doce niños nunca parecían estar preocupados, o trastornados, o tener la menor ansiedad acerca de sus niños. Cuando el hijo de la señora empezó a asistir al jardín de infantes, la madre cruzaba la calle con él y caminaba hasta la siguiente cuadra donde estaba el jardín de infantes por miedo de que lo atropellase un automóvil. Cuando el niño estaba en el primer grado ella hizo lo mismo, y en segundo grado, y en tercero. Una vez la madre del niño llamó al ministro y le dijo: “Yo no entiendo por qué estoy nerviosa y trastornada todo el tiempo. Yo sólo tengo un hijo de quien preocuparme y usted tiene todos estos niños y parece que nunca les pasa nada. Ustedes viven sin preocuparse”. El ministro respondió: “Nosotros vivimos de esta manera. Mi esposa y yo reunimos a los niños alrededor de la mesa del desayuno; ése es el único momento en que tenemos toda nuestra familia reunida. Cuando todos ellos están sentados, yo digo la oración. Yo oro así: “Señor, aquí estamos todos juntos en el desayuno; ellos salen a la escuela y a otros lugares hoy día, de modo que los dejo a todos bajo tu protección y cuidado. Gracias. Amén”. Él creía que Dios iba a responder a sus oraciones y los dejaba bajo la protección del Señor. Sus hijos florecían.

Cerca de un año más tarde el hijo único de la señora venía a casa de la escuela más temprano de lo acostumbrado. La mamá no se había encontrado con él en la esquina. Cuando el niño empezó a cruzar la calle fue atropellado por un automóvil y murió. Yo fui a los funerales de ese niño, ¿y saben lo que predicó el ministro? “Dios tiene ahora otro pétalo de rosa en el cielo”. ¡Imagínese eso! Que Dios, quien creó los cielos y la tierra, quisiera matar a un pequeño porque Él necesitaba otro pétalo de rosa en el cielo. ¿Saben qué mató a ese pequeño? El miedo en el corazón y en la vida de esa madre. Ella estaba tan desesperadamente temerosa que algo le iba a pasar a ese hijito, que al fin ella cosechó los resultados de su creencia.

Lo que uno teme, seguramente le sucederá. Es una ley. ¿Han oído ustedes alguna vez de aquella gente que fija el momento de su muerte? Cuando alguien dice: “Bueno, en el próximo año para esta época ya no estaré aquí”, si usted es un apostador, apueste su dinero; usted va a ganar. Si una persona se resuelve a que el próximo año para esta época va a  estar muerta, Dios tendría que cambiar las leyes del universo para no complacer a esa persona.

Algunos años atrás un hombre vino a hablarme sobre su temor. Me dijo que de acuerdo a las estadísticas de las compañías de seguros de los Estados Unidos se supone que un agente viajero sufra un accidente automovilístico cada tantos miles de millas. Este hombre ya había viajado más de diez mil millas por encima del promedio de lo que viaja el vendedor normal, y su miedo de un accidente se estaba convirtiendo en una obsesión. Él perdía negocios día tras día y semana tras semana a causa de su miedo. Él vino a mí y yo le expliqué la ley de la creencia. El hombre cambió su creencia y no ha tenido un accidente hasta este día.

El mundo alrededor de nosotros instiga miedo en la gente. La psicología que prevalece en nuestra sociedad hoy en día es el miedo. Si usted no usa esta marca de pasta dentífrica, va a tener mayor número de caries; usted tiene miedo de aumentar el número de sus caries dentales así que compra esta clase de pasta dentífrica. Si usted no hace esto, le sucederá aquello. Todo está basado en el miedo.

¿Ha recogido usted un periódico alguna vez y notado cuán positivos son los artículos? Noventa por ciento de lo que uno lee en el periódico es negativo. Accidentes automovilísticos, asesinatos, suicidios, todo es negativo. ¿Por qué? Porque esto es lo que la gente ha estado viviendo. Nosotros hemos estado viviendo en cosas negativas por tanto tiempo que cuando alguien viene con una dieta positiva, pensamos que él tiene que estar loco.

Proverbios 29:25 dice: “El temor del hombre pondrá lazo...” Cada vez que un hombre teme él es enlazado, él es atado.

     Isaías 8:12:
     No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis los que ellos temen, ni tengáis miedo.

Esta gente estaba esclavizada como nación porque tenían miedo de otra gente. Sin embargo, la Palabra decía: “Ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo”.

Hay muchos ejemplos como éste en la Palabra. Yo sólo estoy seleccionando unos pocos.
    
Jeremías 49:24:
     Se desmayó Damasco, se volvió para huir, y le tomó  temblor y angustia...

La razón por la que se desmayó y se volvió para huir es que tenía miedo.

Job recibió aquello que temía.
    
Salmos 34:4:
     Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores.

Mientras tuvo miedo estuvo encarcelado.

     2 Timoteo 1:7:
     Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Dios no nos dio espíritu de cobardía, luego la cobardía y el miedo tienen que venir de otra fuente. Si el miedo vino de otra fuente que no es Dios, entonces tiene que ser negativo. El miedo siempre es incorrecto.

Recuerden que en Juan 20 los discípulos, también conocidos como los doce apóstoles, estaban tras puertas cerradas en el día de la resurrección por miedo de los judíos. Pero observen a los mismos hombres cincuenta días más tarde.

Tengan en mente que, bajo circunstancias ordinarias, ningún adulto cambia drásticamente en cuarenta o cincuenta días. Pero Hechos 2 nos habla de seres humanos comunes y corrientes que en cincuenta días cambiaron de hombres llenos de miedo a hombres de gran denuedo y de gran convicción. Yo quiero enfocar: (1) la ley de la creencia en ambos lados negativo y positivo y (2) la causa de su cambio.

Hechos 2:4 dice que todos estos hombres fueron llenos del espíritu santo y luego leemos el versículo 14.

     Hechos 2:14:
     Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

¿Dónde estaba Pedro cincuenta días antes? Según el Evangelio de Juan, él estaba tras puertas cerradas por miedo de los judíos. Pero ahora Pedro se puso en pie con los once y alzó su voz serena hacia ellos: “Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras”. ¿De dónde sacó Pedro ese denuedo? ¿Qué lo cambió de un hombre lleno de miedo a un gran hombre lleno de confianza?

Hechos 2:22, 23:
Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis,
a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.

Cincuenta días antes Pedro seguramente no hubiera dicho esto. ¿Por qué no tiene miedo ahora?

Cuando yo asistía a seminarios y se me instruía en oratoria sagrada y otras artes del ministerio, se me dijo que cuando una persona predica un sermón nunca debe decir ustedes o vosotros, sino que siempre debe decir nosotros. Pedro tiene que haber ido al seminario equivocado porque cuando él predicaba en este pasaje dijo: “Vosotros lo habéis crucificado y vosotros lo habéis matado”.

Hechos 3 contiene la narración de los eventos sucedidos después del día de Pentecostés.



     Hechos 3:12, 14:
     Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?
     Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida.

Eso es denuedo. Pedro ya no estaba lleno de miedo. Algo tiene que haber cambiado a este hombre.

Pedro y Juan fueron llevados a la cárcel porque eran demasiado audaces.

     Hechos 4:23-29:
     Y puestos en libertad, vinieron [regresaron] a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
     Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;
     que por  boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y  los pueblos piensan cosas vanas?
     Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo.
     Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu Santo Hijo Jesús, a quien  ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel,
     para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.
     Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos...

¿“Concede a tus siervos” un día feriado, una vacación? No. Nosotros pensamos que debería decir esto porque, después de todo, si hemos estado allá afuera trabajando para el Señor, llevando a cabo el ministerio, siendo encarcelados, azotados y perseguidos, ciertamente que deberíamos tener unas vacaciones con paga. Cuando Pedro y Juan regresaron y se unieron a este  grupo de oración, ellos dijeron:

     ...Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo [no con indecisión, ni con desgano, no con miedo] hablen [¿lo que la gente quiere que hablemos? No.] Tu Palabra.

Ellos oraron por más denuedo. Mientras estuvieron llenos de miedo y detrás de puertas cerradas, no tenían nada que temer sino el miedo mismo, mas una vez que obtuvieron denuedo y predicaron la Palabra de Dios, lograron hacer algo para el Señor. Hombres fueron sanados, liberados y salvos. Pedro y Juan, sin embargo, fueron arrojados a la cárcel; pero cuando salieron regresaron a su pequeño grupo de oración y creyeron por más denuedo, “Danos más denuedo, Señor, para que hablemos Tu Palabra”.

     Hechos 4:30, 31:
     mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu Santo Hijo Jesús.
     Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con [¿indecisión? No. Ellos hablaron con] denuedo la Palabra de Dios.

¿Qué los hizo hablar con denuedo la Palabra de Dios? El versículo 31 dice que ellos “fueron llenos del Espíritu Santo”. En Hechos 2 en el día de Pentecostés los doce apóstoles recibieron la plenitud del Espíritu Santo. El versículo 31 de Hechos 4 dice que todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo “y hablaban con denuedo la Palabra de Dios”. ¿Qué cambió a esos hombres? Entre el pasaje de la resurrección y Hechos 2 no hay nada que pueda haberlos cambiado, excepto el nuevo nacimiento el cual es el poder del espíritu santo el cual vino en Pentecostés. Yo nunca he visto a una persona que se libere de su miedo sino hasta que llegue a nacer de nuevo del Espíritu de Dios, llena del poder del espíritu santo. Si usted quiere liberarse de su miedo, sus frustraciones, sus ansiedades, usted tiene que volver a nacer por el Espíritu de Dios, lleno de Su poder. Eso es lo que cambió a Pedro y al resto de los apóstoles y ése es el poder que cambiará su vida.
Pedro y Juan oraron. Y cuando oraron, el lugar en que estaban congregados tembló. Todos fueron llenos del espíritu santo, y hablaron con denuedo la Palabra de Dios. Siempre me hace gracia cuando leo eso, pensando que si el poder de Dios se moviera así hoy en día en la mayoría de nuestras iglesias, tendríamos muchos funerales. La gente se moriría del susto si el lugar en que oran temblara. En Hechos 4 aquello por lo que oraron fue por denuedo para hablar la Palabra. Nada quita el miedo de un individuo sino el poder del espíritu santo en la Palabra Viviente dentro de él.

Eso es lo que quitó el miedo en mi vida. Yo solía tener miedo de mi propia sombra; tenía miedo de encontrarme con gente, especialmente con la gente en círculos académicos, en altos círculos políticos, en círculos religiosos de elite. Hoy en día no tengo miedo dentro de mí. ¿Por qué? Yo creo que el poder proveniente del Espíritu Santo está dentro de mí dándome el denuedo, el entusiasmo, el dinamismo para pararme firme por la integridad y la grandeza de la Palabra de Dios.

El miedo infunde incredulidad. Por esto el miedo siempre derrota las promesas de Dios. Jesucristo hizo muchas señales, milagros y maravillas en lugares como Galilea y Capernaum de Galilea; pero en Nazaret, su propio pueblo, él  no pudo  hacer mucho.

     Mateo 13:58:
     Y no hizo [Jesús] allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.

¿No pudo él hacer muchos milagros allí porque él había cambiado? No. Jesús no había cambiado; la gente había cambiado.

La incredulidad es creencia; es creencia negativa. En el lado negativo está la duda y en el lado positivo está la confianza. Confianza versus duda; seguridad versus temor; fe versus miedo. Duda, temor y miedo son creencia negativa. Confianza, seguridad y fe son creencia positiva. Estas leyes funcionan con precisión no solamente en la Palabra de Dios sino en nuestras propias vidas.

Noten cuidadosamente que en la Biblia se habla de dos clases específicas de creencia negativa en cuanto a poder espiritual: apistia y apeitheia. Apistia se refiere a aquella gente que nunca ha oído u oído suficientemente como para creer. Apeitheia se refiere a aquellos que han oído pero rehúsan creer lo que han oído.

Apistia es la incredulidad de aquellos que nunca han oído o que no han oído con suficiente detalle como para creer. Por ejemplo, si yo no he oído suficiente Palabra de Dios para ser salvo, yo tengo incredulidad apistia. Observen Romanos 10.

     Romanos 10: 13-15:
     porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.
     ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
     ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” Esta gente era incrédula en el sentido que nunca habían oído la Palabra de Dios para poder creer.

     Mateo 13:53-58:
     Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí.
     Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?
     ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?
     ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste estas cosas?
     Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
     Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.

Él no pudo hacer mucho en Nazaret a causa de la incredulidad, apistia, de la gente. A pesar que Jesús trató de enseñar, la comunidad no quiso oír lo suficiente como para creer porque ellos pensaban que Jesús no podía saber nada puesto que él era un hijo ilegítimo, y por esto ellos no podían creer. ¿Saben ustedes lo que la gente de la comunidad de Jesús le dijo? “¿No es éste el hijo del carpintero?”. “Él es ilegítimo porque todos saben que María estaba en cinta antes que ella y José se juntasen en matrimonio”. Al contrario de lo que ellos pensaron, sin embargo, Jesús no era el hijo del carpintero; él era el Hijo de Dios por concepción divina, nacido de María pero concebido por el Espíritu Santo, según lo dice la Palabra de Dios.

“¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?”. El texto original da el énfasis como sigue: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María (ustedes se acuerdan de ella), y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas (¡Sí que era indómito ese Judas!)? ¿No están todas sus hermanas con nosotros (Sí que eran algo esas muchachas)?” “¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?”. La comunidad decía que Jesús no podía tener tal poder porque ellos miraban a la familia y decían: “Nada bueno puede venir de este hombre. Nosotros conocemos su familia”. Por lo tanto, ellos no querían oír lo suficiente para creer. Ellos tenían incredulidad (apistia).

“Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad [apistia] de ellos”.

Lucas 2 contiene un versículo de Escritura que yo no pude entender por años.

     Lucas 2:42
     y cuando tuvo doce años [Jesús], subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.

Yo sabía que de acuerdo a la ley judía, un niño se convertía en hombre, pasando por el Bar Mitzvah, a la edad de trece años. Pero Jesús fue llevado al templo a los doce años. Yo no podía entenderlo, así que consideré que podía haber un error en el texto crítico griego que pude encontrar y revisé toda fuente de la que pude pensar; pero nunca encontré que Jesús tuviera trece años cuando fue a la sinagoga. Todos los textos concurrían en la edad de doce años. Finalmente me encontré con una antigua pieza de literatura, la cual explicaba que de acuerdo con la antigua ley judía, cuando un niño era concebido ilegítimamente, este niño era traído al templo a la edad de doce años en lugar de trece.

Esto explica por qué Jesús no se podía comunicar con la gente de su propio pueblo. Ellos pensaban que un niño concebido ilegítimamente ciertamente no podía tener gran conocimiento o hacer maravillas. Ellos eran ofendidos por él, no querían oír lo suficiente como para creer cuando él hablaba, y por lo tanto sufrían de incredulidad apistia.

En los textos críticos griegos la palabra usada para el segundo de los dos tipos de incredulidad es apeitheia. Apeitheia se refiere a aquellos que han oído pero aún se rehusan a creer lo que han oído. Para ilustrar, si yo he oído suficiente de la Palabra de Dios de modo que puedo ser salvo pero rehuso creer esa Palabra de Dios entonces yo tengo apeitheia.

Notando Romanos 11:30, encontramos esta clase de incredulidad, no en un individuo, sino en referencia a Israel y a los gentiles como naciones.

     Romanos 11:30:
     Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes [apeitheia] a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia [apeitheia] de ellos.

Los gentiles habían oído pero se rehusaron a creer, como dice en Romanos 1:21: “Pues habiendo [los gentiles] conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios”.

Hebreos 4 vuelve a clarificar esta clase apeitheia de incredulidad.

     Hebreos 4:6:
     Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia [apeitheia].

Primero se les anunció a ellos. Ellos oyeron suficiente como para creer pero se rehusaron a creer.

El miedo, que culmina en incredulidad, se debe ya sea a enseñanza incorrecta o a ignorancia. La enseñanza incorrecta se puede corregir o superar con enseñanza correcta; mientras que la ignorancia se puede corregir o superar con instrucción.

Si una persona está llena de miedo porque es ignorante con respecto a un tema particular, puede superar esta ignorancia que causa miedo con enseñanza correcta o instrucción correcta. Por ejemplo, un niño que tiene miedo de dormir en la oscuridad está lleno de temores y se despierta gritando en medio de la noche. ¿Por qué tiene miedo ese niño? Tal vez porque se le ha enseñado incorrectamente. Tal vez el niño fue atemorizado porque alguien le dijo que si no se portaba bien, lo pondría en el armario y el coco lo agarraría. Ese niño está lleno de miedo porque se le enseñó mal.

Por otro lado, suponga que un adulto tiene miedo del coco en el armario. Eso es ignorancia. Él ignora los hechos. Para un niño es enseñanza equivocada; pero para un adulto, es ignorancia. Los temores, ya sea por ignorancia o por enseñanza incorrecta, siempre encierran y siempre esclavizan y siempre nos vencen porque cuando tenemos miedo en nuestras vidas, no podemos actuar positivamente sobre las promesas de la maravillosa e incomparable Palabra de Dios.

Mateo 10:16 es un pasaje positivo que nos muestra que Dios nunca quiso que Sus creyentes fueran ignorantes; Él quiso que ellos fueran valientes y llenos de creencia, llenos de poder, llenos de cosas positivas.

     Mateo 10:16:
     He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

Dios quiere que seamos “prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.

Romanos nos dice que seamos sabios para el bien. La Epístola de Santiago declara que Dios nos da sabiduría: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios”, el cual da sabiduría. Dios nunca quiso que Su Iglesia ni Sus hijos fueran ignorantes; Él quería que Su Iglesia fuera sabia; Él quería que nosotros estuviésemos al tanto de lo que sucede.

¿Saben ustedes de dónde viene esa sabiduría? Viene de la Palabra de Dios. Salmo 119:105 dice que la Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino, y por lo tanto imparte sabiduría. Isaías nos dice que la Palabra de Dios imparte sabiduría en cuanto a la salvación de manera que ni siquiera el torpe tiene que extraviarse. El camino es tan sencillo y tan claro. 1 Juan 3.2 dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios...” Es la Palabra de Dios la que imparte sabiduría en cuanto a  nuestra relación de hijos con Él. 2 Corintios nos habla de las maquinaciones de Satanás las cuales no ignoramos. Nosotros no somos estúpidos y no deberíamos actuar neciamente.

El Evangelio de Juan dice que la Palabra de Dios imparte sabiduría en cuanto a la vida futura, el regreso de Cristo y el cielo. La Palabra de Dios nos da sabiduría en cuanto a toda materia necesaria para que el hombre tenga conocimiento completo de su redención y de su salvación. Esto nos da confianza para manifestar resultados positivos. Nosotros nunca necesitamos temer pues no somos ignorantes; nosotros tenemos conocimiento de la Palabra de Dios.




CAPÍTULO III

CREER ES IGUAL A RECIBIR

                                                       VICTOR PAUL WIERWILLE


En todo relato en la Palabra de Dios en que sucedió un milagro o en que Dios hizo una gran obra, estaban presentes los principios señalados en el capítulo anterior. Las personas involucradas sabían lo que estaba disponible, cómo recibir lo que necesitaban, y qué hacer con ello después de recibirlo, y ellos tenían sus necesidades y deseos coordinados sabiendo que la capacidad de Dios es igual a Su deseo de cumplir Sus promesas. Cuando se entienden estas claves, podemos leer en cualquier lugar desde Génesis hasta Apocalipsis y ver este patrón.

Como una ilustración comencemos con Marcos 3:1:

     Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.

El hombre tenía una necesidad. La sinagoga era el lugar donde la gente adoraba, donde se les enseñaba, donde se debía reunir gente de Dios y obtener satisfacción a sus necesidades.

Versículo 2:
     Y le acechaban [los fariseos a Jesús] para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle.

¿Por qué acechaban estos (así llamados) líderes religiosos a Jesús? Porque ellos querían acusarle si él hacía cualquier sanidad en el día indebido de la semana. Seguramente que estas personas estaban interesadas en el hombre con la mano seca, ¿no? No. A ellos sólo les interesaba ver si Jesús actuaba en el lugar correcto, en el momento correcto, y con su bendición. Este hombre con la mano seca  estaba en el lugar donde se esperaría encontrar ayuda; pero ¿qué había recibido?  Nada.

     Versículo 3:
     Entonces [Jesús] dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.

En el momento que el hombre se levantó y se puso en medio sabía que estaba separándose de los espectadores y que recibiría la misma crítica que dirigían contra Jesús.

     Versículo 4:
     Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos [los líderes y los fariseos] callaban.

¿Saben ustedes por qué? Los líderes en la sinagoga no estaban interesados en ver si el  hombre era  liberado o no; a ellos sólo les interesaba una cosa --comprometer a Jesús.


     Versículo 5:
     Entonces, mirándolos alrededor con [¿compasión? no, no, lo que dice es] enojo...

A nosotros siempre se nos ha enseñado que si una persona es verdaderamente cristiana lo único que siempre hace es amar. ¿No piensa usted que Jesucristo amó? ¿No era él todo amor? Sin embargo Marcos 3 nos dice que él miró a esos líderes de la sinagoga con enojo.

Jesús estaba realmente irritado. La idea de que los cristianos y los hombres de Dios tienen que ir dando palmadas en la espalda a todos en todo momento es un concepto distorsionado. Algunas veces los hombres de Dios tienen que ponerse firmes contra aquellos que obstruyen el poder de Dios. Jesús los miró con enojo.

     Versículo 6:
     Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre [de la mano seca]: Extiende tu mano...  

En el análisis de esta sección en Marcos 3:1-5, lo primero que vemos es lo que está disponible. El mandato declaraba lo que estaba disponible. El mandato era: “Extiende tu mano”. Eso parecía ser algo imposible porque la mano del hombre estaba seca; naturalmente que él no la podía extender. Sin embargo, Jesús le dijo al hombre de la mano seca:

...Extiende tu mano. Y él [el hombre] la extendió...

El hombre de la mano seca que tenía esta tremenda necesidad, extendió su mano. Hizo lo imposible. ¿Cómo? Creyó. Creer es un verbo y un verbo muestra acción. El hombre creyó que lo que Jesús dijo era la voluntad de Dios, por lo tanto, él extendió su mano. Una vez que usted tiene la promesa de Dios, el “cómo” del recibir es creer literalmente lo que esa promesa dice. Parecía imposible que el hombre extendiese su mano. Sin embargo este hombre creyendo lo que la Palabra decía, o lo que decía Dios por medio de Jesucristo, la extendió.

...y  la mano le fue restaurada sana.

Él no recibió su sanidad primero y luego extendió su mano; fue en el extender de la mano que le fue restaurada sana. Antes de recibir cualquier cosa uno debe actuar como si ya la tuviera y entonces recibe.

Siempre que leo este pasaje en Marcos 3, me acuerdo de los tiempos en que yo practicaba los principios de la grandeza de la Palabra de Dios en otros países del mundo. En una ocasión en que yo estaba enseñando en Jabalpur, India, una señora que había trabajado en un servicio misionero por treinta años fue liberada por el poder de Dios de varias enfermedades que parecían incurables. Esta liberación causó tal revuelo en la ciudad de Jabalpur a la mañana siguiente que ocurrió el milagro, que cuando mi familia y yo estuvimos listos para abordar el tren y salir de Jabalpur, cientos de personas se reunieron en la estación del ferrocarril. Esta muchedumbre, que estaba compuesta de hindúes principalmente, quería que yo impusiera mis manos sobre cada uno de ellos porque pensaban que yo debía tener algún poder especial en mis manos puesto que había impuesto mis manos sobre la mujer en el día anterior. Ellos sentían que solamente conque yo impusiera mis manos sobre ellos, ellos también serían liberados. Precisamente antes de que el tren en que viajábamos saliera de la estación, un hindú de alta casta, cuyo brazo paralizado colgaba flácido a su costado, corrió hasta nuestro compartimiento del ferrocarril y me dijo: “¿Puede usted orar por mi brazo?” Sin embargo, él añadió inmediatamente: “Pero yo no creo en su Jesús”.

¿Qué hubiera hecho usted? Le pregunté si creía que Dios lo liberaría. Él dijo: “Yo creo que Dios me sanará si usted ora por mí, pero no creo en su Jesús”. Entonces, le pregunté otra vez: “¿Cree usted que Dios lo hará libre?” Y dijo: “Yo creo que Dios me sanará, pero yo no creo en su Jesús”. Puse mis manos sobre él y oré que Dios lo pusiera en libertad, en el nombre de Jesucristo. Cuando terminé le dije: “Ahora levante su brazo”. Él comenzó a levantarlo y de repente lanzó hacía arriba sus dos brazos. Él saltaba y gritaba con lágrimas corriendo por su cara. Una vez que hubo levantado un poco su brazo, se dio cuenta del milagro. Él fue liberado completamente. Para ese entonces, el tren se empezó a mover y yo dije: “Alabado sea Dios; déle gracias a Dios que usted fue sanado en el nombre de Jesucristo”.

En la siguiente parada un hombre vino a nuestro compartimiento en el tren y dijo que él representaba a su amo, quien quería venir y conocer al hombre de Dios. Dijo que su amo era fulano de tal, un miembro del parlamento de Nueva Delhi, que también viajaba en el tren. El miembro del Parlamento vino entonces a nuestro compartimiento para decirnos a mi señora y a mí que lo que él había visto en Jabalpur era el evento cristiano más tremendo que él hubiera presenciado, que un hombre de Dios bendijera a toda la gente de Dios sin considerar si fuesen cristianos o hindúes. Él nos ofreció las llaves de su ciudad y dijo que en cualquier momento que quisiéramos ir a ministrar en India, las puertas de India y del lejano Oriente estarían abiertas para que nosotros enseñásemos la precisión y la grandeza de la Palabra de Dios.

En Marcos 3, así como en Jabalpur, ambas personas tenían la promesa de Dios, los dos hombres creyeron, y cuando creyeron, actuaron; y cuando actuaron, su mano y su brazo les fueron restaurados sanos. El cómo de recibir es creer. Cuando sus necesidades y sus deseos estuvieron en balance, recibieron. Después de saber qué está disponible, cómo recibir, y qué hacer con ello, una persona entonces cree y finalmente actúa de acuerdo con su creencia en una forma positiva.

Miren el poder de creer según está definido en Efesios 1:19.
     y cuál  la  supereminente  grandeza de su poder para con nosotros los que [hacemos una cosa] creemos...

     Efesios 3:20:
     Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.

Él no sólo es poderoso para hacer cosas abundantemente, sino mucho más abundantemente. Crea y entonces reciba.

La ley de creer es la ley más grande en la Palabra de Dios. Es más, no sólo es la ley más grande en la Palabra, es la ley más grande en todo el mundo. El creer da resultado tanto a santos como a pecadores. Esta gran ley de creer se expone en Marcos 11.

     Marcos 11:12, 13:
     Al día siguiente [ésta es la última semana de la vida de Jesucristo en la tierra], cuando salieron [Jesús y sus doce apóstoles] de Betania, tuvo hambre.
     Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas fue a ver si tal vez hallaba en ella algo, pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.

Jesús fue a la higuera esperando encontrar algo en ella,  pero “...no era tiempo de higos”. ¿Quiere usted decirme que Jesús era un ignorante? ¿Iría yo a un árbol de manzanas si no fuera tiempo de manzanas? ¿Piensa usted que Jesús iría a una higuera sabiendo que no es la época correcta? ¿Cuál es la situación?

Hay dos árboles en la Biblia que son designados como árboles del pueblo: la palma de cocos y la higuera. Nunca era un robo tomar de los frutos de cualquiera de estos árboles sin importar de quién fuera la tierra en que el árbol estaba plantado. Si yo tuviera una higuera en mi patio delantero, usted podría venir y servirse del fruto del árbol en cualquier momento porque es un árbol del pueblo. En el pasaje de Marcos 11, Jesús venía de Betania a Jerusalén y tuvo hambre. Eso no quiere decir que estaba muriendo de hambre. Tuvo hambre así como a nosotros nos da hambre por un bocadillo. Quería algo para picar, un bocadillo, así que vio la higuera y se dirigió hacia ella esperando encontrar algo. No era todavía el tiempo de los higos y Jesús lo sabía. Sin embargo, al salir las hojas en esta especie de higuera, hay unos pequeños brotes que son tan dulces como caramelo. No era tiempo para los higos maduros; pero si el árbol no tenía brotes, Jesús sabía que tampoco tendría higos más tarde. Ahora miren como se desarrolla la historia.

“Entonces Jesús dijo a la higuera” --Jesús le hablaba a la higuera. ¿Se imaginan a los vecinos mirando a Jesús? ¿Se imaginan a los apóstoles rascándose la cabeza y preguntándose qué hacía Jesús hablándole a esa higuera? Observemos el pasaje.

Versículo 14:
     Entonces Jesús dijo a la higuera [Si usted quiere recibir el poder de Dios tiene que ser específico, él no dio rodeos; él le habló al árbol]: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.

Jesús y los apóstoles regresaron a Betania ese mismo día.

     Versículo 20:
     Y pasando por la mañana [al día siguiente], vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

Generalmente la muerte de un árbol se nota primero en las hojas más altas, luego en las ramas más abajo, y finalmente en las raíces. Pero este árbol murió al revés, y de la noche a la mañana.

     Marcos 11:21, 22:
     Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
     Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.

El texto “original” leía: “...Tened la fe de Dios”. Observe el versículo 23 cuidadosamente.

     Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate al mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Esta es la gran ley en la Palabra de Dios “...cualquiera...” No dice cristiano o no cristiano;  cualquiera quiere decir cualquiera. “Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare...sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”. En otras palabras: dígalo, créalo, y le será hecho.

Luego Jesús reiteró esta verdad en el versículo 24.

     Marcos 11:24:
     Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

La ley del creer es la ley más grande en la Palabra de Dios: cualquiera que lo diga, cualquiera que lo crea, actuará y recibirá.

CAPÍTULO II

QUÉ ESTÁ DISPONIBLE, CÓMO RECIBIRLO,
QUÉ HACER CON LO QUE SE RECIBE
VICTOR PAUL WIERWILLE

                                                                            -1-

Para poder hacer conexión con los recursos del poder de Dios, uno debe conocer antes que nada qué está y qué no está disponible de parte de Dios. Hay algunas cosas que no están disponibles hoy en día; y si estas cosas no están disponibles, podemos orar hasta agotarnos y aún así no recibiremos respuesta a nuestras oraciones. Si queremos hacer conexión efectivamente con los recursos para la vida abundante tenemos que averiguar lo que está disponible para nosotros, lo que Dios nos ha prometido. Nosotros aplicamos constantemente este principio en el mundo secular. Tomemos, por ejemplo, este libro que usted lee. ¿Lo hubiera podido obtener usted si no hubiera estado disponible? Ciertamente que no. Espiritualmente también ocurre lo mismo. Tenemos que averiguar en la Palabra de Dios lo que está disponible.

Como un ejemplo de lo que está disponible, 3 Juan 2 nos dice lo que Dios desea para nosotros:

     “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”

La voluntad de Dios es que nosotros seamos prosperados. Él nunca quiso que el cristiano fuese abatido por la pobreza y pisoteado en ningún aspecto de su vida. Él quiso que el creyente cristiano prosperase. Más aun, la voluntad de Dios para todo creyente es que “tengas [buena] salud, así como prospera tu alma”. Dios nunca quiso que el creyente cristiano estuviese enfermo; la enfermedad nunca glorifica a Dios. Él nunca quiso que el creyente cristiano estuviese lleno de frustraciones, temores y ansiedades. Dios quiso que nosotros seamos prosperados y que tengamos salud. Puesto que la Palabra de Dios es la Voluntad de Dios, el ser prosperados y tener buena salud tiene que estar disponible.

Revisemos otros ejemplos de lo que está disponible.

     Filipenses 4:19:
     Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en Cristo Jesús.

La voluntad de Dios es suplir todo lo que nos falta, nuestras necesidades. No dice: “lo que es objeto de vuestra avaricia”, Si Dios va a suplir todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria, tiene que haber una provisión disponible para satisfacer nuestras necesidades. Si la provisión no está disponible, entonces Él no puede satisfacerlas.

Observen en 2 Corintios 9:8:
     Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

¿Cómo vamos a tener todo lo suficiente en todas las cosas si esto no es accesible para nosotros?

Revise Romanos 8:37, otro pasaje maravilloso en la Palabra de Dios que nos muestra algunas de las cosas que deben estar disponibles.
           
...en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Si nosotros vamos a ser más que vencedores en toda situación, esto tiene que ser posible. ¿Cómo podría yo ser más que vencedor si el poder no estuviese disponible?

Lea Efesios 3, comenzando con el versículo 16.
     para que [Dios] os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.

¿Cómo voy a ser fortalecido con poder en el hombre interior por Su Espíritu si no es posible?

     Efesios 3:17-19:
     para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
     seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
     y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

“Para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. ¿Cómo voy a ser lleno de toda la plenitud de Dios si no está disponible?

¿Cómo voy a poder aplicar los principios de la Palabra de Dios y encontrar lo que Dios quiere que yo haga si no conozco las promesas en Su Palabra?

Lo primero que tenemos que encontrar, en nuestra búsqueda para hacer conexión con los recursos para la vida abundante, es qué está disponible. Hay cientos de promesas distintas en la Palabra de Dios que nos capacitarán para prosperar y para estar en buena salud. Uno no puede utilizar, uno no puede operar, nada más que aquellas promesas que conoce. ¿Cuántas conoce usted?

Sólo hay un lugar posible donde podemos ir para averiguar lo que Dios tiene disponible para nosotros: tenemos que acudir a la Palabra de Dios.

Muchas veces las cosas que la gente ha dicho que Dios hace, Su Palabra dice justamente lo contrario; cosas que ellos dicen que Él no hace, Él declara en Su Palabra que Él sí las hace. En este libro, Poder para la vida abundante, asegurémonos en nuestra búsqueda bíblica de la vida abundante, que primeramente averigüemos lo que está disponible de modo que nosotros, como pueblo de Dios, no seamos destruidos por falta de conocimiento. Cuando sabemos qué está disponible, entonces podemos aprender los otros principios que están involucrados en hacer nuestra vida más abundante de modo que podamos manifestar la grandeza del poder de Dios.

                                                                      -2-

Cuando yo era un muchacho, mi madre me decía los sábados en la noche antes de que yo fuera al pueblo: “Pórtate bien”: Esta advertencia en realidad nunca me ayudó porque uno no puede hacer que un muchacho se porte bien diciéndole que se porte bien. Muy pocas veces la gente lee la Palabra de Dios porque se les dice que la tienen que leer. La gente nunca hace conexión con los recursos de la oración porque se les dice que deben orar. Yo no le digo a usted que usted debe leer la Biblia; yo le enseño a usted cómo leerla. Yo no le digo que usted  debe orar; yo le digo cómo orar. Yo no le digo que usted tiene que creer; yo le enseño cómo creer.

Es importante que sepamos cómo. Desde pequeños se nos ha enseñado como recibir cosas materiales. Si no se nos hubiera enseñado cómo recibir un objeto material, este libro podría estar disponible, pero no sabríamos cómo hacer para tomarlo o recibirlo. De igual modo es con la Palabra de Dios. Las cosas espirituales pueden ser recibidas según los mismos principios mediante los cuales recibimos este libro en el plano natural o material. En este libro no sólo buscamos lo que está disponible de parte de Dios sino que también descubrimos cómo recibir aquello que está disponible.

Por muchos años yo me moví entre grupos en los que oía constantemente a gente que predicaba pecado, condenación, fuego infernal y otros temas negativos. Estos ministros, bien intencionados, no le decían a la gente cómo librarse del pecado, ellos sólo decían que el pecado era malo. Decirle a alguien que algo es malo no le ayuda a superarlo. Yo aprendí esa lección en una forma dura.

En el pueblo de mi segunda congregación vivía un hombre que era alcohólico. Por cerca de dos años muchos de nosotros habíamos orado para que este hombre viniera a la iglesia de modo que pudiese oír el sermón que yo había preparado sobre los abusos del alcohol. Por fin, un domingo en la mañana, cuando yo menos lo esperaba, él vino y se sentó en el último banco. Mientras yo caminaba hacia el púlpito, habiendo apenas notado su presencia, yo me decía: “Bueno, bueno...aquí está él esta mañana”. Yo puse a un lado el sermón de esa mañana y fui a los archivos de mi mente y saqué el sermón que había preparado sobre el abuso y el pecado de beber en exceso. Prediqué con toda la fuerza que tenía. Al terminar, me di palmadas en la espalda por haber predicado contra la bebida con tanto celo que pensé que Dios tendría que mover a alguien en el plano espiritual y darme a mi un lugar especial en el cielo.

Caminé desde el púlpito al vestíbulo de la iglesia donde el ministro le da la mano a la gente a medida que ellos salen del santuario. Cuando este pobre alcohólico pasó por la línea de dar la mano, él tenía lágrimas en sus ojos. Me dio débilmente la mano y dijo: “Yo vine a la iglesia esta mañana para averiguar cómo salir de aquello en que estoy, pero todo lo que usted hizo fue hundirme más profundo”. Él exclamó: “Si quiere saber sobre alcoholismo, le puedo decir más de lo que usted jamás podrá saber”. Aquella respuesta me partió el alma. Yo pensaba que había predicado un sermón tremendo. Pero este hombre salió diciendo que había venido confiando en que tal vez yo le diría cómo salir del dilema en que estaba; en vez de esto, simplemente le había dicho menos de lo que él ya conocía.

Dejé de dar la mano y regresé a mi oficina donde me arrodillé a orar junto a mi silla en la oficina. Yo casi nunca me arrodillo cuando oro, pero de alguna forma esa mañana caí de rodillas junto a mi silla y le pedí a Dios que me perdonase. Yo le prometí al Padre que si Él me perdonaba, nunca predicaría un sermón negativo mientras viviera, nunca condenaría a nadie. ¿Por qué? Yo le quiero enseñar a la gente cómo hacer conexión con los recursos para una vida abundante, no una vida menos abundante.

No puedo remediar lo que la gente ha sido en el pasado; todo lo que puedo hacer es enseñar que lo que ellos fueron en el pasado puede ser perdonado y olvidado y que pueden seguir adelante con la grandeza del poder de Dios. Por esto es que nosotros no sólo debemos conocer lo que está disponible si es que vamos a vivir la vida abundante, sino que también debemos saber cómo recibir las cosas espirituales de Dios. Después de haber recibido de Dios, en tercer lugar, debemos saber qué hacer con estas cosas espirituales.

                                                                   -3-

Primero: Qué está disponible; segundo: cómo recibir; y tercero: qué hacer con ello después de haber recibido. Por ejemplo, aquí está este libro. Está disponible y yo sé cómo recibirlo, pero a menos que sepa qué hacer con él después de haberlo recibido, no lo puedo utilizar para el propósito para el cual fue diseñado. Yo sabía que el libro estaba disponible; sabía como recibirlo; pero si luego lo usara como una azada de jardín, no me serviría muy bien, ¿verdad? El libro no está diseñado para eso. Este libro fue diseñado para lectura. En el plano espiritual nosotros debemos saber qué hacer después de haber recibido lo que está disponible. Hay gente que sabe qué está disponible, y que sabe cómo recibir algo; pero cuando llega el momento de saber qué hacer con ello después de tenerlo, están totalmente desorientados, y especialmente en el tema del Espíritu Santo. Para encontrar el uso debido debemos, otra vez, ir a la Palabra de Dios.
Yo creo que la Palabra de Dios es la Voluntad de Dios, y que si vamos a conocer la voluntad de Dios tenemos que volver a la Palabra de  Dios. Uno no puede escuchar al hombre en la calle. Él dice: “Bueno, ésta es la voluntad de Dios”. Él puede estar en lo cierto o puede estar equivocado. Usted y yo podemos tener precisión y estar seguros solamente si acudimos a la Palabra de Dios. Nadie puede conocer la voluntad de Dios sin conocer la Palabra de Dios. La Biblia es la Palabra revelada de Dios. Esta Palabra de Dios quiere decir lo que dice y dice lo que quiere decir, y Dios tiene un propósito para todo lo que Él dice, dónde lo dice, por qué lo dice, cómo lo dice, cuándo lo dice, y a quién se lo dice.

Si vamos a hacer conexión con los recursos para la vida abundante, no solamente debemos saber qué está disponible, cómo recibirlo y qué hacer con ello, sino que también debemos poner nuestras necesidades y nuestros deseos paralelos. Si nuestras necesidades son livianas y nuestros deseos pesados, no estamos balanceados. Si nuestros deseos son livianos y nuestras necesidades pesadas, nunca obtendremos una respuesta. Cuando creemos, nosotros obtenemos resultados en oración si nuestras necesidades y deseos son iguales.

Miren en Mateo 18:19:
     ...si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi  Padre que está en los cielos.

En el texto griego las palabras “se pusieren de acuerdo” es “sinfonizar”. Si las dos personas se ponen de acuerdo, ellas están en armonía, ellos tienen sus necesidades y deseos paralelos porque “les será hecho”.

Juan 14:13 es otra tremenda verdad:
     Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Todo lo que pedimos en nombre de Jesús, teniendo nuestras necesidades y deseos paralelos, Él lo va a hacer.

En Juan 15:16 hay otra promesa maravillosa.

     No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé.

Si nosotros sabemos qué está disponible, cómo recibirlo, qué hacer con ello, y tenemos nuestras necesidades y deseos paralelos, entonces todo lo que pidiéramos será hecho para nosotros.

Hay otra promesa en 1 Juan 5:14:
     Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye.

Si nosotros tenemos nuestras necesidades y deseos paralelos, podemos pedir cualquier cosa conforme a Su Voluntad. ¿Cómo podemos conocer Su Voluntad sin conocer Su Palabra? Su Palabra es Su Voluntad.

Otra gran verdad es que la capacidad de Dios siempre es igual a Su buena Voluntad. Mucha gente dice que Dios está dispuesto a hacer algo, pero no puede; otros dicen que Él puede pero no lo quiere hacer. Esto puede ser verdad en el hombre, pero no en Dios. Un hombre puede tener la capacidad y no tener la buena voluntad, o tener la buena voluntad y no la capacidad. Por ejemplo, digamos que estoy parado a un lado de la carretera con una llanta baja y necesito un gato mecánico; usted viene por la carretera, se detiene y dice: “Hola, ¿en qué puedo ayudarle?” Y yo digo: “Bueno, necesito un gato”. Pero usted tampoco tiene un gato. Usted está dispuesto a ayudarme, pero no tiene la capacidad. Por otro lado, digamos que usted viene por la carretera y sí tiene un gato pero no quiere permitirme que lo use; entonces usted tiene la capacidad, pero no tiene la buena voluntad. Esto nunca es cierto con Dios. La capacidad de Dios es siempre igual a Su buena voluntad; ellas siempre están en armonía. Lo que Dios puede hacer, Él está deseoso de hacer y lo que Él desea hacer, Él puede hacer.

Miremos en Romanos 4:20, 21:

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios...
     plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.

La capacidad de Dios siempre es igual a Su buena Voluntad.

Números 23:19 contiene un frase que yo quiero señalar. “Dios no es hombre, para que mienta...” Las promesas de Dios siempre son verdaderas y dignas de confianza.

En Romanos 11:29 nosotros leemos de lo permanente que son los dones de Dios.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Cuando Dios da algo, estos dones y llamamientos siempre son irrevocables. Dios no los retira ni quita. Lo que sea que Dios haya prometido, eso Él lo cumplirá, eso será respetado por Dios cuando hombres y mujeres crean en la maravillosa e incomparable Palabra de Dios.

Yo quiero dar un ejemplo más para  ilustrar que la capacidad de Dios es igual a su buena Voluntad.

     Hebreos 11:11:
     Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.

Sara dio a luz a este hijo debido a las promesas que Dios había hecho muchos años antes “porque creyó que era fiel quien lo había prometido”. ¿Quién lo había prometido? Dios. Lo que Dios prometió Él lo cumplió cuando Sara creyó. Así también, lo que Dios promete en su Palabra, Él lo honrará cuando nosotros creamos.

Si vamos a hacer conexión con los recursos para la vida abundante, tenemos que ir a la Palabra para averiguar lo que está disponible, cómo recibirlo y qué hacer con ello después de que lo tenemos. Vamos a mantener nuestras necesidades y nuestros deseos en balance, reconociendo que Dios no sólo es capaz sino que también es deseoso de cumplir cada promesa presentada en Su Palabra.




CAPÍTULO I 

                                       LA  FUENTE  DE  AGUA  VIVA 

                                       VICTOR PAUL WIERWILLE





La clave primera y más básica para el poder para la vida abundante es que la Biblia es la Palabra y la Voluntad reveladas de Dios. Esta clave es el secreto más grande en el mundo hoy día. Es un secreto no porque Dios lo esté guardando para Sí Mismo; es un secreto porque la gente no ha creído. La mayoría de la gente no cree que la Biblia es la Palabra y la Voluntad reveladas de Dios. Ellos extraen un segmento de la Palabra de Dios e insertan otro. Pero para ser lógicos y consistentes, o la Biblia entera es la Palabra de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis, o no es la Palabra de Dios en ninguna parte. Saber que la Palabra de Dios es la Voluntad de Dios es el primer paso en nuestra búsqueda de poder para una vida abundante.

     Jeremías 2:13 dice:
     Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

¿A quién le está hablando Dios? Él dice “mi pueblo”. Él no está hablándole a gente que está fuera de Su rebaño; Él esta hablándole a aquéllos dentro del corral cuando dice “dos   males ha hecho mi pueblo: [primero] me dejaron a mí, fuente de agua viva...” Dios es una fuente, opuestamente a cisternas, las cuales pertenecen a la gente.

Una fuente tiene un suministro ilimitado de agua. Cuando la gente deja a Dios, quien es una fuente, ellos cavan para sí mismos cisternas, las cuales son hechas por el hombre y sólo tienen capacidad para una cantidad limitada. Si la cisterna es de cincuenta barriles de capacidad, entonces cincuenta barriles es el máximo suministro que una persona puede obtener de ella. Cuando la gente deja a Dios, la fuente de agua viva, ellos cavan para sí mismos, no fuentes, sino cisternas. Además, esas cisternas están rotas; dejando escapar siempre sus limitados suministros.

Yo también fui como una cisterna rota en un momento de mi vida. También había cavado para mí mismo un sistema teológico supuestamente válido. Yo había leído esto, había leído aquello, había concluido esto, había concluido aquello; pero justamente cuando necesitaba poder, no tenía las fuentes necesarias. Cuando necesitaba el suministro ilimitado de agua viva, todo lo que tenía era un hueco vacío. Este dilema es lo que me trajo a los años de investigación bíblica. La búsqueda de una solución a mi cisterna vacía incitó mi comienzo en el campo bíblico.

¿Se ha preguntado usted alguna vez, o ha considerado cuál es el pecado  más grande que usted puede cometer? Si usted le preguntara a los residentes de su comunidad, ¿sabe lo que ellos dirían? Una persona diría que el pecado más grande es el asesinato; otro diría que es el adulterio; otro diría que es otra cosa. Usted obtendría una multiplicidad de respuestas con respecto al pecado más grande.
¿Qué dice la Palabra de Dios respecto a esta pregunta? Mateo 22 nos lo dice.


     Mateo 22: 37, 38:
     Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento.

Si ese es el primero y grande mandamiento, entonces ¿cuál es el primero y grande pecado? Por simple lógica es quebrantar el primero y grande mandamiento, es decir, no amar a Dios, amar algo más de lo que amamos a Dios, o poner algo por encima de Dios, cavando nuestros propios sistemas religiosos, nuestras propias ideologías, nuestros propios patrones de pensamiento; en lugar de adherirnos a la revelación divina de la incomparable y maravillosa Palabra de Dios.
Observen en:

     Óseas 4:6:
     Mi Pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento...

Nuevamente Dios le está hablando a Su pueblo cuando Él dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Esta falta de conocimiento no es en las ciencias, filosofía, periódicos o respecto a la última película. Si el pueblo de Dios es destruido hoy en día, sólo hay una razón: una falta de conocimiento de la Palabra de Dios. Esta falta de conocimiento de la integridad y grandeza de la Palabra de Dios, que la Palabra revelada de Dios es la Voluntad de Dios, es la razón por la cual Su pueblo es destruido.

Muchas veces la gente me dice en mis clases sobre Poder Para la Vida Abundante: “Dr. Wierwille, usted de veras se emociona por su investigación bíblica”. Claro que sí; ¿por qué no debería yo entusiasmarme con la grandeza de la Palabra de Dios y su mensaje de recursos ilimitados? Cuando yo jugaba baloncesto, estaba totalmente envuelto y entusiasmado por el juego. Llegué a tomarlo muy en serio y a tener un fervor tremendo por ese deporte. ¿Por qué no tener un tremendo fervor por la grandeza de la Palabra de Dios, la cual es mucho más duradera y rinde mayores beneficios? A un hombre se le admira por ser un fanático del fútbol o del baloncesto; pero cuando él se atreve a emocionarse por la grandeza de la Palabra de Dios, la gente piensa que a este fanático de la Biblia le “falta un tornillo”. Con toda seguridad algo debe andar mal con nuestra escala de valores. La Palabra de Dios es tan tremenda, tan maravillosa, tan rica, que cuando Jesucristo dijo que él vino para que tengamos vida, y para que la tengamos en abundancia, nosotros deberíamos, naturalmente, responder con entusiasmo. No sólo necesitamos tener un conocimiento de la integridad y exactitud de la Palabra de Dios, sino que también debemos tener el fervor, la creencia entusiasta, el sumo interés de manera que otros hombres y mujeres puedan saber que la Palabra de Dios es la Voluntad de Dios.